Si yo fuera capaz de comprender que mi pasado ya no existe, aunque yo le dé muchísima importancia a todas las cosas negativas que me han ocurrido.
Si yo fuera capaz de comprender que mis faltas a la caridad del pasado terminan por romper algo en mi que se sana con el perdón.
Si yo fuera capaz de comprender que conformar mis actos a la voluntad de Dios es atesorar tesoros en el cielo.
Si yo fuera capaz de comprender que la misericordia de Dios llega infinitamente más allá que mi mezquindad humana.
Si yo fuera capaz de comprender que el mayor acto de amor de Dios por mí es el de haberme creado libre, aun cuando eso me pudiera apartar de Él.
Si yo fuera capaz de comprender que Dios me ha creado libre para que pueda amar auténticamente, sin falsedad.
Si yo fuera capaz de comprender que no puedo entender la mente de Dios porque sólo soy una criatura.
Si yo fuera capaz de comprender que amar es sanar heridas.
Si yo fuera capaz de comprender que cada día que veo amanecer es un puro regalo de Dios.
Si yo fuera capaz de comprender que para amar basta con tomar la decisión de hacerlo.
Si yo fuera capaz de comprender que nada me aprovechan los juicios que hago de los demás.
Si yo fuera capaz de comprender que Dios está dispuesto a perdonarme siempre que yo acepte su perdón, sin reproches.
Si yo fuera capaz de comprender que el silencio de Dios es un voto de confianza en mi.
Si yo fuera capaz de comprender que yo me destruyo más si no doy amor que si no recibo amor.
Si yo fuera capaz de comprender que Dios tiene un plan para mí aunque yo no lo vea o lo sienta.
Si yo fuera capaz de comprender que Jesús no es una idea, sino que es una persona viva y me escucha en el fondo de mi corazón.
Ay, si yo fuera capaz de comprender esto... entendería todo lo demás.
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10 consejos para perder la fe
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domingo, 7 de abril de 2013
lunes, 11 de marzo de 2013
Carpe diem
Algo sabemos cierto en nuestra vida, y es que habremos de morir. Muchas personas, ante esta certeza, el primer principio que se les viene a la cabeza es: "carpe diem" (aprovecha el día, disfruta del tiempo).
No importan los días que nos queden de vida, debemos de llenar nuestros estómagos y satisfacer todos nuestros placeres porque esta es la manera en la que llenaremos de sentido nuestras vidas.
Somos una especie de tren cuyas vías terminan en un precipicio y que no podemos detener, por lo que sabemos que caeremos por él tarde o temprano. Por lo tanto, debemos disfrutar de todo lo que el tren nos ofrece antes de que llegue ese momento, aunque eso nos lleve a una autodestrucción.
Sin embargo, Jesús nos ofrece una alternativa. Esta vida es apreciable, es digna, tenemos que vivirla y disfrutarla pero sin olvidar que la parte más importante y principal de toda ella se desenvolverá una vez traspasemos ese umbral.
A este lado del umbral somos aprendices del amor; a aquél lado seremos maestros en el amor, según hayamos aprovechado o no nuestro aprendizaje.
Jesús nos dice: "carpe diem, sí, ... pero para amar".
Llenar el estómago, emborracharse, drogarse, enviciarse en todos los placeres te lleva a un carpe-diem de autoaniquilación añadida al final natural.
Pero muchos se olvidan que nuestro ser no se caracteriza por tener un estómago, sino por tener un corazón. No somos "estómago", pero sí somos "amor".
¿Por qué decimos que el amor reside o se asocia al corazón, si este órgano no es más que un músculo? ¿Por qué no asociamos el amor con el bíceps o el cuádriceps?
Porque sin el corazón, no podemos vivir, de igual manera que sin amor no podemos existir.
El amor es la esencia de nuestras vidas, porque provenimos de la esencia del amor que es Dios y Él nos ha hecho partícipes de su esencia y naturaleza de esta manera.
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La 'perra' buena voluntad
¿Qué hacer con los hijos cuando los padres se separan?
El otero de Dios
El retrato de nuestra alma
No importan los días que nos queden de vida, debemos de llenar nuestros estómagos y satisfacer todos nuestros placeres porque esta es la manera en la que llenaremos de sentido nuestras vidas.
Somos una especie de tren cuyas vías terminan en un precipicio y que no podemos detener, por lo que sabemos que caeremos por él tarde o temprano. Por lo tanto, debemos disfrutar de todo lo que el tren nos ofrece antes de que llegue ese momento, aunque eso nos lleve a una autodestrucción.
Sin embargo, Jesús nos ofrece una alternativa. Esta vida es apreciable, es digna, tenemos que vivirla y disfrutarla pero sin olvidar que la parte más importante y principal de toda ella se desenvolverá una vez traspasemos ese umbral.
A este lado del umbral somos aprendices del amor; a aquél lado seremos maestros en el amor, según hayamos aprovechado o no nuestro aprendizaje.
Jesús nos dice: "carpe diem, sí, ... pero para amar".
Llenar el estómago, emborracharse, drogarse, enviciarse en todos los placeres te lleva a un carpe-diem de autoaniquilación añadida al final natural.
Pero muchos se olvidan que nuestro ser no se caracteriza por tener un estómago, sino por tener un corazón. No somos "estómago", pero sí somos "amor".
¿Por qué decimos que el amor reside o se asocia al corazón, si este órgano no es más que un músculo? ¿Por qué no asociamos el amor con el bíceps o el cuádriceps?
Porque sin el corazón, no podemos vivir, de igual manera que sin amor no podemos existir.
El amor es la esencia de nuestras vidas, porque provenimos de la esencia del amor que es Dios y Él nos ha hecho partícipes de su esencia y naturaleza de esta manera.
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¿Qué hacer con los hijos cuando los padres se separan?
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lunes, 23 de julio de 2012
¿Qué hacer con los hijos cuando los padres se separan o se divorcian?
Me atrevería a decir que esta es una de las situaciones más estresantes y difíciles de superar para los hijos, debido también a la frecuencia con la que se dan estos casos en la vida de hoy.
Y también es una de las circunstancias que más les afectan y les repercute en su modo de enfrentarse a la vida y a su propio crecimiento.
Por ello, los padres que pasan por el trance de separarse o de divorciarse deben prestar extraordinario cuidado con la situación de sus hijos.
Conocemos muchos casos de este tipo y nos atrevemos a hacer unas reflexiones basándonos en lo que hemos visto, de manera reiterada, en la inmensa mayoría de ellos:
1.- Los hijos son la parte más vulnerable de una separación o un divorcio. En estas situaciones aparecen entre dos personas los argumentos y las circunstancias más afiladas y punzantes que pueda uno imaginar. No los vuelvas hacia ellos, no los utilices como arma arrojadiza en vuestros asuntos.
2.- Los niños necesitan sentirse queridos, este es un alimento esencial para el crecimiento sano. Esta es la tarea principal de ser padres, la de ser vehículos y transmisores del amor de Dios. Convierte esta tarea en el centro de tu nueva vida. No veas a tus hijos como parte de un pasado a superar.
3.- Me dices que tienes derecho a rehacer tu vida, a ser feliz, a empezar de nuevo. ¿Has pensado mejor esto?: tienes la obligación de "hacer" la vida de tus hijos; tienes la obligación de hacer felices a tus hijos; tienes la obligación de estar ahí cuando tus hijos "comiencen" sus vidas. Y todo esto por encima de tus necesidades particulares. Ánimo que no es difícil: son tus hijos, ¿no lo harás por ellos?.
4.- No conviertas a tus hijos en un pozo de contemplaciones sin fin. Es fundamental que vosotros, sus padres, trabajéis conjuntamente por su felicidad, no ofreciéndoles caprichos cada vez mayores, "los tuyos sobre los míos". Utilizar los regalos como una espiral de chantajes emocionales, las vacaciones, etc. conduce a un precipicio educativo.
5.- Los hijos de padres separados o divorciados (aunque no sólo ellos) pasan mucho tiempo solos en sus casas. Esto es terrible. La consecuencia inmediata es la ociosidad, las distracciones inoportunas e innecesarias, los vicios que las acompañan, la falta de aprovechamiento en los estudios, la relación indiscriminada con otros amigos por el mero hecho de estar aburridos. Piensa en cómo puedes mejorar o cambiar esto. La labor callada de unos abuelos o de otras personas cercanas es impagable.
6.- Si te has separado o divorciado, eso no quiere decir que hayas renunciado a los valores fundamentales de la sociedad según Dios. Resiste la tentación de complacer a tus hijos en todos los errores de la vida moderna, pensando en que si lo haces, contribuirás a su felicidad (maltrecha por la separación): salidas sin límite, compras compulsivas, móviles que no necesitan, internet indiscriminado, relación con cualquier tipo de personas que se encuentren en las calles.
7.- No pretendas forzar su crecimiento porque a tí te convenga. Pasas por una situación difícil en tu vida y piensas que si tus hijos se hacen mayores pronto, todo mejorará. Pero esto perjudicará tremendamente a tus hijos, porque los habrás sometido a un desarrollo forzado para el que no van a estar preparados. No precipites las etapas de crecimiento.
8.- Imagínate que te obligaran a cambiar de piso cada semana y estuvieras constantemente de un lado para otro. O que te cambiaran de centro de trabajo continuamente, que tu entorno más próximo termine por ser algo lejano porque siempre está cambiando. ¿Por qué lo haces con tus hijos? Cuando la convivencia es imposible, tenemos que darle una solución, claro está. Pero siempre que se pueda, el niño debe mantener su rutina diaria como parte esencial de su vida. Si hoy no encuentras la manera de hacerlo, piensa en cómo lo puedes conseguir el día de mañana.
9.- "Manolo, estás siendo muy exigente conmigo y me pides unas cosas casi irrealizables. Parece que no conoces el mundo de hoy...".
Te contesto: estando vivo y feliz tu matrimonio, si tu hijo hubiera necesitado un riñón tuyo, ¿se lo habrías dado? Seguro que sí. ¿Y si hubiera necesitado tu vida para que él siguiera viviendo, se la habrías dado? Sin pensarlo...
Ahora él necesita otros sacrificios tuyos, ¿se los negarás?. No son cosas fáciles de hacer, como tampoco lo es renunciar a un riñón que puede servirte a tí. ¿Entonces ...?
Muchas personas tratan el tema de los hijos como un capítulo más de un largo documento de acuerdo matrimonial. Trabaja para que esto no sea así. Los hijos son algo central en vuestras vidas.
10.- Benedicto XVI nos ilumina siempre con su doctrina: los divorciados vueltos a casar no están marginados de la Iglesia, sino que pueden vivir su fe plenamente, aunque no puedan acercarse a recibir los sacramentos. Se participa en la Eucaristía si realmente se entra en comunión con el Cuerpo de Cristo. Si la Iglesia te acoge aún en esta situación tan difícil, no pienses que todo está perdido y lleva a tus hijos a Misa, porque Dios no os ha abandonado ni tú le has abandonado a Él.
Qué palabras tan consoladoras las de nuestro Santo Padre.
Cada pareja es un mundo. Es cierto. Y como todo esto depende de la voluntad de dos (no sólo de la mía), muchas de estas cosas son irrealizables porque la otra persona no está en sintonía mental y espiritual conmigo, con lo que yo pienso. Desgraciadamente, es así. ¿Qué puedo hacer?. 1) Haz lo que esté en tu mano, todo lo que puedas hacer. 2) Arrodíllate ante Dios y confía en Él. Sí, no basta la mera pasividad, creer que si yo hago lo que puedo, ya lo he hecho todo. No. Confía en Él, pon esto en sus manos, haz lo que puedas y lánzale la pelota al tejado de Dios, con humildad y amor. Él la recibirá con gusto, porque quiere ayudarte.
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¿Qué podemos hacer por nuestros hijos?
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¿Qué hacer cuando tenemos sequedad de espíritu?
Y también es una de las circunstancias que más les afectan y les repercute en su modo de enfrentarse a la vida y a su propio crecimiento.
Por ello, los padres que pasan por el trance de separarse o de divorciarse deben prestar extraordinario cuidado con la situación de sus hijos.
Conocemos muchos casos de este tipo y nos atrevemos a hacer unas reflexiones basándonos en lo que hemos visto, de manera reiterada, en la inmensa mayoría de ellos:
1.- Los hijos son la parte más vulnerable de una separación o un divorcio. En estas situaciones aparecen entre dos personas los argumentos y las circunstancias más afiladas y punzantes que pueda uno imaginar. No los vuelvas hacia ellos, no los utilices como arma arrojadiza en vuestros asuntos.
2.- Los niños necesitan sentirse queridos, este es un alimento esencial para el crecimiento sano. Esta es la tarea principal de ser padres, la de ser vehículos y transmisores del amor de Dios. Convierte esta tarea en el centro de tu nueva vida. No veas a tus hijos como parte de un pasado a superar.
3.- Me dices que tienes derecho a rehacer tu vida, a ser feliz, a empezar de nuevo. ¿Has pensado mejor esto?: tienes la obligación de "hacer" la vida de tus hijos; tienes la obligación de hacer felices a tus hijos; tienes la obligación de estar ahí cuando tus hijos "comiencen" sus vidas. Y todo esto por encima de tus necesidades particulares. Ánimo que no es difícil: son tus hijos, ¿no lo harás por ellos?.
4.- No conviertas a tus hijos en un pozo de contemplaciones sin fin. Es fundamental que vosotros, sus padres, trabajéis conjuntamente por su felicidad, no ofreciéndoles caprichos cada vez mayores, "los tuyos sobre los míos". Utilizar los regalos como una espiral de chantajes emocionales, las vacaciones, etc. conduce a un precipicio educativo.
5.- Los hijos de padres separados o divorciados (aunque no sólo ellos) pasan mucho tiempo solos en sus casas. Esto es terrible. La consecuencia inmediata es la ociosidad, las distracciones inoportunas e innecesarias, los vicios que las acompañan, la falta de aprovechamiento en los estudios, la relación indiscriminada con otros amigos por el mero hecho de estar aburridos. Piensa en cómo puedes mejorar o cambiar esto. La labor callada de unos abuelos o de otras personas cercanas es impagable.
6.- Si te has separado o divorciado, eso no quiere decir que hayas renunciado a los valores fundamentales de la sociedad según Dios. Resiste la tentación de complacer a tus hijos en todos los errores de la vida moderna, pensando en que si lo haces, contribuirás a su felicidad (maltrecha por la separación): salidas sin límite, compras compulsivas, móviles que no necesitan, internet indiscriminado, relación con cualquier tipo de personas que se encuentren en las calles.
7.- No pretendas forzar su crecimiento porque a tí te convenga. Pasas por una situación difícil en tu vida y piensas que si tus hijos se hacen mayores pronto, todo mejorará. Pero esto perjudicará tremendamente a tus hijos, porque los habrás sometido a un desarrollo forzado para el que no van a estar preparados. No precipites las etapas de crecimiento.
8.- Imagínate que te obligaran a cambiar de piso cada semana y estuvieras constantemente de un lado para otro. O que te cambiaran de centro de trabajo continuamente, que tu entorno más próximo termine por ser algo lejano porque siempre está cambiando. ¿Por qué lo haces con tus hijos? Cuando la convivencia es imposible, tenemos que darle una solución, claro está. Pero siempre que se pueda, el niño debe mantener su rutina diaria como parte esencial de su vida. Si hoy no encuentras la manera de hacerlo, piensa en cómo lo puedes conseguir el día de mañana.
9.- "Manolo, estás siendo muy exigente conmigo y me pides unas cosas casi irrealizables. Parece que no conoces el mundo de hoy...".
Te contesto: estando vivo y feliz tu matrimonio, si tu hijo hubiera necesitado un riñón tuyo, ¿se lo habrías dado? Seguro que sí. ¿Y si hubiera necesitado tu vida para que él siguiera viviendo, se la habrías dado? Sin pensarlo...
Ahora él necesita otros sacrificios tuyos, ¿se los negarás?. No son cosas fáciles de hacer, como tampoco lo es renunciar a un riñón que puede servirte a tí. ¿Entonces ...?
Muchas personas tratan el tema de los hijos como un capítulo más de un largo documento de acuerdo matrimonial. Trabaja para que esto no sea así. Los hijos son algo central en vuestras vidas.
10.- Benedicto XVI nos ilumina siempre con su doctrina: los divorciados vueltos a casar no están marginados de la Iglesia, sino que pueden vivir su fe plenamente, aunque no puedan acercarse a recibir los sacramentos. Se participa en la Eucaristía si realmente se entra en comunión con el Cuerpo de Cristo. Si la Iglesia te acoge aún en esta situación tan difícil, no pienses que todo está perdido y lleva a tus hijos a Misa, porque Dios no os ha abandonado ni tú le has abandonado a Él.
Qué palabras tan consoladoras las de nuestro Santo Padre.
Cada pareja es un mundo. Es cierto. Y como todo esto depende de la voluntad de dos (no sólo de la mía), muchas de estas cosas son irrealizables porque la otra persona no está en sintonía mental y espiritual conmigo, con lo que yo pienso. Desgraciadamente, es así. ¿Qué puedo hacer?. 1) Haz lo que esté en tu mano, todo lo que puedas hacer. 2) Arrodíllate ante Dios y confía en Él. Sí, no basta la mera pasividad, creer que si yo hago lo que puedo, ya lo he hecho todo. No. Confía en Él, pon esto en sus manos, haz lo que puedas y lánzale la pelota al tejado de Dios, con humildad y amor. Él la recibirá con gusto, porque quiere ayudarte.
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jueves, 19 de julio de 2012
El nombre de una calle
En mi ciudad, cerca de donde yo nací, hay una calle con un nombre muy especial. Hasta el s. XIX existió en esa calle un hospital con el mismo nombre y por el que hoy se llama así.
Nombres religiosos en nuestras calles no faltan: de Jesús, muchos con advocaciones de la Virgen María y otros muchos también con nombres de santos. Otros verdaderamente ridiculizan y denigran el callejero, pero en la Historia el balance creo es positivo para la fe.
A pesar de todos esos nombres que nos recuerdan constantemente los valores de nuestra fe católica, el nombre de la calle que traigo hoy a colación destaca entre todos ellos.
Cuando yo era pequeño para mí era un nombre más que repetía o mencionaba sin caer en la cuenta de lo que decía o significaba. Al hacerme mayor, tomé conciencia de ese nombre y cada vez que hoy paso por ella no dejo de evocar lo que el nombre en sí representa, el núcleo verdadero de nuestra existencia.
Probablemente en cada ciudad nuestra haya nombres de calles o lugares verdaderamente significativos para la fe, de los que os enorgullecéis y sentís contentos. Os invito a que los compartáis con nosotros en los comentarios de este artículo.
Incluso puede que haya otras calles u otros lugares con el mismo nombre.
Hoy le dedico esta reflexión para compartir con todos el mensaje que contiene. La calle, casi mi calle, se llama:
Enlaces relacionados:
¿Por qué ayunar?
¿Cómo amo?
Los regalos misteriosos de Dios
Nombres religiosos en nuestras calles no faltan: de Jesús, muchos con advocaciones de la Virgen María y otros muchos también con nombres de santos. Otros verdaderamente ridiculizan y denigran el callejero, pero en la Historia el balance creo es positivo para la fe.
A pesar de todos esos nombres que nos recuerdan constantemente los valores de nuestra fe católica, el nombre de la calle que traigo hoy a colación destaca entre todos ellos.
Cuando yo era pequeño para mí era un nombre más que repetía o mencionaba sin caer en la cuenta de lo que decía o significaba. Al hacerme mayor, tomé conciencia de ese nombre y cada vez que hoy paso por ella no dejo de evocar lo que el nombre en sí representa, el núcleo verdadero de nuestra existencia.
Probablemente en cada ciudad nuestra haya nombres de calles o lugares verdaderamente significativos para la fe, de los que os enorgullecéis y sentís contentos. Os invito a que los compartáis con nosotros en los comentarios de este artículo.
Incluso puede que haya otras calles u otros lugares con el mismo nombre.
Hoy le dedico esta reflexión para compartir con todos el mensaje que contiene. La calle, casi mi calle, se llama:
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jueves, 14 de junio de 2012
Si no te sientes satisfecho...
Si eres un cristiano tibio desde tu infancia y nunca has tenido un compromiso firme con tu fe ...
Si buscas algo nuevo en tu vida que la llene, y lo que encuentras no te satisface ...
Si tu vida de fe te ha llevado a unos ritualismos que han terminado por manifestarse vacíos y rutinarios ...
Si sientes que son mayoría las voces que resuenan en nuestras sociedades que hablan de muerte (aborto) y odio, y no te encuentras cómodo así...
Si has bebido de las aguas de muchas doctrinas y ninguna ha calmado tu sed...
Si sabes que amar es mejor que odiar y que perdonar es mejor que la venganza, pero aún no lo has puesto por obra...
- Habla de Él con tus amigos, tu familia, tus conocidos. No lo escondas a los demás.
- Ten intimidad con Él. Es un amigo constante y fiel que siempre te escucha y que está dispuesto a brindarte su regazo siempre que lo necesites.
- Colócalo cerca de tí, en tu mesa de trabajo, en tu casa donde puedas mirarlo para que te inspire y te consuele.
- Déjate curar por Él. No te obceques en tu mal, pues Él quiere tu bien. Déjate tú sanar por Él, no seas tú el impedimento para tu propia salud.
- Reconócelo como tu Señor, Salvador y Juez. Nunca semejante Señor estuvo tan cerca tuyo siempre.
- Él saciará tu sed como nadie más lo hará. Prueba y lo verás.
- Él anduvo por nuestras tierras, respiró nuestro mismo aire y se alimentó de sus mismos frutos. Él bendijo con su presencia todo lo que nos rodea.
Enamórate de Él, y entonces vivirás tu fe de modo pleno.
Si buscas algo nuevo en tu vida que la llene, y lo que encuentras no te satisface ...
Si tu vida de fe te ha llevado a unos ritualismos que han terminado por manifestarse vacíos y rutinarios ...
Si sientes que son mayoría las voces que resuenan en nuestras sociedades que hablan de muerte (aborto) y odio, y no te encuentras cómodo así...
Si has bebido de las aguas de muchas doctrinas y ninguna ha calmado tu sed...
Si sabes que amar es mejor que odiar y que perdonar es mejor que la venganza, pero aún no lo has puesto por obra...
- Habla de Él con tus amigos, tu familia, tus conocidos. No lo escondas a los demás.
- Ten intimidad con Él. Es un amigo constante y fiel que siempre te escucha y que está dispuesto a brindarte su regazo siempre que lo necesites.
- Colócalo cerca de tí, en tu mesa de trabajo, en tu casa donde puedas mirarlo para que te inspire y te consuele.
- Déjate curar por Él. No te obceques en tu mal, pues Él quiere tu bien. Déjate tú sanar por Él, no seas tú el impedimento para tu propia salud.
- Reconócelo como tu Señor, Salvador y Juez. Nunca semejante Señor estuvo tan cerca tuyo siempre.
- Él saciará tu sed como nadie más lo hará. Prueba y lo verás.
- Él anduvo por nuestras tierras, respiró nuestro mismo aire y se alimentó de sus mismos frutos. Él bendijo con su presencia todo lo que nos rodea.
Enamórate de Él, y entonces vivirás tu fe de modo pleno.
jueves, 7 de junio de 2012
Sugerencias para amar
No pretendo dar lecciones de amor, pues me confieso un aprendiz (pésimo) en la tarea que nos encomienda Jesús. Sólo quiero compartir con vosotros mis reflexiones sobre el amor. Estas palabras me las digo a mí mismo para que ellas también obren en mí, por la gracia de Dios:
1) Comienza por amar a Jesús, Su Palabra, Su Vida, Su Ser. Imprégnate de Él. Si no amas a Jesús no entenderás por qué Él nos manda amar.
2) No esperes que el amor sea fácil. Si es demasiado fácil, no es mucho amor. "Ama hasta que duela" (Beata Teresa de Calcuta).
3) No esperes amar con grandes gestos. Ama en las pequeñas cosas pues esas sólo las ve Dios.
4) Ama sin esperar nada a cambio y hasta el final.
5) Ama primero a los que te rodean. Son las personas con las que tenemos más trato, de las que conocemos mejor sus fallos, de las que tenemos más prejuicios. Ahí tenemos una tarea mayor. Comienza por tu familia.
Ama también a los que dejaste de amar hace tiempo. Si ellos no te aman, borra el rencor de tu corazón y te habrás puesto en el camino correcto.
6) Amar es ser cortés, respetuoso, amable, diligente, puntual, formal, responsable, honrado, cumplidor, amante de la verdad. Cumple las normas de tráfico.
7) Saluda a todas las personas que conozcas cuando las encuentres. Mira a los ojos a quien sabes que no se va a sentir ofendido por ello. Sonrieles de corazón.
8) Tras una discusión, no te muestres rencoroso, obra como si no hubiera pasado nada. Si ha habido alguna ofensa, pide perdón.
9) No te enojes si una persona mayor te aborda para hablar y te entretiene en tus tareas. Seguramente padecerá alguna soledad, material o espiritual. Sé paciente con ella.
10) Vence tus miedos a amar.
11) Practica la empatía, es decir, ponte en el lugar del otro, intentando reproducir sus mismos sentimientos y miedos. Comprenderás mejor su situación.
12) El amor debe ser también reflexivo. "Que la limosna sude en tu mano" (La Didajé). No amamos con el corazón (es un músculo); amamos con nuestro cerebro.
13) ¿Terminar con el hambre en el mundo? Mejor comienza por dar de comer a la persona que tienes al lado, por amar a tu vecino. Los objetivos para el amor deben ser concretos.
14) Recuerda alguna otra vez que amaste de modo especial y sincero a alguien. Recuerda lo bien que te sentiste y cómo fue una alegría para tí.
15) No seas demasiado exigente contigo mismo. Todos tenemos nuestros momentos buenos y nuestros momentos malos, nuestros cansancios y debilidades. Mantén la tensión de amar a lo largo de toda tu vida y procura enmendar suavemente tus errores (parábola de los dos hijos: Mt 21, 28-32).
16) Ve en el rostro del otro a Jesús y trátalo como a Él mismo. Su rostro es distinto al tuyo, pero siente igual que tú, y Dios habita en él por voluntad Suya, aunque sea un pecador (tú también lo eres).
17) No midas tu amor por objetivos cumplidos. Dios no lo hace; Jesús mirará tu sinceridad antes que tus logros.
18) Busca fuerzas en la oración y los sacramentos. El amor procede de Dios y sólo en Él podremos beberlo.
19) Procura tener tu espíritu en paz.
20) Uno de los mayores errores de la historia humana, es el concepto del amor romántico, es decir, del amor que viene espontáneamente, se manifiesta mediante volutas de humo e igual que vino, puede irse. El amor es una labor, un propósito, un esfuerzo diario, especialmente en cuanto al amor matrimonial se refiere.
21) Si vas conduciendo tu coche y un desconocido comete alguna barbaridad, seguro que te enojarás y mucho. Si el que comete la barbaridad es tu hijo, serás indulgente. Saca tus propias conclusiones.
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Amar en la diferencia
¿A qué se parece el amor?
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Amor y libertad: el amor en Dios
1) Comienza por amar a Jesús, Su Palabra, Su Vida, Su Ser. Imprégnate de Él. Si no amas a Jesús no entenderás por qué Él nos manda amar.
2) No esperes que el amor sea fácil. Si es demasiado fácil, no es mucho amor. "Ama hasta que duela" (Beata Teresa de Calcuta).
3) No esperes amar con grandes gestos. Ama en las pequeñas cosas pues esas sólo las ve Dios.
4) Ama sin esperar nada a cambio y hasta el final.
5) Ama primero a los que te rodean. Son las personas con las que tenemos más trato, de las que conocemos mejor sus fallos, de las que tenemos más prejuicios. Ahí tenemos una tarea mayor. Comienza por tu familia.
Ama también a los que dejaste de amar hace tiempo. Si ellos no te aman, borra el rencor de tu corazón y te habrás puesto en el camino correcto.
6) Amar es ser cortés, respetuoso, amable, diligente, puntual, formal, responsable, honrado, cumplidor, amante de la verdad. Cumple las normas de tráfico.
7) Saluda a todas las personas que conozcas cuando las encuentres. Mira a los ojos a quien sabes que no se va a sentir ofendido por ello. Sonrieles de corazón.
8) Tras una discusión, no te muestres rencoroso, obra como si no hubiera pasado nada. Si ha habido alguna ofensa, pide perdón.
9) No te enojes si una persona mayor te aborda para hablar y te entretiene en tus tareas. Seguramente padecerá alguna soledad, material o espiritual. Sé paciente con ella.
10) Vence tus miedos a amar.
11) Practica la empatía, es decir, ponte en el lugar del otro, intentando reproducir sus mismos sentimientos y miedos. Comprenderás mejor su situación.
12) El amor debe ser también reflexivo. "Que la limosna sude en tu mano" (La Didajé). No amamos con el corazón (es un músculo); amamos con nuestro cerebro.
13) ¿Terminar con el hambre en el mundo? Mejor comienza por dar de comer a la persona que tienes al lado, por amar a tu vecino. Los objetivos para el amor deben ser concretos.
14) Recuerda alguna otra vez que amaste de modo especial y sincero a alguien. Recuerda lo bien que te sentiste y cómo fue una alegría para tí.
15) No seas demasiado exigente contigo mismo. Todos tenemos nuestros momentos buenos y nuestros momentos malos, nuestros cansancios y debilidades. Mantén la tensión de amar a lo largo de toda tu vida y procura enmendar suavemente tus errores (parábola de los dos hijos: Mt 21, 28-32).
16) Ve en el rostro del otro a Jesús y trátalo como a Él mismo. Su rostro es distinto al tuyo, pero siente igual que tú, y Dios habita en él por voluntad Suya, aunque sea un pecador (tú también lo eres).
17) No midas tu amor por objetivos cumplidos. Dios no lo hace; Jesús mirará tu sinceridad antes que tus logros.
18) Busca fuerzas en la oración y los sacramentos. El amor procede de Dios y sólo en Él podremos beberlo.
19) Procura tener tu espíritu en paz.
20) Uno de los mayores errores de la historia humana, es el concepto del amor romántico, es decir, del amor que viene espontáneamente, se manifiesta mediante volutas de humo e igual que vino, puede irse. El amor es una labor, un propósito, un esfuerzo diario, especialmente en cuanto al amor matrimonial se refiere.
21) Si vas conduciendo tu coche y un desconocido comete alguna barbaridad, seguro que te enojarás y mucho. Si el que comete la barbaridad es tu hijo, serás indulgente. Saca tus propias conclusiones.
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lunes, 14 de mayo de 2012
El amor visto por los niños
A veces nos encontramos pequeñas colecciones de tesoros en internet entre la barahunda de material inclasificable. Hoy reflexionamos sobre las descripciones que un grupo de niños propuso ante la pregunta de ¿qué es el amor?
Atentos a las ideas que nos expresan estos niños a través de la inocencia de sus palabras y la pureza de sus corazones para acercarnos a Dios:
- Amor es cuando alguien te incomoda, y tú, aunque estás muy enojado, no gritas porque sabes que hieres sus sentimientos. (Mateo, 6 años)
- Cuando mi abuela se enfermó de artritis, ella no se podía agachar para pintarse las uñas de los pies, ... mi abuelo, desde entonces, pinta las uñas de ella aunque él también tiene artritis. (Rebeca, 8 años)
- Amor es cuando una muchacha se coloca perfume y el muchacho se coloca loción para después de afeitarse, ellos salen juntos y se huelen. (Carlos, 5 años)
- Amor es como una viejita y un viejito que son muy amigos todavía, aunque se conocen hace mucho tiempo. (Tomás, 6 años)
- Cuando alguien te ama, la forma de decir tu nombre es diferente; sabes que tu nombre está seguro en su boca. (Guillermo, 4 años)
Por eso estamos seguros en Dios, porque Él nos ama infinitamente
y nuestro nombre está seguro en Sus labios.
- Amor es cuando tú sales a comer y ofreces tus papas fritas, sin esperar que la otra persona te ofrezca las papas fritas de ella. (Cristina, 6 años)
- Si tú quieres aprender a amar, mejor debes comenzar con alguien que a ti no te agrada. (Maggie, 6 años)
- Amor es lo que te hace sonreir cuando estás cansado. (Terry, 4 años)
- Cuando tú hablas con alguien de ti, sobre alguna cosa mala, aunque sientas miedo de que esta persona no te ame más por este motivo, ahí tú te sorprendes, ya que no solamente te continúa amando, como ahora, sino que te ama aún más. (Cindy, 7 años)
- Hay dos tipos de amor, nuestro amor y el amor de Dios, mas el amor de Dios junta los dos. (Jaime, 4 años)
- Durante mi presentación de piano, yo vi a mi papá en la platea levantando su mano y sonriendo ... era la única persona haciendo esto, y ya no sentí miedo. (Marcela, 8 años)
- Amor es cuando tú le dices a un chico que él está vistiendo una camisa linda y él se la pone todos los días. (Noelia, 7 años)
- Amor es abrazarse, amor es besarse, amor es decir 'no'. (Patty, 8 años)
- Amor es cuando tu perro te lame la cara, aunque tú lo dejas solo el día entero. (Anita, 4 años)
- Dios debería haber dicho algunas palabras mágicas para que los clavos se cayeran de la cruz, mas Él no lo hizo... Esto es amor. (Max, 5 años)
Dios es el azúcar de nuestras vidas. No lo vemos pero nos la endulza a diario y está siempre presente. ¿Quieres gustar de él?
(Gracias a Sor Mercedes de las Heras que me hizo llegar este tesoro espiritual. Nuestra gratitud con ella va más allá de este pequeño regalo)
Otros enlaces:
El Señor es mi pastor
¿Yahvé o Jehová?
Formas de la adoración eucarística
Atentos a las ideas que nos expresan estos niños a través de la inocencia de sus palabras y la pureza de sus corazones para acercarnos a Dios:
- Amor es cuando alguien te incomoda, y tú, aunque estás muy enojado, no gritas porque sabes que hieres sus sentimientos. (Mateo, 6 años)
- Cuando mi abuela se enfermó de artritis, ella no se podía agachar para pintarse las uñas de los pies, ... mi abuelo, desde entonces, pinta las uñas de ella aunque él también tiene artritis. (Rebeca, 8 años)
Un dolor compartido
es un amor compartido.
- Amor es cuando una muchacha se coloca perfume y el muchacho se coloca loción para después de afeitarse, ellos salen juntos y se huelen. (Carlos, 5 años)
Un placer compartido
es también un amor compartido
- Amor es como una viejita y un viejito que son muy amigos todavía, aunque se conocen hace mucho tiempo. (Tomás, 6 años)
Porque lo han compartido todo
- Cuando alguien te ama, la forma de decir tu nombre es diferente; sabes que tu nombre está seguro en su boca. (Guillermo, 4 años)
y nuestro nombre está seguro en Sus labios.
- Amor es cuando tú sales a comer y ofreces tus papas fritas, sin esperar que la otra persona te ofrezca las papas fritas de ella. (Cristina, 6 años)
Amar es no esperar nada a cambio;
¿te atreves a ofrecer tus papas fritas?
¿te atreves a ofrecer tus papas fritas?
- Si tú quieres aprender a amar, mejor debes comenzar con alguien que a ti no te agrada. (Maggie, 6 años)
¡Qué ideas más claras sobre el amor!
- Amor es lo que te hace sonreir cuando estás cansado. (Terry, 4 años)
Lo habéis experimentado en vuestras vidas?
Veréis como es verdad.
Veréis como es verdad.
- Cuando tú hablas con alguien de ti, sobre alguna cosa mala, aunque sientas miedo de que esta persona no te ame más por este motivo, ahí tú te sorprendes, ya que no solamente te continúa amando, como ahora, sino que te ama aún más. (Cindy, 7 años)
Piénsenlo porque es muy profundo,
y verdadero,
aunque parezca enrevesado.
y verdadero,
aunque parezca enrevesado.
- Hay dos tipos de amor, nuestro amor y el amor de Dios, mas el amor de Dios junta los dos. (Jaime, 4 años)
- Durante mi presentación de piano, yo vi a mi papá en la platea levantando su mano y sonriendo ... era la única persona haciendo esto, y ya no sentí miedo. (Marcela, 8 años)
Imagínate a Dios haciéndote eso
en la presentación de tu vida...
en la presentación de tu vida...
- Amor es cuando tú le dices a un chico que él está vistiendo una camisa linda y él se la pone todos los días. (Noelia, 7 años)
- Amor es abrazarse, amor es besarse, amor es decir 'no'. (Patty, 8 años)
¿Cuántos males nos vienen por no decir 'no' a tiempo?
- Amor es cuando tu perro te lame la cara, aunque tú lo dejas solo el día entero. (Anita, 4 años)
- Dios debería haber dicho algunas palabras mágicas para que los clavos se cayeran de la cruz, mas Él no lo hizo... Esto es amor. (Max, 5 años)
Amar hasta el extremo...
eso es amar.
eso es amar.
Dios es el azúcar de nuestras vidas. No lo vemos pero nos la endulza a diario y está siempre presente. ¿Quieres gustar de él?
(Gracias a Sor Mercedes de las Heras que me hizo llegar este tesoro espiritual. Nuestra gratitud con ella va más allá de este pequeño regalo)
Otros enlaces:
El Señor es mi pastor
¿Yahvé o Jehová?
Formas de la adoración eucarística
lunes, 23 de abril de 2012
domingo, 27 de noviembre de 2011
Citas Bíblicas que deberíamos leer los católicos (X): la salvación es para mi casa
Hechos de los Apóstoles 11, 13
Pedro habla en primera persona:
"... En aquel preciso momento llegaron a la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea en busca mía. Entonces el Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron estos seis hermanos y entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: 'Manda recado a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro; él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa'..."
Siempre pensamos que la salvación es algún logro individual que nos corresponde, de manera similar al premio que merece el atleta por sus esfuerzos en la carrera.
Y pensamos que, igual que el atleta, el premio es personalísimo.
Pero la salvación no se funda en otra cosa sino en la misericordia divina. Nadie, ni el mayor de los santos, podría comparecer ante Dios y exigir su cuota de salvación como algo que le es debido.
Ninguno nos ganamos nuestra propia salvación como si fuera un logro personal, sino que Cristo nos la ganó con su entrega y sacrificio. Nosotros, con nuestras obras, nos adherimos a la persona y a la salvación ganada por Cristo.
Sin obras no hay salvación, del mismo modo que sin obras no hay amor. El "amor teórico" no existe, sino que ha de transmitirse y manifestarse en obras. Ese "amor teórico" en realidad no es amor. (St 2, 14ss)
Pero además, el ángel es claro: "... él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa...". La salvación no es algo meramente individual. Si Dios me promete la eterna felicidad, parece que esa felicidad no sería tal si no pudiera gozarla junto a mis seres queridos.
Este es un gran misterio, pero es así. Nosotros podemos hacer algo por la salvación de nuestros seres queridos: amarles, darles testimonio de fe y rezar por ellos y por su salvación, en vida y después de su tránsito.
Santa Mónica oró durante casi 20 años por la conversión de su hijo San Agustín. Y sus oraciones consiguieron lo que tanto anhelaba.
Valoremos, hermanos, este don tan precioso y pongámoslo por obra: recemos por los que tenemos cerca de nosotros, por nuestros hijos, padres, hermanos, familiares, amigos. A ellos nos debemos y podemos hacer algo por su salvación.
Enlaces relacionados:
Misterio tremendo: la salvación que depende de nosotros
Ayunar sí es amar
El sentido del sacrificio
jueves, 17 de noviembre de 2011
Amar en la diferencia
Jesús me pide que ame al prójimo, al próximo, al que tengo cerca.
Pero al que tengo cerca lo conozco bien, sé sus virtudes, pero también sus defectos.
Conozco su forma de ser, y no coincide completamente con la mía.
A él le gusta una cosa y a mí me gusta otra.
Si no me saluda como yo esperaba, creo que no lo hace bien.
Si no obra como yo espero de él, creeré que no es suficiente buena persona.
Si se viste de una manera distinta a como yo lo haría, lo criticaré e intentaré ridiculizarlo porque en el fondo, quien tiene la razón, soy yo.
Estaré siempre presto a juzgarle, a veces con severidad y dureza, como si no me importara.
Pero después de todo esto, yo no tengo nada en contra de él.
Si tuviera que ayudarle en algún aspecto de su vida, seguro que lo haría.
Si le ocurriera algo grave, seguro que me disgustaría y compartiría con él sus penas y tristezas para aliviarlo en la medida de mis posibilidades.
¿Qué me ocurre entonces?
Quizás lo que me ocurra es que no le perdono que sea diferente a mí.
Si aceptara que en la vida puede haber personas que no tengan mis gustos y que son tan valiosas a los ojos de Dios como yo, relativizaría muchos de mis esquemas en los que pretendo encajar a los demás continuamente.
¿Y si dejara de pretender que todo el mundo fuera como yo?
¿Y si aceptara que Dios nos ha creado a todos con un pincel especial, y que no todos los pinceles hacen los mismos trazos pero sirven para crear cuadros igualmente bellos?
¿Y si aceptara que yo puedo santificarme desde mi forma de ser, y mi prójimo también puede santificarse desde la suya? ¿Acaso no es cierto que TODOS estamos llamados a santificarnos, pero no existe una santificación estándar para todos?
¿Y si aceptara que es igualmente válido el mensaje cristiano de salvación y propia santificación para una persona que ha vivido el sufrimiento en su propia piel, que para la persona que no ha tenido que padecer esos trances?
¿Y si aceptara que Dios me pide A MI que me santifique desde mi situación, desde mi forma de ser, desde mi historia, desde mi infancia vivida, desde mis problemas para convertir todas esas dificultades en bienes, para mí y para los que me rodean? ¿No es este, acaso, el reto de la santificación?
¿Y si aceptara que todos, desde nuestras diferencias personales, tenemos al mismo Dios como Padre?
Si aceptara todo esto en mi vida, quizás le perdería el miedo a amar al prójimo, porque no lo vería como una amenaza para mi manera de ver el mundo, sino como un hermano, hijo del mismo Padre, semejante a mí pero con una identidad distinta a la mía.
Enlaces relacionados:
¿Es lo mismo enamorarse que estar enamorados?
¿Cómo amo?
Cristo y la Cruz
Pero al que tengo cerca lo conozco bien, sé sus virtudes, pero también sus defectos.
Conozco su forma de ser, y no coincide completamente con la mía.
A él le gusta una cosa y a mí me gusta otra.
Si no me saluda como yo esperaba, creo que no lo hace bien.
Si no obra como yo espero de él, creeré que no es suficiente buena persona.
Si se viste de una manera distinta a como yo lo haría, lo criticaré e intentaré ridiculizarlo porque en el fondo, quien tiene la razón, soy yo.
Estaré siempre presto a juzgarle, a veces con severidad y dureza, como si no me importara.
Pero después de todo esto, yo no tengo nada en contra de él.
Si tuviera que ayudarle en algún aspecto de su vida, seguro que lo haría.
Si le ocurriera algo grave, seguro que me disgustaría y compartiría con él sus penas y tristezas para aliviarlo en la medida de mis posibilidades.
¿Qué me ocurre entonces?
Quizás lo que me ocurra es que no le perdono que sea diferente a mí.
Si aceptara que en la vida puede haber personas que no tengan mis gustos y que son tan valiosas a los ojos de Dios como yo, relativizaría muchos de mis esquemas en los que pretendo encajar a los demás continuamente.
¿Y si dejara de pretender que todo el mundo fuera como yo?
¿Y si aceptara que Dios nos ha creado a todos con un pincel especial, y que no todos los pinceles hacen los mismos trazos pero sirven para crear cuadros igualmente bellos?
¿Y si aceptara que yo puedo santificarme desde mi forma de ser, y mi prójimo también puede santificarse desde la suya? ¿Acaso no es cierto que TODOS estamos llamados a santificarnos, pero no existe una santificación estándar para todos?
¿Y si aceptara que es igualmente válido el mensaje cristiano de salvación y propia santificación para una persona que ha vivido el sufrimiento en su propia piel, que para la persona que no ha tenido que padecer esos trances?
¿Y si aceptara que Dios me pide A MI que me santifique desde mi situación, desde mi forma de ser, desde mi historia, desde mi infancia vivida, desde mis problemas para convertir todas esas dificultades en bienes, para mí y para los que me rodean? ¿No es este, acaso, el reto de la santificación?
¿Y si aceptara que todos, desde nuestras diferencias personales, tenemos al mismo Dios como Padre?
Si aceptara todo esto en mi vida, quizás le perdería el miedo a amar al prójimo, porque no lo vería como una amenaza para mi manera de ver el mundo, sino como un hermano, hijo del mismo Padre, semejante a mí pero con una identidad distinta a la mía.
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¿Cómo amo?
Cristo y la Cruz
martes, 25 de octubre de 2011
Las flechas en la aljaba (XIII): Sólo yo decido
J.R.R. Tolkien fue un escritor católico que iluminó con su genialidad y sabiduría lingüística una de las mejores páginas de la literatura moderna.
En su celebérrima obra "El Señor de los Anillos" nos dejó diversas pinceladas de reflexiones, en una de las cuales quiero fijarme hoy.
En la versión cinematográfica dirigida por Peter Jackson, al terminar la primera parte, el personaje protagonista Frodo contempla con dolor los sucesos de muerte y destrucción que ha traído a todos la posesión del anillo.
Con un pensamiento propio del que se ve envuelto en desgracias y penalidades no buscadas, exclama:
Ojalá el anillo nunca hubiera llegado a mí.
Ojalá nada de esto hubiera ocurrido.
Su amigo el mago Gandalf lo asiste en su pesar y le contesta con las siguientes palabras:
Eso desean quienes viven estos tiempos, pero no les toca a ellos decidir.
Sólo tú puedes decidir qué hacer con el tiempo que se te ha dado.
Bellas palabras que nos hablan al corazón: muchas veces protestamos de lo que pasa hoy en día, de los momentos tan difíciles para la fe que nos ha tocado vivir; nos rodean tentaciones de vida fácil por todos lados y nos vemos atacados casi a diario. Pero, ¿qué haces tú y qué hago yo para solventar esto? Ante la ola de imposiciones pro-abortistas, ¿qué hago yo en mi entorno para defender la vida, por ejemplo? ¿Intento pasar desapercibido para no desentonar?
Nuestra misión como católicos, ¿consiste sólo en quejarnos o en poner por obra el Reino de Dios?
Yo soy dueño de mi vida y puedo elegir entre el bien y el mal. ¿Qué estoy haciendo al respecto? ¿Qué hago con el poder que Dios me ha concedido, el poder de amar?
En su celebérrima obra "El Señor de los Anillos" nos dejó diversas pinceladas de reflexiones, en una de las cuales quiero fijarme hoy.
En la versión cinematográfica dirigida por Peter Jackson, al terminar la primera parte, el personaje protagonista Frodo contempla con dolor los sucesos de muerte y destrucción que ha traído a todos la posesión del anillo.
Con un pensamiento propio del que se ve envuelto en desgracias y penalidades no buscadas, exclama:
Ojalá el anillo nunca hubiera llegado a mí.
Ojalá nada de esto hubiera ocurrido.
Su amigo el mago Gandalf lo asiste en su pesar y le contesta con las siguientes palabras:
Eso desean quienes viven estos tiempos, pero no les toca a ellos decidir.
Sólo tú puedes decidir qué hacer con el tiempo que se te ha dado.
Bellas palabras que nos hablan al corazón: muchas veces protestamos de lo que pasa hoy en día, de los momentos tan difíciles para la fe que nos ha tocado vivir; nos rodean tentaciones de vida fácil por todos lados y nos vemos atacados casi a diario. Pero, ¿qué haces tú y qué hago yo para solventar esto? Ante la ola de imposiciones pro-abortistas, ¿qué hago yo en mi entorno para defender la vida, por ejemplo? ¿Intento pasar desapercibido para no desentonar?
Nuestra misión como católicos, ¿consiste sólo en quejarnos o en poner por obra el Reino de Dios?
Yo soy dueño de mi vida y puedo elegir entre el bien y el mal. ¿Qué estoy haciendo al respecto? ¿Qué hago con el poder que Dios me ha concedido, el poder de amar?
Yo puedo decidir qué hacer con mi vida
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sábado, 22 de octubre de 2011
Sólo el amor vence
Sólo el amor vence.... ¡sólo!. En nuestra vida podremos vencer, pero si no ha sido con amor, por amor, y viviendo y descansando en el amor de Dios, no hemos vencido; hemos sido derrotados por el Maligno. Y aunque parezca que hemos sido derrotados, aunque parezca que estamos acabados y varados en la orilla, si en nuestra vida hay amor, hemos vencido. Cristo ha vencido en nosotros.
Pablo Domínguez Prieto
Qué ciertas son estas palabras que el joven sacerdote Pablo Domínguez dirigió durante unos ejercicios espirituales a las monjas de clausura del monasterio de Tulebras (España). Sólo con y en el amor de Dios podemos superar las pruebas a las que estamos sometidos, en estos tiempos difíciles que nos ha tocado vivir.
Ellas me llevan asímismo a meditar sobre éstas que escribió el apóstol San Pablo a los corintios:
Por eso no nos acobardamos, sino que cuando nuestro hombre exterior se va desmoronando, nuestro hombre interior se va renovando día a día. Pues la leve tribulación presente nos proporciona una inmensa e incalculable carga de gloria ya que no nos fijamos en lo que se ve, sino en lo que no se ve; en efecto lo que se ve es transitorio, lo que no se ve es eterno.
2 Corintios 4, 16-17
Seamos y mantengámonos fuertes en la fe y en el amor pues si Dios está con nosotros ¿quién podrá vencernos?.
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Amar en la diferencia
¿A qué se parece el amor?
¿Cómo amo?
jueves, 13 de octubre de 2011
¿A qué se parece el amor?
¿A qué se parece el amor?
El amor tiene manos para ayudar a los demás.
El amor tiene pies para ir junto a los necesitados y los pobres.
El amor tiene ojos para ver la miseria y la pobreza.
El amor tiene oídos para escuchar los lamentos de los hombres.
A eso es a lo que se parece el amor.
El amor tiene manos para ayudar a los demás.
El amor tiene pies para ir junto a los necesitados y los pobres.
El amor tiene ojos para ver la miseria y la pobreza.
El amor tiene oídos para escuchar los lamentos de los hombres.
A eso es a lo que se parece el amor.
San Agustín
Amar no es teoría ni abstracción.
Amar no es ser elocuente ni brillante.
Amar no es razonar o pensar con profundidad en las cosas.
Todo eso está bien y es necesario, porque nuestra condición humana está dotada de esas características.
Amar es seguir los pasos de Jesús. Por eso, todos, sin distinción, estamos llamados a amar.
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Cinco reflexiones sobre el amor
El amor visto por los niños
El retrato de nuestra alma
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domingo, 25 de septiembre de 2011
Pensamientos (XLII): San Agustín
Dios, que te creó sin ti, no te salvará sin ti.
San Agustín
El acto creador es un regalo de Dios.
Y en ese regalo va implícita la libertad, porque si no hay libertad, no hay verdadero amor.
Y Dios, que es el Amor perfecto, no puede crear nada imperfecto.
Hemos sido creados por el Amor para amar.
La imperfección en el amar nace de nuestra libertad, no de Dios.
La libertad conlleva un riesgo y una responsabilidad.
Y la libertad, como parte de nuestro ser creado, será la que nos lleve a la salvación o a la condenación.
No hemos cooperado a nuestra creación por ser un acto que trasciende nuestras facultades y posibilidades; pero sí cooperamos a nuestra salvación porque depende de nuestra decisión de amar, siempre contando con la misericordia de Dios, sin la cual nada podríamos.
El acto creador es la expresión del amor de Dios por nosotros; la propia salvación es la expresión del amor nuestro por Dios.
Nuestra salvación no la hemos conseguido nosotros, pues fue Cristo quien la consiguió para nosotros; pero nosotros tenemos que alargar la mano para recibirla, con nuestros actos y nuestra vida.
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Amor y libertad en la Trinidad
Cristo, la Verdad
La Virgen María, la nueva Eva
martes, 13 de septiembre de 2011
Las flechas en la aljaba (VIII): Qué hacer cuando nos engañan
No hace mucho tiempo, un santo sacerdote que vivía pobremente daba limosna a un mendigo. Una persona de buena fe, viendo la escena, se le acercó y le dijo:
"Padre, usted tiene un gran corazón y hace una obra maravillosa. Pero ese hombre es un degenerado, ha cometido crímenes, maltrata a su familia, utiliza el dinero para cosas deshonestas...".
El sacerdote, hombre de Dios y prudente, le interrumpió y le dijo:
"Él me dice que es para una necesidad, y yo le creo.
Lo demás depende de su conciencia"
La búsqueda sincera de la santidad corre frecuentemente el riesgo de caer en la efectividad a costa de lo verdaderamente importante, el amor.
Las palabras de este santo sacerdote nos revelan la íntima coherencia de los actos de los santos, no siempre evidente a todos: el amor solicitado por Cristo de todos nosotros no está condicionado a la obtención de resultados.
El Señor no quiere que busquemos la rentabilidad en nuestros actos, sino la expresión más pura posible del amor y la cercanía con los demás.
El amor al que debemos aspirar es el que consiste sólo en dar, y no esperar nada a cambio.
El amor que me pide Jesús no depende de la conciencia de mi prójimo, sino de la mía.
Éste es el amor auténtico.
El amor al que debemos aspirar es el que consiste sólo en dar, y no esperar nada a cambio.
El amor que me pide Jesús no depende de la conciencia de mi prójimo, sino de la mía.
Éste es el amor auténtico.
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domingo, 11 de septiembre de 2011
Los regalos misteriosos de Dios
Aunque Margarita fue una persona con un sentido religioso en su vida, su padre, Roberto, no lo tuvo. Vivió al margen de la fe aunque en el fondo no fue una mala persona. Además, la relación entre ambos no puede decirse que fuera la mejor posible.
Vivían en un población costera y no compartían casi ninguna afición en el día a día. No tenían mucha sintonía entre ambos y así fue pasando la vida.
Llegó la hora en que ella tuvo que enfrentar la muerte de su padre, víctima de una larga enfermedad. Sus sentimientos pugnaban en su interior, pues aunque no había renegado de él nunca, la relación se había enfriado hasta distanciarlos en buena medida.
Las cosas se precipitaron de una manera imprevista, y cuando el médico le dijo que su situación era prácticamente irreversible, ella preguntó si le quedaría mucho tiempo de vida. El doctor no supo qué contestar.
Súbitamente en lo primero que pensó fue en llamar al capellán del hospital en que estaba ingresado para que le administrara el sacramento de la unción de enfermos. No pasó mucho tiempo cuando el sacerdote llegó hasta su lado; el enfermo no estaba consciente, por lo que los intentos de comunicarse con Roberto fueron inútiles. El sacerdote, con extrema delicadeza le administró los santos sacramentos y la bendición de Su Santidad y le dirigió a ella unas palabras de consuelo y de apoyo.
Él falleció a las pocas horas.
Ella no dejó de pensar que aquello había sido preparado por Alguien para que sucediera así, no por azar, sino guiado por su mano poderosa: en lo primero en lo que pensó al oir al médico fue en preparar lo más importante, la salvación del alma de su padre, apenas hubo el tiempo justo para administrarle los últimos viáticos, todo salió rodado...
Probablemente si él hubiera estado consciente, no sabemos si hubiera pedido los sacramentos, pero Dios lo preparó todo así. Y de esta manera le hizo saber a ella que aunque su relación no había sido la mejor mientras los dos vivían, su padre sí era importante para Él. Dios y sus prioridades.
Durante muchos años ella agradeció a Dios todos los días este don que había recibido: Dios salvó a su propio padre, cuando ella ya lo daba por perdido para la fe, y haciéndolo, le había hecho una caricia inolvidable.
Otras personas viven una vida de fe firme y leal, y la pedagogía divina no estima necesario comunicarle a sus familiares que necesiten de un último consuelo. Pero Roberto había estado alejado de la Iglesia, sin mala voluntad pero con dejadez e indolencia, y Dios quiso hacerle el regalo a su hija de saber a ciencia cierta que algo que era muy importante para ella, le había sido otorgado a su propio padre en sus últimos momentos.
Qué dulces son las caricias que Dios nos hace cuando menos las esperamos.
Enlaces relacionados:
Pío XII: cómo podemos cooperar unos en la salvación de otros
La unción de los enfermos perdona los pecados
Vivían en un población costera y no compartían casi ninguna afición en el día a día. No tenían mucha sintonía entre ambos y así fue pasando la vida.
Llegó la hora en que ella tuvo que enfrentar la muerte de su padre, víctima de una larga enfermedad. Sus sentimientos pugnaban en su interior, pues aunque no había renegado de él nunca, la relación se había enfriado hasta distanciarlos en buena medida.
Las cosas se precipitaron de una manera imprevista, y cuando el médico le dijo que su situación era prácticamente irreversible, ella preguntó si le quedaría mucho tiempo de vida. El doctor no supo qué contestar.
Súbitamente en lo primero que pensó fue en llamar al capellán del hospital en que estaba ingresado para que le administrara el sacramento de la unción de enfermos. No pasó mucho tiempo cuando el sacerdote llegó hasta su lado; el enfermo no estaba consciente, por lo que los intentos de comunicarse con Roberto fueron inútiles. El sacerdote, con extrema delicadeza le administró los santos sacramentos y la bendición de Su Santidad y le dirigió a ella unas palabras de consuelo y de apoyo.
Él falleció a las pocas horas.
Ella no dejó de pensar que aquello había sido preparado por Alguien para que sucediera así, no por azar, sino guiado por su mano poderosa: en lo primero en lo que pensó al oir al médico fue en preparar lo más importante, la salvación del alma de su padre, apenas hubo el tiempo justo para administrarle los últimos viáticos, todo salió rodado...
Probablemente si él hubiera estado consciente, no sabemos si hubiera pedido los sacramentos, pero Dios lo preparó todo así. Y de esta manera le hizo saber a ella que aunque su relación no había sido la mejor mientras los dos vivían, su padre sí era importante para Él. Dios y sus prioridades.
Durante muchos años ella agradeció a Dios todos los días este don que había recibido: Dios salvó a su propio padre, cuando ella ya lo daba por perdido para la fe, y haciéndolo, le había hecho una caricia inolvidable.
Otras personas viven una vida de fe firme y leal, y la pedagogía divina no estima necesario comunicarle a sus familiares que necesiten de un último consuelo. Pero Roberto había estado alejado de la Iglesia, sin mala voluntad pero con dejadez e indolencia, y Dios quiso hacerle el regalo a su hija de saber a ciencia cierta que algo que era muy importante para ella, le había sido otorgado a su propio padre en sus últimos momentos.
Qué dulces son las caricias que Dios nos hace cuando menos las esperamos.
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sábado, 10 de septiembre de 2011
99 globos
De entre la ingente información que circula por internet, surge con más frecuencia de lo que esperamos, destellos de la gracia de Dios que actúa entre nosotros.
Este es el caso del video que os sugiero hoy.
Una defensa de la vida, un homenaje de un padre a su hijo, el testimonio indeleble de que el camino correcto nos lleva a la felicidad, aunque no podamos culminarla aún en este mundo.
La historia que narra el video aún no ha terminado. Terminará tarde o temprano y ese día será la dicha plena para sus protagonistas.
El aborto terapéutico hubiera acabado con todo esto. Simplemente no habría existido nada de lo que veremos en imágenes. Ni la esperanza futura existiría. El aborto parece un camino fácil, pero no siembra felicidad de la que perdura.
La vida puede ser dura, pero eso no nos autoriza a hacer lo incorrecto.
Y siempre tenemos la ayuda de la gracia de Dios.
Enlaces relacionados:
El Señor es mi pastor (video)
Milagros eucarísticos (videos)
El aborto es inmoral (Beato Juan Pablo II, el grande)
Fundación Red Madre (para ayudar a las madres que piensan en abortar)
Este es el caso del video que os sugiero hoy.
Una defensa de la vida, un homenaje de un padre a su hijo, el testimonio indeleble de que el camino correcto nos lleva a la felicidad, aunque no podamos culminarla aún en este mundo.
La historia que narra el video aún no ha terminado. Terminará tarde o temprano y ese día será la dicha plena para sus protagonistas.
El aborto terapéutico hubiera acabado con todo esto. Simplemente no habría existido nada de lo que veremos en imágenes. Ni la esperanza futura existiría. El aborto parece un camino fácil, pero no siembra felicidad de la que perdura.
La vida puede ser dura, pero eso no nos autoriza a hacer lo incorrecto.
Y siempre tenemos la ayuda de la gracia de Dios.
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viernes, 26 de agosto de 2011
Para orar (VII): orar es amar
Muchos cristianos en el fondo, no sabemos orar.
Creemos que orar es repetir oraciones, pero es muy difícil escuchar a algún sacerdote que nos diga cómo hemos de orar.
Porque orar no es una deuda que tengamos con Dios, sino un beneficio que Dios tiene con nosotros.
Cuando oramos hacemos presente a Dios en nuestras vidas de una manera especial, escondida, misteriosa, pero efectiva, muy efectiva.
Quien no ora, no progresa espiritualmente.
Si te va mal en la vida, abandona tu oración y te sentirás peor.
Orar no es vocalizar, repetir palabras; es ponernos en la presencia de Dios, invocarlo, alabarlo, adorarlo, darle gracias, vivir con Él, amarlo.
Si yo fuera a visitar a mi madre (o hablara con ella por teléfono) y me pusiera exclusivamente a leerle algún texto repetitivo, mi madre podría sentirse un poco ofuscada y trastornada. Mi madre quiere que le cuente mis cosas, que le hable al corazón, que me siente a su lado y no diga nada.
La oración vocal es muy necesaria para ponernos en la presencia de Dios. Ya lo dijo Jesús: "Cuando tengáis que orar, hacedlo así..." y nos dejó la oración del Padre Nuestro. La Iglesia nos ha recomendado desde hace varios siglos el rezo del Santo Rosario, que es muy beneficioso en gracias espirituales.
Pero, ¿y si, además de rezar el Santo Rosario, nos ponemos en la presencia de Dios y nos dedicamos sólo a amarle, a estar con Él?
Los seres humanos necesitamos sentir a Dios a nuestro lado, que Él camina junto a nosotros, que nos alienta y nos sostiene en nuestra vida. Y no vamos a descubrir esto si no es a través de la oración.
Estimados amigos: si Dios es amor, si nosotros hemos sido hechos para amar, si lo más grande que podemos dar y recibir de nuestros semejantes son muestras de amor, ¿no sería necesario que dedicáramos, de algún modo, algo de nuestro tiempo a gustar del amor de Dios, a expresarle el nuestro, a sentirlo junto a nosotros, a vivir con Él para poner nuestra cabeza en su regazo cuando estamos fatigados?
"Venid a mí, los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré".
Acudamos a Él en la oración. Si no dejamos hueco a Dios en nuestras vidas, ¿cómo podemos decir que lo tenemos presente?
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Dios me da lo que no le he pedido, ¿como es posible?
El Santo Rosario
¿Tiene sentido el sacrificio?
Creemos que orar es repetir oraciones, pero es muy difícil escuchar a algún sacerdote que nos diga cómo hemos de orar.
Porque orar no es una deuda que tengamos con Dios, sino un beneficio que Dios tiene con nosotros.
Cuando oramos hacemos presente a Dios en nuestras vidas de una manera especial, escondida, misteriosa, pero efectiva, muy efectiva.
Quien no ora, no progresa espiritualmente.
Si te va mal en la vida, abandona tu oración y te sentirás peor.
Orar no es vocalizar, repetir palabras; es ponernos en la presencia de Dios, invocarlo, alabarlo, adorarlo, darle gracias, vivir con Él, amarlo.
Si yo fuera a visitar a mi madre (o hablara con ella por teléfono) y me pusiera exclusivamente a leerle algún texto repetitivo, mi madre podría sentirse un poco ofuscada y trastornada. Mi madre quiere que le cuente mis cosas, que le hable al corazón, que me siente a su lado y no diga nada.
La oración vocal es muy necesaria para ponernos en la presencia de Dios. Ya lo dijo Jesús: "Cuando tengáis que orar, hacedlo así..." y nos dejó la oración del Padre Nuestro. La Iglesia nos ha recomendado desde hace varios siglos el rezo del Santo Rosario, que es muy beneficioso en gracias espirituales.
Pero, ¿y si, además de rezar el Santo Rosario, nos ponemos en la presencia de Dios y nos dedicamos sólo a amarle, a estar con Él?
Los seres humanos necesitamos sentir a Dios a nuestro lado, que Él camina junto a nosotros, que nos alienta y nos sostiene en nuestra vida. Y no vamos a descubrir esto si no es a través de la oración.
Estimados amigos: si Dios es amor, si nosotros hemos sido hechos para amar, si lo más grande que podemos dar y recibir de nuestros semejantes son muestras de amor, ¿no sería necesario que dedicáramos, de algún modo, algo de nuestro tiempo a gustar del amor de Dios, a expresarle el nuestro, a sentirlo junto a nosotros, a vivir con Él para poner nuestra cabeza en su regazo cuando estamos fatigados?
"Venid a mí, los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré".
Acudamos a Él en la oración. Si no dejamos hueco a Dios en nuestras vidas, ¿cómo podemos decir que lo tenemos presente?
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El Santo Rosario
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sábado, 20 de agosto de 2011
Pensamientos (XXXIX): Beato Juan Pablo II el Grande
Sed humildes ante el Todopoderoso.
Mantened el sentido del misterio, porque entre Dios y nosotros permanece siempre el infinito.
Recordad que ante Dios y Su revelación no se trata tanto de comprender con nuestra razón limitada,
sino más bien de amar.
Beato Juan Pablo II, Desde el corazón.
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jueves, 11 de agosto de 2011
Las flechas en la aljaba (V): Cristo y la Cruz
Señor, te he buscado en el lado más cómodo de mi vida, cuando soy feliz, cuando estoy descansado, cuando no paso calor ni frío, cuando estoy saciado de todo lo demás.
Incluso me he atrevido a pedirte que me mandes una cruz (como si no tuviéramos todos alguna cruz ya, de las de verdad, de las que pesan insoportablemente).
Pero yo quería una cruz bonita, de esas de las que llevarlas resulta una experiencia hasta agradable y presuntuosa.
Incluso me he atrevido a pedirte que me mandes una cruz (como si no tuviéramos todos alguna cruz ya, de las de verdad, de las que pesan insoportablemente).
Pero yo quería una cruz bonita, de esas de las que llevarlas resulta una experiencia hasta agradable y presuntuosa.
Pero recibí una cruz de las que pesan terriblemente, de las que te hacen sufrir en la más absoluta soledad,
de las que te producen una sed que ningún agua puede saciar,
de las que te hacen pensar que eres el más incomprendido,
de las que te hacen odiar la vida porque sólo ves un desierto a tu alrededor sin posible remisión...
de las que te producen una sed que ningún agua puede saciar,
de las que te hacen pensar que eres el más incomprendido,
de las que te hacen odiar la vida porque sólo ves un desierto a tu alrededor sin posible remisión...
Comencé a sentir alivio cuando me di cuenta de que Tú vas conmigo cargando con ella, simplemente porque así lo has querido; no necesitabas cargar con mi cruz, pero lo haces... y entonces comencé a comprender el sentido de la cruz:
Tú no nos las envías necesariamente, sino que nos ayudas a cargar con ellas, cuando se presentan, y a hacer que representen para nosotros un avance, un cambio, un provecho espiritual, porque Tú tienes el poder de cambiar lo malo, lo negativo en bondad y beneficio.
No te desesperes ante las cruces de tu vida; espera de ellas un progreso espiritual y trabaja en tu corazón porque sea así.
Tú no nos las envías necesariamente, sino que nos ayudas a cargar con ellas, cuando se presentan, y a hacer que representen para nosotros un avance, un cambio, un provecho espiritual, porque Tú tienes el poder de cambiar lo malo, lo negativo en bondad y beneficio.
No te desesperes ante las cruces de tu vida; espera de ellas un progreso espiritual y trabaja en tu corazón porque sea así.
San Juan de la Cruz
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