Una adicción es la inclinación a una actividad o situación en la que una persona recibe una satisfacción y siente que no puede prescindir de ella.
La naturaleza humana, por haber sido creada libre, tiene un potencial de desarrollo inmenso: somos capaces de lo mejor y de lo peor, casi simultáneamente.
Nuestra labor es encontrar el punto en el que cualquier cosa esté a nuestro servicio y no al revés.
A mí pueden gustarme muchos los dulces, pero si no paro de darme atracones de dulces tengo un problema.
A mí me puede apetecer hacer ejercicio, pero quien se pasa termina por exagerar las conductas.
Todo lo que es inherente al ser humano es hipotéticamente posible objeto de abuso o 'carencia absoluta' (otra forma de abuso cuando esta carencia es perjudicial para nosotros).
Esto es así y contra ello tenemos que luchar. Y hay muchas asociaciones y personas bienintencionadas y rectas que quieren ayudar a otras personas a salir de situaciones perniciosas para ellas.
Sin embargo, no he tenido la ocasión de leer nada sobre adicciones basadas en comportamientos sociales inútiles como el whatsapp. Y que conste que el problema que yo denuncio hoy aquí concierne directamente a los más vulnerables que son los jóvenes, ... y muy jóvenes. Los adultos tenemos más recursos para racionalizar y racionar nuestros comportamientos, pero ellos no.
El fenómeno del whatsapp se ha convertido en una norma social casi ineludible: si no tienes whatsapp eres como un bicho raro, no estás a la última, estás desconectado del mundo (en mi familia, debemos ser todos unos bichos raros).
Hoy la comercialización de este producto ha ido dirigida no sólo a los adultos, sino a los muy jóvenes, como introducción a un ámbito tecnológico del que sean dependientes el día de mañana.
Los jóvenes necesitan tiempo para estudiar, para descansar, para entretenerse y divertirse, para reflexionar y disfrutar de muchas cosas. Este producto (amplísimamente extendido entre la juventud, ahí está el problema) viene a provocar justamente lo contrario: con la excusa de la vida social, los jóvenes se vuelven más aislados que nunca, no tienen tiempo para otra cosa que no sea estar pendiente del móvil, se pierden horas y horas de tiempo inútilmente.
Vemos muchos ejemplos (muchos) a diario de jóvenes en los que su relación con el móvil es directamente proporcional a su fracaso escolar. Y del éxito escolar, todos sabemos que puede depender su felicidad y su futuro profesional el día de mañana.
El whatsapp es el prototipo de 'necesidad creada para cubrir ningún hueco' puesto que no es ninguna condición humana llevada hasta sus extremos, sino un mero producto comercial que envilece el tiempo tan precioso de nuestros jóvenes.
Sin embargo, y aunque sus efectos perjudiciales continúan en aumento, no escuchamos ninguna voz que se levante en contra del uso indiscriminado de estos servicios por parte de los más vulnerables.
Sirva este pequeño artículo como aviso de un efecto pernicioso que me preocupa cada vez más.
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viernes, 15 de agosto de 2014
lunes, 11 de marzo de 2013
Carpe diem
Algo sabemos cierto en nuestra vida, y es que habremos de morir. Muchas personas, ante esta certeza, el primer principio que se les viene a la cabeza es: "carpe diem" (aprovecha el día, disfruta del tiempo).
No importan los días que nos queden de vida, debemos de llenar nuestros estómagos y satisfacer todos nuestros placeres porque esta es la manera en la que llenaremos de sentido nuestras vidas.
Somos una especie de tren cuyas vías terminan en un precipicio y que no podemos detener, por lo que sabemos que caeremos por él tarde o temprano. Por lo tanto, debemos disfrutar de todo lo que el tren nos ofrece antes de que llegue ese momento, aunque eso nos lleve a una autodestrucción.
Sin embargo, Jesús nos ofrece una alternativa. Esta vida es apreciable, es digna, tenemos que vivirla y disfrutarla pero sin olvidar que la parte más importante y principal de toda ella se desenvolverá una vez traspasemos ese umbral.
A este lado del umbral somos aprendices del amor; a aquél lado seremos maestros en el amor, según hayamos aprovechado o no nuestro aprendizaje.
Jesús nos dice: "carpe diem, sí, ... pero para amar".
Llenar el estómago, emborracharse, drogarse, enviciarse en todos los placeres te lleva a un carpe-diem de autoaniquilación añadida al final natural.
Pero muchos se olvidan que nuestro ser no se caracteriza por tener un estómago, sino por tener un corazón. No somos "estómago", pero sí somos "amor".
¿Por qué decimos que el amor reside o se asocia al corazón, si este órgano no es más que un músculo? ¿Por qué no asociamos el amor con el bíceps o el cuádriceps?
Porque sin el corazón, no podemos vivir, de igual manera que sin amor no podemos existir.
El amor es la esencia de nuestras vidas, porque provenimos de la esencia del amor que es Dios y Él nos ha hecho partícipes de su esencia y naturaleza de esta manera.
Enlaces relacionados:
La 'perra' buena voluntad
¿Qué hacer con los hijos cuando los padres se separan?
El otero de Dios
El retrato de nuestra alma
No importan los días que nos queden de vida, debemos de llenar nuestros estómagos y satisfacer todos nuestros placeres porque esta es la manera en la que llenaremos de sentido nuestras vidas.
Somos una especie de tren cuyas vías terminan en un precipicio y que no podemos detener, por lo que sabemos que caeremos por él tarde o temprano. Por lo tanto, debemos disfrutar de todo lo que el tren nos ofrece antes de que llegue ese momento, aunque eso nos lleve a una autodestrucción.
Sin embargo, Jesús nos ofrece una alternativa. Esta vida es apreciable, es digna, tenemos que vivirla y disfrutarla pero sin olvidar que la parte más importante y principal de toda ella se desenvolverá una vez traspasemos ese umbral.
A este lado del umbral somos aprendices del amor; a aquél lado seremos maestros en el amor, según hayamos aprovechado o no nuestro aprendizaje.
Jesús nos dice: "carpe diem, sí, ... pero para amar".
Llenar el estómago, emborracharse, drogarse, enviciarse en todos los placeres te lleva a un carpe-diem de autoaniquilación añadida al final natural.
Pero muchos se olvidan que nuestro ser no se caracteriza por tener un estómago, sino por tener un corazón. No somos "estómago", pero sí somos "amor".
¿Por qué decimos que el amor reside o se asocia al corazón, si este órgano no es más que un músculo? ¿Por qué no asociamos el amor con el bíceps o el cuádriceps?
Porque sin el corazón, no podemos vivir, de igual manera que sin amor no podemos existir.
El amor es la esencia de nuestras vidas, porque provenimos de la esencia del amor que es Dios y Él nos ha hecho partícipes de su esencia y naturaleza de esta manera.
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domingo, 9 de septiembre de 2012
El amor verdadero
En aquel verde valle, la pequeña casita ocupaba un lugar privilegiado. Situada en una ladera de la montaña desde ella se veía tanto la hondonada que se extendía a sus pies hasta perderse entre los valles contiguos, como la panorámica que la cumbre del monte ofrecía nada más levantar la mirada. Era el lugar ideal para vivir, y también para trabajar. El único vestigio de civilización que podía apreciarse desde allí lo constituía una estrecha carretera que serpenteaba por el valle para ir buscando, poco a poco, sinuosamente, el pie de la casa.
Aquella casa servía de lugar de acogida para personas que necesitaban ser atendidas, que necesitaban ser amadas.
Allí había personas enfermas, ancianas, solitarias; todas ellas con alguna falta esencial en sus vidas, carencias físicas, carencias espirituales, carencias afectivas. Quizás de todas ellas, las del corazón eran las más dolorosas, pues muchas personas sufrían por padecer alguna enfermedad, pero quizás las que mostraban un sufrimiento mayor eran las que habían experimentado el dolor en sus afectos.
De todas ellas se ocupaba el personal del centro que abarcaba desde personas muy sensibles, comprensivas y pacientes hasta otras que no lo eran tanto. Al frente de todas ellas destacaban por su experiencia y su dominio de las situaciones dos mujeres: sus nombres eran Sara y Susana. Las dos procuraban hacer bien su trabajo, pero su diferente carácter hacía que al final los frutos fueran muy distintos.
Sara era más paciente y había logrado controlar las situaciones que a diario se presentaban en un centro en el que los problemas se hallaban siempre a flor de piel. Susana, por el contrario, era una persona de carácter que afrontaba las situaciones difíciles con aspereza.
La vida transcurría apaciblemente en aquella casa, como si cada día fuera a acabarse todo, como si todos los días se prolongaran hasta la eternidad.
Un día, Sara vio a un coche acercarse en lontananza por la carretera cuando apenas era visible y el rugido de su motor ni siquiera llegaba a susurrar en su oido. No pasó mucho tiempo hasta que el coche alcanzó la casa y se bajaron sus ocupantes. Un señor mayor avanzaba con dificultad ayudado por una mujer y un hombre. Se veía que tenía algún padecimiento serio pues su semblante reflejaba dolor y angustia y caminaba un poco encorvado y trabajosamente. Sara avisó a Susana y salieron ambas a recibir a aquella comitiva que se acercaba cada vez más a la puerta de la casa.
Tras el saludo de cortesía habitual, se presentaron los visitantes y entonces fue cuando ellas se enteraron de que aquel hombre se llamaba Moisés. Sara se dio cuenta de que él la miraba con un brillo especial en sus ojos, si bien no hizo ningún comentario a Susana, pues ella no se tomaba siempre a bien todo lo que le decía. Recibieron a aquel hombre y lo introdujeron en la casa hasta donde estaría su alojamiento personal.
Susana no observó nada anormal en él, era un enfermo más, que traería sus problemas para compartirlos con ellas, mientras que Sara quedó enganchada en la mirada de aquel señor que, por momentos, iba cautivando su pensamiento.
Los días fueron transcurriendo. Sara seguía procurando atender a todos los que tenía a su alrededor con la mayor bondad que podía, hablaba con un tono de voz moderado y procuraba controlar su genio ante cualquier contratiempo que se presentara. Susana mostraba, sin embargo, un semblante más inmoderado, más seco y distante. Con Moisés, ambas se mostraban tal y como eran, de lo que él fue dándose cuenta con el transcurrir de los días.
Cuando habían pasado tres meses, Moisés mandó a llamar a las dos responsables, a Sara y Susana. Él las esperaba en una sala con un gran ventanal por el que entraba el sol a raudales, con una claridad inusual, pero sin hacer ningún tipo de daño. Moisés permanecía en pie, cerca del ventanal, mientras esperaba a que ambas llegaran. No tardó mucho en llegar Sara, que se extrañó de la luz tan arrolladora que llenaba aquella estancia, y que casi le impedía ver a Moisés. Casi a la vez llegó Susana, que se fijó en lo mismo.
Los tres permanecían en silencio, mientras Moisés no dejaba de mirar por el ventanal hacia el profuso sol sin sentir la más mínima molestia. Poco a poco se volvió y las dos quedaron muy extrañadas, casi asustadas. Moisés ya no caminaba de manera vacilante y pesada, su mirada era limpia y serena y no revelaba ninguno de los padecimientos que ellas habían podido constatar en estos tres meses de su estancia allí. Él se acercó a ellas y las miró a los ojos.
"Antes de venir aquí sabía que me iba a encontrar claridad y oscuridad, luz y sombra, calor y frialdad. Y decidí venir a comprobarlo".
Ellas permanecían en silencio ante aquellas primeras palabras. Él prosiguió:
"He visto que el amargor se volvió dulzura, que la ira se tornó amor y la suavidad terminó por agrietarse. Vosotras habéis construido lo que sois. Quien antes era aceite que cura, hoy es veneno que mata. Quien antes era espinos, hoy es rosa."
"Sara: los duros reveses que recibiste en tu vida los has convertido en trampolín para crecer. Susana: eras una persona afable y cariñosa, pero el mundo, la codicia, la vanidad, la presunción, el egoísmo hicieron presa en tí y no te rebelaste; ellos hicieron de tí lo que hoy eres".
"Ambas habéis hecho uso de vuestra libertad y vuestra voluntad. Recibiréis en consonancia".
Ambas lo miraban con perplejidad. Sara recordó en este momento sus malos modos y sus errores del pasado y no dejaron de asaltarle lágrimas y pensamientos de arrepentimiento y dolor por el mal causado.
Susana, en cambio, quería justificar su situación; a duras penas reconocía que ella había cambiado a peor, pues pretendía convertir toda su existencia en una excusa para su carácter actual.
"Si yo hubiera sabido que tú, el Rey de la Luz estabas aquí, si te hubieras hecho presente...
...entonces tu amor no habría sido verdadero sino sólo una apariencia", sentenció Moisés.
Amar es una cualidad divina. Hemos sido llamados a compartirla con Él. Ver a Dios cara a cara es ser como Él, pues la fe se convierte en evidencia. Pero para ser como Él, que es el amor, para relacionarnos con Él, tenemos que conocer previamente el amor, pues ¿cómo vamos a amarle entonces si no lo hemos amado antes?. Una cierta oscuridad es necesaria para abrir nuestro corazón al amor antes de la visión final.
Moisés las juzgó después de conocerlas, después de darles la oportunidad de cambiar sus vidas para mejor, no antes.
Jesús espera a la puerta de tu alma hasta el último momento a que lo invites a entrar. Pero no lo confíemos todo al último momento intentando sacar partido. Nuestra existencia se forja en una larga sucesión histórica de bienes y males, de aciertos y errores, pero confiar en el arrepentimiento final no es una buena opción.
Junto al mandato del amor, hemos recibido una prohibición: la de juzgar a los demás. Si queremos empezar a amar, tendremos que dejar de juzgar.
No te juzgarán por el peso que tengas colgado de tus pies, sino por la agilidad con que hayas batido tus alas para subir, aunque a duras penas hayas levantado el vuelo. Una vez libre de esa rémora, esas mismas alas te llevarán bien alto.
Ninguna obra de arte se termina en un sólo brochazo, en un sólo golpe de martillo, con un sólo golpe de gubia, con un sólo ladrillo, sino con la paciencia de una larga labor. Este es el camino seguro para el artista.
Un golpe en el yunque es inútil si el artífice es inexperto e inhábil. También es inútil si el golpe no tiene la finalidad de crear una hermosa artesanía de la forja. Incluso, yendo aún más allá, si el metal es demasiado blando, no obtendremos la obra artística hermosa que buscamos. Golpear por golpear no lleva a nada.
Sin embargo, nuestro artífice es el más hábil de los artesanos y su intención irrevocable es la de hacer de cada uno de nosotros la mejor de sus obras. La dureza de nuestro corazón ha de ser moldeada por el artesano, y eso a veces duele. Esos golpes no son estériles si los recibimos con esta finalidad.
Nuestra vida es lo bastante corta como para que la entendamos como un regalo de Dios y nos apresuremos en emplearla para amar.
Y es lo bastante larga como para tener tiempo de recibir innumerables oportunidades para mejorarla y crecer.
No somos lo que nuestras circunstancias hacen de nosotros;
somos lo que nosotros hacemos a partir de nuestras circunstancias, con la ayuda de la gracia de Dios.
somos lo que nosotros hacemos a partir de nuestras circunstancias, con la ayuda de la gracia de Dios.
sábado, 30 de junio de 2012
¿Qué hacer por nuestros hijos cuando crecen?
Respétalos a cada uno en su forma de ser. No pretendas que sean como tú. Enséñales a vivir al modo del evangelio según los dones y el carácter de cada uno.
Exprésales tu amor con gestos, besos, caricias, adecuados a cada momento, sin atosigarles pero que entiendan que tu apoyo y tu amor es incondicional, del mismo modo que Dios te ama sin condiciones.
Ellos te han de respetar porque eres su padre o su madre. No te rebajes a ser su amigo. Ellos tienen muchos amigos, pero sólo tienen un padre y una madre.
No los agobies con tus culpas o tus remordimientos de conciencia de juventud. Discierne si lo que haces con ellos es por bien de ellos o por tranquilidad tuya.
Si tu buen juicio te lleva a reconocer en sus vidas circunstancias o hechos que te hicieron sufrir a tí en el pasado, no pienses que no ha de pasarles a ellos lo que sí te pasó a tí o a otros que conociste, dejándote guiar por una falsa confianza en los tiempos modernos (en la mayoría de los casos, es pereza de enfrentarte al pensamiento dominante). No desperdicies tu propia experiencia y adelántate a las situaciones nocivas para evitarlas.
Muchos niños pasan sus tardes en soledad mientras sus dos padres trabajan. Haz lo que sea porque esto no suceda así. Piensa en cómo hacer cambios en esto. La soledad en estas edades es la madre de todas las perezas y los vicios. La mera compañía de una madre o un padre es un cimiento emocional y personal.
La fe es una propuesta, no una obligación. Dios no te obliga a tí a creer. Se consigue mucho más con una catequesis de vida basada en Fray Ejemplo que con muchas palabras.
Es preferible que reciban su formación en una institución religiosa. Pero no lo confíes todo a lo que reciban allí. Supervísalo y dirige tú su formación.
Haz tu trabajo y deja que Dios haga el resto. No pretendas controlarlo todo. Necesitas confiar en Dios. Pero eso no te exime de cumplir con tu labor con prontitud y detalle.
Te diría que hablaras con ellos, pero primero escúchales. A todas horas. Aunque te cuenten cosas banales. No te limites a oir sus palabras. Son SUS cosas y las quieren compartir contigo. Escúchales, escúchales, escúchales. No te permitas el lujo jamás de decir: "qué pesado eres, siempre con lo mismo".
La rutina no es algo malo, es necesaria para todos. Tú tienes tu rutina de vida que te la hace más llevadera. No les niegues a ellos su rutina de vida que la necesitan para comenzar a vivir: horarios regulares, tiempos reservados para el estudio, para el juego, para el esparcimiento, con flexibilidad pero con constancia, etc.
"Tienen que experimentar las cosas de la vida..." Falso. Ya se encargarán los acontecimientos de irse presentando sin que los llamemos. Háblales de las cosas malas que se puedan encontrar y prevénlos, pero no los expongas a malos ambientes en los que entren en contacto con personas o circunstancias que puedan sobrepasarles e introducirlos en un mal camino.
Existen lugares y momentos peligrosos en nuestro entorno. Como adultos los conoces perfectamente. No los infravalores y pienses que tu hijo tiene derecho a experimentar cualquier cosa. El veneno es veneno aunque venga en frasco de oro. Si tú, que eres su padre o su madre, no le avisas de las cosas perniciosas que pueden encontrarse, ¿quién lo hará?.
Comparte sus tareas y sus gustos. No todo lo que a ellos les gusta te tiene que gustar a tí (ni al contrario). Pero seguro que habrá algún tema de conversación o alguna tarea que pueda ser común, aunque sólo sea el fútbol. Utiliza esos temas como gancho para mantener tu conexión con ellos.
Cuando crezcan no pretendas ser el centro absoluto de sus vidas. Tu misión será la de seguir estando ahí, para que, si lo necesitan, tengan un puerto seguro al que volver.
Reza por ellos; convierte tu vida en una oración y una ofrenda incesantes por ellos.
Enlaces relacionados:
¿Qué podemos hacer por nuestros hijos?
Mi casa, ¿es digna de Jesús?
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Ellos te han de respetar porque eres su padre o su madre. No te rebajes a ser su amigo. Ellos tienen muchos amigos, pero sólo tienen un padre y una madre.
No los agobies con tus culpas o tus remordimientos de conciencia de juventud. Discierne si lo que haces con ellos es por bien de ellos o por tranquilidad tuya.
Si tu buen juicio te lleva a reconocer en sus vidas circunstancias o hechos que te hicieron sufrir a tí en el pasado, no pienses que no ha de pasarles a ellos lo que sí te pasó a tí o a otros que conociste, dejándote guiar por una falsa confianza en los tiempos modernos (en la mayoría de los casos, es pereza de enfrentarte al pensamiento dominante). No desperdicies tu propia experiencia y adelántate a las situaciones nocivas para evitarlas.
Muchos niños pasan sus tardes en soledad mientras sus dos padres trabajan. Haz lo que sea porque esto no suceda así. Piensa en cómo hacer cambios en esto. La soledad en estas edades es la madre de todas las perezas y los vicios. La mera compañía de una madre o un padre es un cimiento emocional y personal.
La fe es una propuesta, no una obligación. Dios no te obliga a tí a creer. Se consigue mucho más con una catequesis de vida basada en Fray Ejemplo que con muchas palabras.
Es preferible que reciban su formación en una institución religiosa. Pero no lo confíes todo a lo que reciban allí. Supervísalo y dirige tú su formación.
Haz tu trabajo y deja que Dios haga el resto. No pretendas controlarlo todo. Necesitas confiar en Dios. Pero eso no te exime de cumplir con tu labor con prontitud y detalle.
Te diría que hablaras con ellos, pero primero escúchales. A todas horas. Aunque te cuenten cosas banales. No te limites a oir sus palabras. Son SUS cosas y las quieren compartir contigo. Escúchales, escúchales, escúchales. No te permitas el lujo jamás de decir: "qué pesado eres, siempre con lo mismo".
La rutina no es algo malo, es necesaria para todos. Tú tienes tu rutina de vida que te la hace más llevadera. No les niegues a ellos su rutina de vida que la necesitan para comenzar a vivir: horarios regulares, tiempos reservados para el estudio, para el juego, para el esparcimiento, con flexibilidad pero con constancia, etc.
"Tienen que experimentar las cosas de la vida..." Falso. Ya se encargarán los acontecimientos de irse presentando sin que los llamemos. Háblales de las cosas malas que se puedan encontrar y prevénlos, pero no los expongas a malos ambientes en los que entren en contacto con personas o circunstancias que puedan sobrepasarles e introducirlos en un mal camino.
Existen lugares y momentos peligrosos en nuestro entorno. Como adultos los conoces perfectamente. No los infravalores y pienses que tu hijo tiene derecho a experimentar cualquier cosa. El veneno es veneno aunque venga en frasco de oro. Si tú, que eres su padre o su madre, no le avisas de las cosas perniciosas que pueden encontrarse, ¿quién lo hará?.
Comparte sus tareas y sus gustos. No todo lo que a ellos les gusta te tiene que gustar a tí (ni al contrario). Pero seguro que habrá algún tema de conversación o alguna tarea que pueda ser común, aunque sólo sea el fútbol. Utiliza esos temas como gancho para mantener tu conexión con ellos.
Cuando crezcan no pretendas ser el centro absoluto de sus vidas. Tu misión será la de seguir estando ahí, para que, si lo necesitan, tengan un puerto seguro al que volver.
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martes, 20 de septiembre de 2011
Reacciona: estás vivo... espero que lo logres (Video de Regnum Christi)
Un video sobre ser persona.
El sentido de la vida.
Para querer hay que querer querer.
Si no te mueves, nunca tendrás la opción de mejorar.
Imágenes y audio al servicio de tu ser, no de tus sentidos.
Meditar, trascender, ir más allá para encontrarte a tí mismo.
Vivir la propia vida de entrega a los demás; lo contrario, no es vivir.
(Puedes ver el video y descargarlo en el siguiente enlace. Te recomiendo que busques un momento de paz en tu exterior y en tu interior para verlo. Duración: 14' 26")
Enlaces relacionados:
Amor sólido (Videos)
La adoración eucarística perpetua (Videos)
Milagros eucarísticos (Videos)
sábado, 10 de septiembre de 2011
Contra la "muerte digna"
En recientes fechas, en España, hemos vivido el caso de una anciana, Ramona Estévez, que tras sufrir un infarto cerebral y hallarse en extrema gravedad, las autoridades han decidido dejar de alimentarla para que falleciera, invocando la "Ley de muerte digna". Ramona ha sobrevivido durante 2 semanas sin alimentación, al cabo de las cuáles, falleció.
Esta Ley que nos gobierna en el Sur de España permite que a un enfermo en estado terminal se le deje de alimentar, es decir, que se le mate por hambre. Es difícil imaginar una crueldad mayor, porque aunque supuestamente se hallaba sedada, no podemos ni imaginar qué habrá ocurrido por su mente estos días.
Estas prácticas eugenésicas, propias de cualquier régimen de inspiración hitleriana, se nos quieren vender como "progreso", "avance" y "calidad de vida".
Ante las frecuentes consultas de personas preocupadas por que les puedan aplicar algún día esta Ley (esperemos que prontamente derogada), la asociación de Abogados Cristianos ha elaborado un modelo de declaración que cualquier anciano o persona de salud precaria puede firmar para el caso de que llegara a una situación en la que no se encuentre consciente ante su agravamiento, pueda haber expresado su deseo de no ser sometido a dichas prácticas.
Adjunto en este mensaje dicho modelo en formato word y pdf.
Modelo de declaración (word, 39,5 kb)
Modelo de declaración (pdf, 26,2 kb)
Fuente: Hazte Oir
Enlaces relacionados:
Curar a los enfermos, sin eliminar a nadie
Esta Ley que nos gobierna en el Sur de España permite que a un enfermo en estado terminal se le deje de alimentar, es decir, que se le mate por hambre. Es difícil imaginar una crueldad mayor, porque aunque supuestamente se hallaba sedada, no podemos ni imaginar qué habrá ocurrido por su mente estos días.
Estas prácticas eugenésicas, propias de cualquier régimen de inspiración hitleriana, se nos quieren vender como "progreso", "avance" y "calidad de vida".
Ante las frecuentes consultas de personas preocupadas por que les puedan aplicar algún día esta Ley (esperemos que prontamente derogada), la asociación de Abogados Cristianos ha elaborado un modelo de declaración que cualquier anciano o persona de salud precaria puede firmar para el caso de que llegara a una situación en la que no se encuentre consciente ante su agravamiento, pueda haber expresado su deseo de no ser sometido a dichas prácticas.
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Fuente: Hazte Oir
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