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martes, 17 de mayo de 2016

44 preguntas sobre la vida de Jesús

El profesor de la Universidad de Navarra Don Francisco Varo publicó en 2006 en editorial Planeta un magnífico libro titulado "¿Sabes leer la Biblia?" de lectura recomendada para todo quien quiera introducirse en el conocimiento más profundo de las Sagradas Escrituras.

Él, junto con otros profesores, elaboraron hace unos años un canal de videos en Youtube con 44 preguntas y respuestas claras y breves sobre la vida de Jesús. En este artículo me he limitado a recoger los enlaces a dichos videos para facilitar su acceso. Todo lo bueno de los videos pertenece exclusivamente a sus autores. Cada vídeo tiene una duración de 3-4 minutos.

Tocan temas muy interesantes como quiénes eran los principales personajes que intervinieron en la Pasión de Cristo, así como circunstancias que rodearon a su muerte, como si verdaderamente resucitó o no.

1. ¿Fueron los milagros de Jesús trucos de magia?

2. ¿Por qué fue condenado Jesús a muerte?

3. ¿Tuvo hermanos Jesús?

4. ¿Qué relación hubo entre Jesús y la Magdalena?

5. ¿Qué relación hubo entre Pedro y María Magdalena?

6. ¿Qué ocurrió realmente en la Última Cena?

7. ¿Fue Jesús un revolucionario?

8. ¿Jesús resucitó realmente?

9. ¿Jesús era soltero o estuvo casado?

10. ¿Hay documentos históricos de Jesús fuera de la Biblia?
¿Qué es el Testimonium Flavianum?
11. El idioma en que hablaba Jesús, ¿era griego, latín, o cuál?

12. ¿Jesús fundó realmente la Iglesia o es una invención?

13. ¿Quién era Caifás?

14. ¿Qué era el Sanedrín?

15. ¿Cómo fue la muerte de Jesús?

16. ¿Qué sucedió en el Concilio de Nicea?

17. Fariseos, saduceos, esenios, celotes, ¿quiénes eran?

18. ¿Qué relación tuvo Jesús con Roma?

19. ¿Qué actitud mostraba Jesús ante las prácticas de penitencia?

20. ¿Quién fue José de Arimatea?
¿Qué es la unión hipostática?
21. ¿Quién fue el emperador Constantino?

22. ¿Qué fue el Edicto de Milán?

23. ¿Cuál es el estado de la investigación sobre Jesús?

24. ¿Qué es el evangelio de Judas?

25. ¿De qué trata el evangelio de María Magdalena?

26. ¿Quién fue María Magdalena?

27. ¿Quién fue Poncio Pilato?

28. ¿Qué se sabe realmente de Jesús?

29. ¿Qué es el Santo Grial?

30. ¿Dónde nació Jesús?
¿Qué significa IC XC NIKA?
31. ¿De qué manera se escribieron los evangelios canónicos?

32. ¿Qué diferencias hay entre evangelios canónicos y evangelios apócrifos?

33. ¿Qué fue la estrella de Belén?

34. ¿Fue un hecho histórico la matanza de los inocentes?

35. ¿Qué es la biblioteca de Nag Hammadi?

36. ¿Cuáles y cuántos son los evangelios canónicos y los apócrifos?

37. ¿Quiénes eran los apóstoles?

38. ¿Era normal que Jesús estuviera rodeado de tantas mujeres?

39. ¿Qué quiere decir la virginidad de María?

40. ¿Qué es el evangelio de Felipe?
La última oración de Jesús, el salmo 22
41. ¿Qué influencia tuvo San Juan Bautista sobre Jesús?

42. ¿Jesús nació en Belén o en Nazaret?

43. ¿Qué aportan los manuscritos de Qumrán?

44. ¿Estuvo casado San José por segunda vez?


Otros enlaces:
¿Tenemos que poner siempre la otra mejilla?
Jesús, el gran Ingeniero del mundo
Las 7 presencias de Cristo








jueves, 5 de mayo de 2016

Las siete presencias de Cristo

Todo cristiano debería conocer cómo encontrar a Cristo en nuestras vidas y hacerlo presente  de manera real. El encuentro con Cristo es indispensable en la vida de fe, pues qué es la vida cristiana sino el encuentro con Él. Sabemos que Dios lo ocupa todo y está presente en cualquier sitio, pero a Cristo, como Hijo encarnado, podemos encontrarlo en siete lugares precisos que nos ha dejado con sus propias palabras.

Toda presencia implica una relación entre nosotros y Él. Y en esa relación habrá algo que nosotros podremos dar, y habrá también algo que podremos recibir. La consideración de esta doble vertiente de cada presencia de Cristo nos hará percibir el valor de cada una de ellas y cómo las tenemos que incorporar a nuestra vida de cristiano.

La primera presencia es la única presencia real y sacramental de las siete y la más excelsa, y es la Eucaristía. Jesús lo dice en la Última Cena: "Tomad y comed, esto es mi cuerpo,... tomad y bebed, esta es mi sangre" (Mt 26, 26-28). Jesús no deja lugar a dudas: dice ES. Y añade: "Haced esto en memoria mía". Y como sacramento, la Eucaristía es un signo de la actuación de la gracia de Dios entre nosotros mediante algo que podemos tocar y hacer nuestro. Además la Iglesia se hace y se reúne alrededor de la Eucaristía, en la celebración del sacrificio de la Misa y en la adoración perpetua por toda la tierra.

Por la inhabitación donde está una persona de la Santísima Trinidad, están las otras. Y en la Eucaristía están realmente presentes las tres por dicha cualidad. "Quien me ha visto a mi ha visto al Padre". La Eucaristía por tanto es una apoteosis trinitaria para la Iglesia.
Qué me da Jesús en la Eucaristía: el Santísimo Sacramento es un alimento para darnos fuerza y consuelo. Ese es el sentido de que Cristo haya querido quedarse entre nosotros en forma de alimento, ser nuestro refrigerio en la vida, incorporarse a nosotros. Pero también Cristo con su sola presencia nos transmite esa fuerza y ese consuelo.

Qué quiere de mí: Él necesita comulgarte, igual que tú le comulgas a Él. Él necesita estar contigo. Dos personas que se aman se comunican sus necesidades mutuas. No tengo que acercarme a comulgar cuando yo lo necesite, sino también tengo que pensar en que Él me necesita a mí, obviamente no porque Él carezca de nada sino porque sabe que si yo le doy mi amor, será mi felicidad completa.
La segunda presencia está en la jerarquía de la Iglesia: "Quién a vosotros os escucha a mí me escucha" (Lc 10, 16). "Lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo... " (Mt 18, 18). La jerarquía eclesiástica es el medio por el que la Revelación de Dios a través de Cristo se transmite a toda la Historia de la humanidad. Y es el garante de que la Revelación no se distorsiona, ni se inventa, ni se oculta. La jerarquía además hace posible que Dios actúe en su pueblo mediante los sacramentos (signos) que nos atienden en distintos momentos de nuestra vida. No son dueños de los sacramentos, sino meros administradores de ellos.

Jesús está presente así mediante sus sacramentos y su enseñanza, siendo la jerarquía el vehículo por el que esa presencia de Cristo se transmite a nosotros.
Qué me da Jesús: Dado que a través de la jerarquía podemos acceder de forma segura a la Revelación, obtenemos la certeza de la luz y el perdón. Nos da luz para nuestros problemas: el Magisterio de la Iglesia, a través de distintos medios y formas. Y también el perdón cuando comprobamos que nuestra conducta se ha desviado de lo que debíamos hacer.

Qué quiere de mí: obediencia y humildad. Obediencia para aceptar la luz, no distorsionarla ni olvidarla, y humildad para pedir perdón cuando hemos caído.
La tercera presencia está en la propia conciencia, dentro de cada uno de nosotros. Es la más delicada, pues la conciencia es manipulable, elástica y ha de ser formada, y en esta tarea tenemos que poner nuestro esfuerzo como cristianos. Esta voz tiene que estar en sintonía con la del magisterio eclesiástico. La voz de mi conciencia no puede estar por encima de la voz de la Iglesia, ni erigirse en juez de aquélla. Y Cristo me habla a través de mi conciencia incluso cuando estoy en pecado.
Qué me da Jesús: su asistencia en cada problema de cada día. No podemos esperar que cada situación que se nos presente esté recogida en el Catecismo detalladamente, o la consultemos con nuestro director espiritual. No es posible en el día a día. Una conciencia bien formada nos ofrece la presencia de Cristo hablando en el fondo de nuestra alma siempre que lo oigamos con sinceridad de corazón.

Qué quiere de mí: docilidad. La voz de la conciencia nos guía en las cosas más pequeñas de nuestra vida iluminada por la luz del Magisterio de la Iglesia y tenemos que ser dóciles a ella. Jesús quiere que escuche a mi conciencia con tranquilidad, sin sobresaltos y evitando los escrúpulos innecesarios que terminan por robarnos la tranquilidad y apartarnos de la Paz de Cristo.
La cuarta presencia es la comunidad, Jesús en medio de los discípulos. "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy presente en medio de ellos" (Mt 18, 20). Reunidos por amor a Él. Jesús nos exige para esta presencia al menos dos personas, y así podemos reunirnos en la misa dominical, o en un grupo de oración, pero también en la familia. Podemos convertir nuestras casas en sagrarios para cobijar esta presencia de Cristo en medio de nosotros.

Qué me da Jesús: su consuelo y su ayuda porque podemos ver en el otro la mirada de Jesús. En el camino de Emaús el Señor se hace presente en medio de aquellos dos hombres. El Señor hace arder el corazón de dos o más que se pongan en su presencia y se encomienden a Él. Cuando compartimos nuestra experiencia cristiana cumplimos la necesidad que todos tenemos de pertenencia, afecto y crecimiento en la fe. La Eucaristía es la presencia augusta está ahí para cuando estamos solos, porque no necesitamos de otros para recibir la comunión o adorarle en el sagrario. Y también necesitamos a Cristo en el otro para compartir mutuamente la fe. Esta presencia viene a cubrir la necesidad de quien no puede acceder a la Eucaristía.

Qué quiere de mí: amor y disponibilidad. Compartir a Jesús en la comunidad no nos obliga a hacer de nuestras celebraciones o experiencias una especie de circo en el que todo se hable o se permita cualquier extravagancia, dado que si no participo, no estaría yo integrado en la comunidad. Jesús no exige otra cosa que la reunión en su nombre. Y a veces el precio de la unidad es la humildad cuando veo el ejemplo de fe de otros y cómo yo puedo mejorar mi respuesta personal a Cristo.

La quinta presencia de Cristo es la Palabra de Dios, la Escritura, la Santa Biblia. Especialmente en el Nuevo Testamento, donde tenemos la noticia de la encarnación del Hijo de Dios y su presencia entre nosotros. Esta presencia es también fundamental y deriva en algún modo de la segunda, pues es la Iglesia la que juzga qué textos han sido queridos e inspirados por Dios para guiarnos a todos.
Qué me da: luz, consuelo y guía. Actúa junto con el Magisterio y la conciencia. El Magisterio y la Revelación divina se basa en las enseñanzas del Señor que conocemos por el Nuevo Testamento. La conciencia zanja los pequeños problemas morales de cada día y se nutre del Magisterio y de la Palabra de Dios.

Qué quiere de mí: que lea las Escrituras, que conozca los hechos de Jesús y cómo los primeros apóstoles interpretaron sus palabras no escritas. Por la lectura de las Sagradas Escrituras iluminadas e interpretadas por el magisterio es como accedemos de modo más directo a las mismas palabras de Cristo.
La sexta presencia de Cristo es el necesitado. La encontramos en la parábola del Juicio del Rey: "Entonces el Señor dirá cuando lo hicísteis con uno de estos, conmigo lo hicísteis" (Mt 25, 32-46)
Qué me da: estar con el Señor, la salvación eterna. La parábola coloca la decisión sobre cada uno de nosotros por la atención al necesitado en nuestro juicio.
Qué tengo que dar: amor, tiempo, limosna, compañía. Todo en agradecimiento por el amor a Jesús, pues mi amor al prójimo deriva del amor a Dios.
La séptima presencia de Cristo es el corazón del que guarda su palabra. "El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él" (Jn 14, 23). Jesús pone dos condiciones, o más bien una primera condición que es causa de una segunda condición: primero debemos amarle, y como consecuencia de ese amor, cumplir su palabra. Entonces Jesús morará en nosotros.
Qué me da: Cuando amamos a Jesús y cumplimos de verdad su palabra, tenemos la posibilidad de tener una conciencia tranquila y limpia y gozar de la Paz de Cristo. "Fácilmente estará contento y sosegado el que tiene una conciencia limpia" (Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis, libro segundo, capítulo VI).
Qué quiere de mí: El Señor me quiere a mí, y quiere habitar en mi corazón. Quiere que, por tanto, sea agradecido con Él, porque me llena con su gracia y me da la paz, aunque no la sienta. Y esta paz de hoy ya tiene vestigios de eternidad.
La elaboración de este artículo está inspirada, en las seis primeras presencias, en una conferencia del P. Santiago Martín disponible en video en este enlace.


martes, 26 de abril de 2016

La parábola del buen samaritano: lo que dice y lo que no dice

El pasaje del buen samaritano es uno de los más citados en la nueva pastoral surgida tras el posconcilio. Así lo ha apuntado el Papa emérito Benedicto en su reciente entrevista. Analicemos un poco dicho pasaje para extraer su enseñanza, para lo cual transcribo aquí el texto de la web vaticana:

Jesús volvió a tomar la palabra y le respondió: «Un hombre bajaba de Jerusalén a Jericó y cayó en manos de unos ladrones, que lo despojaron de todo, lo hirieron y se fueron, dejándolo medio muerto. Casualmente bajaba por el mismo camino un sacerdote: lo vio y siguió de largo.
 

También pasó por allí un levita: lo vio y siguió su camino. Pero un samaritano que viajaba por allí, al pasar junto a él, lo vio y se conmovió.

Entonces se acercó y vendó sus heridas, cubriéndolas con aceite y vino; después lo puso sobre su propia montura, lo condujo a un albergue y se encargó de cuidarlo. Al día siguiente, sacó dos denarios y se los dio al dueño del albergue, diciéndole: "Cuídalo, y lo que gastes de más, te lo pagaré al volver".


¿Cuál de los tres te parece que se portó como prójimo del hombre asaltado por los ladrones?». El que tuvo compasión de él», le respondió el doctor. Y Jesús le dijo: «Ve, y procede tú de la misma manera»

Lc 10, 30ss

El hombre apaleado probablemente era judío, pues dice el texto que bajaba desde Jerusalén a Jericó. El contraste viene dado porque los dos primeros que se lo encuentran medio muerto tras haber sido asaltado también son judíos, o al menos pertenecen a una tradición judía: un sacerdote y un levita.

Sin embargo, quien lo atiende y se hace cargo de él es un samaritano. Los samaritanos y los judíos no se podían ver. De hecho los samaritanos no iban a Jerusalén a hacer sus sacrificios al Templo, sino que tenían su propio santuario en el monte Garizim. Y cuando un judío tenía que viajar hasta Galilea, prefería cruzar el Jordán y bajar por la otra orilla del río, antes que cruzar la Samaría.

Esto se aprecia notablemente en el episodio del encuentro del Señor con la samaritana (Jn 4), en el que le pide de beber. Todos se extrañan de cómo un judío le pide de beber a una samaritana.

Todo esto viene a resaltar en la narración del Señor cómo los propios conciudadanos del apaleado lo ignoran, mientras es el samaritano (el enemigo mortal) el que lo atiende y cuida. Maravillosa la lección del Señor sobre nuestra actuación en la vida, siempre que extraigamos de la parábola la enseñanza que la parábola nos da:

La Parábola del buen samaritano DICE:

- que tenemos que asistir a quien lo necesite, sin fijarnos si es nuestro amigo o enemigo. La parábola dice que bajaba "un hombre" sin aclarar si era judío o no. Esto está claro y siempre lo ha estado: no tenemos excusa para esquivar a la persona que lo necesita.

- la parábola surgen en la boca del Señor para explicar quién es mi prójimo y qué es portarse como prójimo de alguien. Para el judío el único prójimo era otro judío. En el libro del Deuteronomio se dice:"si el asno de tu hermano cae, lo ayudarás a levantarse" (Dt 22, 4)(Ex 23, 5) entendiendo "hermano" como sinónimo de judío. Jesús se distancia de ese concepto y ante la pregunta de qué es necesario para salvarse, dice que el amor a Dios y en segundo lugar, el amor al prójimo.

La Parábola del buen samaritano NO DICE:

- cuando Jesús propone esta parábola y dice que el samaritano actuó como prójimo de un desconocido que había allí, no quiere decir que no tenga que hacer lo mismo si se encuentra a otro samaritano. Hacer decir esto al texto sería absurdo. Si un cristiano se encuentra a un no cristiano apaleado, tiene que socorrerlo, pero si se encuentra a un cristiano también tiene que socorrerlo. Y aquí puede iluminarnos San Pablo: "el que no se ocupa de los suyos, especialmente de los que conviven con él, ha renegado de su fe y es peor que un infiel" (1 Tim 5, 8).

- el buen samaritano, una vez que ha atendido los primeros auxilios del necesitado (la primera noche) deja dinero al posadero y le promete que a la vuelta le pagará lo que haya gastado de más. El samaritano sabe que volverá por ese camino (lo dice él mismo), y suponemos que su viaje se debe a que tiene algunas obligaciones que cumplir (que desconocemos). El samaritano no descuida sus obligaciones pues ambas cosas pueden hacerse a la vez.

- El interés de Jesús no es mostrar hasta qué punto tiene que llegar el samaritano por atender a aquel hombre necesitado, sino simplemente eliminar cualquier traba a que otra persona, distinta a nosotros, sea digna de nuestra atención. El samaritano cuida a la persona lesionada hasta procurar su recuperación, pero no le da las llaves de su casa.

Utilizar la parábola del buen samaritano para justificar cualquier decisión de política internacional es un desatino en nuestro mundo occidental. El buen samaritano nos recuerda que debo amar a todos sin hacer distinciones y atenderlos en sus necesidades sin que tenga que poner en juego mi integridad, ni mi hogar ni mi misión en la vida.

jueves, 14 de abril de 2016

¿Tenemos que poner siempre la otra mejilla?

El Señor es muy claro en su enseñanza: "Si alguien te golpea en una mejilla, pon la otra" (Mt 5, 38-41).

Pero tenemos que reflexionar sobre este mandato de Jesús, puesto que podemos olvidar el destinatario al que está dirigido ni el contexto en el que está dicho.

Comenzando por el contexto, dicha frase se pone en relación con la ley del Talión del Antiguo Testamento, ojo por ojo y diente por diente. La caridad instaurada por Jesús no es esa, sino la de saber perdonar al que nos ofende.

En cuanto al destinatario de esta ley promulgada por Jesús no hay que olvidar que la defensa a la que Él alude puede darse en dos situaciones bien diferenciadas:

- Una ofensa o ataque dirigido a mí personalmente, en el ámbito puramente individual. Evidentemente si alguien se dirige a mí ofensivamente, la mejor opción que tengo, propuesta por Jesús, es poner la otra mejilla por lo que todo mi esfuerzo tiene que ir encaminado a que esa sea mi respuesta como cristiano. La caridad cristiana exige de mí el perdón, si quiero ser perdonado.

- Una ofensa o ataque dirigido a una colectividad a la que represento o a la que tengo la obligación de defender. En este caso, el bien dañado no es exactamente mi persona o mis ideas, sino una pluralidad de personas o un ente superior que espera de mí su defensa.

Por ejemplo, podíamos pensar en un atacante que entra en mi casa y pretende causar daño a mi familia; o un país fronterizo que pretende invadir el nuestro por la fuerza; o cualquier pueblo que pretenda imponer coactivamente sus ideas o religión en mi espacio vital (ciudad, región, país) de manera que yo quede desplazado.

En este caso último, el precepto de Jesús no puede ser aplicable, simplemente porque el bien que ha sido dañado no me pertenece personalmente, sino que existe un deber por mi parte de protegerlo, y otras personas (mi familia, mis compatriotas, mis conciudadanos que coinciden en mi manera de pensar o sentir) esperan de mí que yo cumpla ese deber.

En tal caso, ejercer la caridad por mi parte (pongo la otra mejilla) siendo otro el que es abofeteado o herido (mi casa usurpada, mi país invadido) puede llegar a ser una farsa. Para mí no existe tal caridad, pues la caridad (=amor) nos obliga precisamente a no consentir dicho daño.

De hecho, el no cumplir ese deber (el de proteger a mi familia o a mi patria, o a mi religión) se puede convertir en una falta si gracias a mi inacción, otra persona sufre un menoscabo.

El ejemplo perfecto lo tenemos de la mano del mismo Jesús. ¿Qué es la Pasión sino poner la otra mejilla a toda clase de insultos y vejaciones injustas recibidas por Él, Santo entre los Santos? Pero el mismo Jesús que puso su mejilla de forma tan nítida y sin retener nada para sí, es el que nos muestra este otro pasaje:

"Se acercaba la Pascua de los judíos. Jesús subió a Jerusalén y encontró en el Templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas y a los cambistas sentados delante de sus mesas.
Hizo un látigo de cuerdas y los echó a todos del Templo, junto con sus ovejas y sus bueyes; desparramó las monedas de los cambistas, derribó sus mesas y dijo a los vendedores de palomas: «Saquen esto de aquí y no hagan de la casa de mi Padre una casa de comercio». Y sus discípulos recordaron las palabras de la Escritura: El celo por tu Casa me consumirá" (Jn 2, 13-17).

En este pasaje Jesús invoca el derecho que está protegiendo expulsando a todos aquellos del Templo: "... no hagan de la casa de mi Padre ..."

Jesús lo dice claro: cuando la ofensa se dirige al respeto que debía tenerse en la ley antigua al Templo como casa de oración y adoración al Padre, entonces no hace uso de su precepto de poner la otra mejilla, sino que activamente protege ese bien dañado.

El Catecismo de la Iglesia lo dice claramente en el número 2240: "La sumisión a la autoridad y la corresponsabilidad en el bien común exigen moralmente el pago de los impuestos, el ejercicio del derecho a voto, la defensa del país".

Nadie en su sano juicio invoca el precepto de Jesús para justificar que no cierre la puerta por la noche al acostarse como un medio de acogida a cualquiera que pueda querer entrar; o lo invoca para no dañar al invasor que invade nuestra casa o nuestro país.

No podemos olvidar los casos de la Historia en la que mediante el uso de la fuerza, otras religiones impusieron su presencia coactivamente en territorios fuertemente romanizados y cristianizados (Norte de África) y que esto supuso la práctica desaparición de la cultura cristiana antigua de esas zonas.

No pensemos que Europa es inmune a estas mismas circunstancias históricas. Más bien la amenaza es cierta y abierta. La defensa es un deber y una obligación, no un pecado. Hoy los ataques a occidente no vendrán por invasiones masivas como en otros tiempos, sino por la infiltración lenta y taimada, pero cierta. Y si no nos acordamos de cerrar la puerta por la noche, ocurrirá lo que no queremos.

jueves, 5 de julio de 2012

¿Por qué encendemos velas?


Los cristianos desde los primeros tiempos encendemos velas en el momento de la oración, para recordar que el primer acto creador de la historia fue separar la luz de las tinieblas.

"Dios Dijo: Que exista la luz. Y la luz existió. Y vio Dios que la luz era buena." (Gn 1, 3)


Jesús dijo: "Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no caminará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida" (Jn 8, 12).


Mediante el simbolismo de las velas conectamos el primer acto creador de Dios al principio de los tiempos, con Jesús como Palabra emanada del Padre de una vez para siempre.


Que cuando uses velas en tu oración, o veas que se usan en la Misa a la que asistas, pienses en este simbolismo para enriquecer tu participación en la liturgia de la Iglesia, para actualizar con el sencillo gesto de encender unas velas el poder creador de Dios sobre nosotros.


(Gracias a las enseñanzas de Frank Morera)


Enlaces relacionados:
Calendario de celebraciones pascuales (hasta 2042)

jueves, 14 de junio de 2012

Si no te sientes satisfecho...

Si eres un cristiano tibio desde tu infancia y nunca has tenido un compromiso firme con tu fe ...


Si buscas algo nuevo en tu vida que la llene, y lo que encuentras no te satisface ...


Si tu vida de fe te ha llevado a unos ritualismos que han terminado por manifestarse vacíos y rutinarios ...


Si sientes que son mayoría las voces que resuenan en nuestras sociedades que hablan de muerte (aborto) y odio, y no te encuentras cómodo así...


Si has bebido de las aguas de muchas doctrinas y ninguna ha calmado tu sed...


Si sabes que amar es mejor que odiar y que perdonar es mejor que la venganza, pero aún no lo has puesto por obra...


-

- Conócelo, apréndelo todo sobre Él, Su vida, Sus palabras, Sus enseñanzas.


- Habla de Él con tus amigos, tu familia, tus conocidos. No lo escondas a los demás.


- Ten intimidad con Él. Es un amigo constante y fiel que siempre te escucha y  que está dispuesto a brindarte su regazo siempre que lo necesites.


- Colócalo cerca de tí, en tu mesa de trabajo, en tu casa donde puedas mirarlo para que te inspire y te consuele.


- Déjate curar por Él. No te obceques en tu mal, pues Él quiere tu bien. Déjate tú sanar por Él, no seas tú el impedimento para tu propia salud.


- Reconócelo como tu Señor, Salvador y Juez. Nunca semejante Señor estuvo tan cerca tuyo siempre.


- Él saciará tu sed como nadie más lo hará. Prueba y lo verás.


- Él anduvo por nuestras tierras, respiró nuestro mismo aire y se alimentó de sus mismos frutos. Él bendijo con su presencia todo lo que nos rodea.


Enamórate de Él, y entonces vivirás tu fe de modo pleno.

viernes, 8 de junio de 2012

Jesús, el Gran Ingeniero del mundo

Jesús, Gran Ingeniero del mundo
de tu mano poderosa nació todo nuestro saber,
hasta el que no conoceremos nunca.


Entre nosotros, quisiste someter tu grandeza al cuidado amoroso de San José, príncipe y patrón de los ingenieros.


Tú has querido mostrarte escondiéndonos tu misterio en las ecuaciones diferenciales irresolubles.


Has manifestado tu inabarcabilidad en el infinito campo de los números, en igualdades como 0,9999... = 1, en el espacio inconmensurable que nos rodea.


Tu poder asombra a los científicos más sabios cuando juegas con el número pi, el número e o la razón áurea que aparecen por tu mano en los lugares más recónditos del saber.


Podemos palpar los vestigios de tu infinitud cuando decimos que una recta se prolonga sin término, que el espacio cartesiano no tiene fin, que el límite de una función tiende a infinito.


Tú has querido manifestar tu omnipotencia en los axiomas de la Matemática, entregándonos herramientas que no podemos demostrar.


Nos demuestras tu eterna sabiduría cuando surgen nuevos teoremas tras solucionar otros que han permanecido irresolutos durante 300 años.


Nos has permitido reproducir la vida humana y adaptar nuestro entorno transformándolo para que sea nuestro hogar, aun en los lugares más recónditos y adversos, pero no nos permites crear de la nada ni una brizna de materia o energía, reservándote para Tí tu inmenso poder creador.


Nos das las habilidades para crear una máquina colosal como el LHC (Gran Colisionador de Hadrones) aun sabiendo como sabemos que no podremos usarlo para crear nada sino solamente para conocer mejor tu obra y el amor que ella encierra.


Conocemos al mismo tiempo la naturaleza interna del estallido desenfrenado de una supernova y las ecuaciones que gobiernan la transferencia de calor de la brisa sobre nuestra piel, convirtiéndonos en "nuevos Elías" a la entrada de su cueva en el Horeb.


Igual que nos dejaste tu evangelio para conocerte a Tí, también nos dejaste la manera de conocer mejor tu obra: el método científico.


Señor, quisiera pegarme cada vez más a Tí como una función a su asíntota.


Quisiera abrazarte como una parábola abre sus brazos hasta el infinito, sin cansarme de buscarte.


Quisiera añadir obras de amor a mi vida como a una serie de Taylor añadimos términos para buscar exactitud, siempre alrededor tuya, que eres la perfección suma.


Que no me canse de testimoniar tu evangelio, a pesar de mi imperfección, de la misma manera que un fractal se reproduce a sí mismo sin descanso.


Por Tí, las ciencias las escribimos con mayúsculas. Y sin embargo, sé que todo eso es nada al lado tuyo, que todo lo has puesto al alcance de nuestro conocimiento sólo para manifestarnos una sombra de tu poder y tu gloria.


Ante Tí me arrodillo y me postro, Señor, encerrado por amor en el Tabernáculo bajo el círculo perfecto e inconmensurable de la hostia consagrada.


Qué osadía la nuestra, la de querer enmendarte siempre la plana.


Enlaces relacionados:
Jesús muere en la Cruz, árbol de vida
¿Qué significa IX-XC Nika?
El Testimonium Flavianum

viernes, 17 de junio de 2011

La unión hipostática

Por unión hipostática en Cristo entendemos que en Él se dan presentes dos naturalezas: la divina y la humana, de manera indisoluble y sin confusión. En cuanto a la naturaleza divina, fue engendrada por el Padre desde toda la eternidad, y en cuanto a la humana fue engendrado de la Virgen María dentro del tiempo y la historia:

"Que se ha de reconocer a un solo y mismo Cristo Señor, Hijo unigénito en dos naturalezas, sin confusión, sin cambio, sin división, sin separación. La diferencia de naturalezas de ningún modo queda suprimida por su unión, sino que quedan a salvo las propiedades de cada una de las naturalezas y confluyen en una sola persona y en una sola hipóstasis, no partido o dividido en dos personas sino uno solo y el mismo Hijo unigénito, Dios Verbo Señor Jesucristo" (Concilio de Calcedonia -4º Ecuménico-, quinta sesión de 22 de octubre de 451; DS 302).

Cristo es una sola persona, no dos (de ahí el concepto de unión hipostática, es decir, unión de las dos personas), sin que cada naturaleza pierda sus peculiaridades, pues la unidad no suprime las diferencias. Esta unión es perpetua e indisoluble, lo cual significa que tras la resurrección y la ascensión a los cielos, el Hijo de Dios que se sienta a la derecha del Padre, comparte ambas naturalezas en su única persona:

"Después de la resurrección de nuestra naturaleza a Él unida, no se ha separado nunca del propio templo, ni puede separarse por razón de su inefable bondad..." (Anastasio II, carta In prolixitate epistolae al obispo Laurencio de Lignido, año 497; DS 358).

viernes, 9 de octubre de 2009

Un premio Nobel para un Papa

Todos los años recibimos noticias de premios que se otorgan a muchas personas e instituciones alrededor del mundo. Pero quizás los premios por excelencia, los que gozan de una popularidad especial son los premios Nobel.

No ha faltado la polémica en muchas concesiones de estos premios, en particular de los llamados premios Nobel de la Paz.

Este año ya hemos conocido que el premio ha ido destinado al presidente de los Estados Unidos. Quien ha alcanzado la presidencia de ese pais tiene a su cargo el mayor presupuesto militar del mundo, una industria de producción de armamento que es uno de los baluartes de su economía, compromisos con muchos paises e instituciones que no están basados en principios pacíficos, precisamente, etc.

Sin embargo, hay un Jefe de Estado de un pequeño territorio en el centro de Italia, que no dispone de ningún presupuesto de defensa ni invierte ningún caudal de dinero en promover ningún tipo de guerra u hostilidad en el mundo. Esta persona y la institución que encabeza, y a la que representa ante el resto de los hombres, han defendido la paz verdadera, la que no brota de una falsa justicia sino que se fundamenta en la verdadera. Y ha luchado por ella en numerosas ocasiones, con exposición de su propia vida.

Ese Jefe de Estado es el líder espiritual de 1.000 millones de católicos que siguen y aman a Cristo que es Príncipe de la Paz y que murió de la manera más pacífica y resignada que ha conocido la historia por amor a todos.

Sin embargo, ningún Papa ha recibido el premio Nobel de la Paz. ¿No ha habido Papas que han trabajado por la paz? Seguro que sí, pero probablemente no esté bien visto dar un premio de ese calado a la cabeza de la Iglesia Católica.

Benedicto XV sufrió los horrores de la I Guerra Mundial y trabajó arduamente por la paz.

Pío XII arriesgó su vida y la integridad del propio Estado Vaticano para defender a muchos perseguidos por el régimen nazi, aun cuando sabía que hubieran podido invadir el Palacio Apostólico con la máxima facilidad.

Juan XXIII hizo el mayor alegato en favor de la paz en el mundo en su encíclica Pacem in Terris, entre muchos hechos de su vida que hablan de su corazón pacífico.

Juan Pablo II trabajó arduamente para evitar los conflictos de la guerra del Golfo y la invasión de Irak.

Benedicto XVI no se cansa de hablar y predicar la paz allá donde va y se le escucha.

Pero ningún Papa ha recibido dicho premio. Ni siquiera la Iglesia Católica como institución.

Desde aquí brindo una pequeña idea para devolver el auténtico sentido a este premio: otorgar un último premio al valedor más importante de la paz de todos los tiempos: a Jesús de Nazaret.

A lo mejor tampoco esto está bien visto.

domingo, 3 de mayo de 2009

La invención de la Santa Cruz


Hoy 3 de mayo, la Iglesia Universal celebra la festividad de la Invención de la Santa Cruz por Santa Elena.

Tras haber recibido Constantino la visión celestial en la que veía una cruz con un emblema que decía: "In hoc signo vinces" (con este signo vencerás), su madre Elena, cristiana fevorosa, realizó un viaje de peregrinación a Tierra Santa con el fin de descubrir la cruz del Salvador.

Tras realizar excavaciones en el que supuso debería ser el lugar de la crucifixión, encontró un madero de la cruz que atribuyó ser la del Señor por los prodigios que realizaba. Sobre dicho lugar se levantó la Basílica del Santo Sepulcro.
Al volver a Roma, trajo consigo diversas reliquias que se conservan hoy día en la Iglesia de la Santa Cruz: unos clavos, un trozo grande de la cruz y el titulus.

Dicho hallazago lo realizó Santa Elena el 3 de mayo de 326.

El hecho de conocer la festividad como Invención de la Santa Cruz, procede del verbo latino invenio, que significa hallar o encontrar, por el hallazgo realizado por Santa Elena.

Enlaces relacionados:
Jesús muere en la cruz, árbol de la vida (9-abril-2009)
Sobre la Sábana Santa (23-marzo-2009)

viernes, 1 de mayo de 2009

Sobre el camino de Emaús


El pasado día 15 de Abril, en la Catedral de San Patricio, tomó posesión de la archidiócesis de Nueva York el Excmo. y Rvdmo. Sr. Timothy M. Dolan.

En la homilía de la Misa inaugural de su pontificado proclamó, en inglés y en español, la necesidad de reafirmar la doctrina católica recibida, sin cambios ni alteraciones, así como relató una anécdota que le sucedió en una de sus visitas a Tierra Santa.

La visita a los Santos Lugares había sido extensa y detallada. Una vez terminada, él se dirige al guía que le acompaña como echando algo en falta y le dice que su ilusión sería conocer la población de Emaús, pues le gustaría recrear el camino en el que Jesús se aparece a aquellos discípulos que se nos narra en el evangelio.

El guía, un poco desilusionado, le contesta que no puede satisfacer su petición, pues no conocemos dónde estaba Emaús o a qué población actual se corresponde el Emaús bíblico.

El arzobispo queda un poco perplejo de que esa población, que debía estar cerca de Jerusalén, haya desaparecido de la Historia y sólo permanezca su recuerdo a través del relato evangélico.

Sin embargo, esto le hizo reflexionar y sacar una conclusión: ¿y si la voluntad del Señor ha sido la de que Emaús desaparezca de nuestro conocimiento para que cada cristiano recree en su vida ese camino de Emaús de los discípulos? ¿No será, acaso, la Iglesia la encargada de hacer de su historia un permanente camino de Emaús en el que Jesús nos acompaña, veladamente, sin manifestarse a nuestros sentidos, pero enseñándonos la Escritura, haciendo de nuestro único compañero de camino, para desvelarse ante nuestros ojos al partir el pan?

La vida entera y particularmente la Misa serían, para nosotros, nuestro camino de Emaús del cristiano en el que vivimos la fe con la seguridad de que Él está con nosotros aunque no lo veamos, que nos enseña la Palabra de Dios aunque no lo oigamos y que se nos ofrece y nos desvela al alma en verdadera presencia en la Sagrada Eucaristía aunque nuestros sentidos nos engañen.

La Iglesia nos acoge en nuestro camino de Emaús, y Dios ha querido velar y ocultar la verdadera ubicación de aquel poblado, para enseñarnos que nuestro Emaús de cada día culmina con la Eucaristía, que es esa parusía, esa venida de Cristo a nosotros que se nos promete en el Apocalipsis y que se hace presencia real día a día en nuestra vida hasta que llegue a nosotros su definitiva presencia.

Emaús desapareció para que cada Misa sea nuestro Emaús. Bendito sea Dios. Gracias al Arzobispo Dolan por compartir su pequeña historia con nosotros.

Enlaces relacionados:
Los 3 libros imprescindibles del católico (16-marzo-2009)
Para saber sobre San Marcos (20-febrero-2009)
¿Existió Pilatos? (19-febrero-2009)

miércoles, 29 de abril de 2009

¿Qué significa IC XC NIKA?


El emblema que se representa por las letras IC XC + NIKA normalmente escritas alrededor de la cruz (ver la foto adjunta), es un cristograma o representación simbólica de la figura de Cristo por medio de letras y símbolos.

Este cristograma pertenece a la tradición griega y se interpreta de la siguiente manera:

Las letras IC XC se corresponden al nombre de Jesús en griego que es, trasliterado al alfabeto latino, Ie
souS XristoS. Siguiendo la tradición de los iconos griegos, para representar el nombre de Jesús y la Virgen María, se toman las primeras y últimas letras de su nombre. Así, tomando la primera y la última letra de cada palabra formaríamos IS XS. Sin embargo, en el koiné alejandrino y en el griego bizantino el grafema que se usaba para designar la sigma (S) era C. De hecho en el alfabeto cirílico actual, el grafema C tiene valor fonético de S.

Por lo tanto, el monograma original del nombre de Jesús es IC XC. El uso de superponerle una linea encima de cada par de letras sirve para designar que es una abreviatura.

Por otro lado la palabra NIKA proviene del verbo griego, transliterado al alfabeto latino, nikao, que significa vencer, conquistar. Dado que no es una abreviatura, no se le superpone una linea.

Por tanto el cristograma IC XC + NIKA alude a la condición de Jesucristo como victorioso sobre la muerte gracias a su sacrificio en la cruz.

Como curiosidad, el nombre de la conocida marca Nike proviene de la diosa griega Niké que era la diosa de la victoria; por lo tanto la raiz del nombre de la marca deportiva y la de niká del cristograma es la misma.


Enlaces relacionados:
¿Por qué el símbolo del pez?
El Denzinger
El Itinerarium Egeriae
Cinco reflexiones sobre el Amor
Índice de artículos bíblicos

sábado, 11 de abril de 2009

Christos Anesti, Cristo ha resucitado, Aleluya.



Khristos anesti ek nekron,
Thanato thanaton patisas,

Kai tis en tis mnimasi

Zo-in kharisamenos!

Cristo ha resucitado de entre los muertos
pisoteando la muerte con la muerte
y a aquellos en la tumba
concediéndoles la vida.


Himno pascual (Paschal Troparion) cantado por la liturgia bizantina y ortodoxa.



jueves, 9 de abril de 2009

Jesús muere en la cruz, árbol de vida


¡Oh Cruz fiel, árbol único en nobleza!
Jamás el bosque dió mejor tributo

en hoja, en flor y en fruto.

¡Dulces clavos! ¡Dulce árbol donde la Vida empieza

con un peso tan dulce en su corteza!


Cantemos la nobleza de esta guerra,
el triunfo de la sangre y del madero;

y un Redentor, que en trance de Cordero,

sacrificado en cruz, salvó la tierra.


Dolido mi Señor por el fracaso
de Adán,
que mordió muerte en la manzana,

otro árbol señaló, de flor humana,

que reparase el daño paso a paso.


Y así dijo el Señor: "¡Vuelva la Vida,

y que el Amor redima la condena!"

La gracia está en el fondo de la pena,

y la salud naciendo de la herida.

¡Oh Plenitud del tiempo consumado!
Del seno de Dios Padre en que vivía,
ved la Palabra entrando por María
en el misterio mismo del pecado.

¿Quien vio en más estrechez gloria más plena,
y a Dios como el menor de los humanos?
Llorando en el pesebre, pies y manos,
le faja una doncella nazarena.

En plenitud de vida y de sendero,
dio el paso hacia la muerte por que él quiso.
Mirad de par en par el paraíso
abierto por la fuerza de un Cordero

Vinagre y sed la boca, apenas gime;
y al golpe de los clavos y la lanza,
un mar de sangre fluye, inunda, avanza
por tierra, mar y cielo y los redime.

Ablándate, madero, tronco abrupto
de duro corazón y fibra inerte;
doblégate a este peso y a esta muerte
que cuelga de tus ramas como un fruto.

Tú solo entre los árboles, crecido
para tender a Cristo en tu regazo;
Tú, el arca que nos salva, tú el abrazo
de Dios con los verdugo del Ungido.

Al Dios de los designios de la Historia,
que es Padre, Hijo y Espíritu, alabanza;
al que en la Cruz devuelve la esperanza
de toda salvación, honor y gloria. Amén

(Himno de Laudes del Viernes Santo).

Enlaces relacionados:
Las Siete Palabras, en video (8-Abril-2009)
El salmo 22: La última oración de Jesús (2-Abril-2009)

jueves, 2 de abril de 2009

La última oración de Jesús, el salmo 22


Gracias al relato evangélico del calvario sabemos que una de las últimas palabras de Jesús fue: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27, 44; Mc 15, 34).

Sabiendo que Jesús era un judío que conocía sus tradiciones y que el salmo 22 comienza por las mismas palabras, es una hipótesis que no hay que rechazar que este salmo fuera la última oración con la que Jesús invocara al Padre durante su vida, dado que el pueblo judío ha orado siempre con los salmos.

Posiblemente Jesús, en esos momentos, no tuviera ya fuerzas para recitar verbalmente el salmo completo, pero la invocación del versículo inicial pudo venir a sus labios con la mente puesta en él.

Sigamos a Jesús en sus últimos momentos con este salmo y meditemos con Él.


SALMO 22


Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué estás lejos de mi clamor y mis gemidos?

Te invoco de día, y no respondes,
de noche, y no encuentro descanso;
y sin embargo, tú eres el Santo,
que reinas entre las alabanzas de Israel.

En ti confiaron nuestros padres:
confiaron, y tú los libraste;
clamaron a ti y fueron salvados,
confiaron en ti y no quedaron defraudados.

Pero yo soy un gusano, no un hombre;
la gente me escarnece y el pueblo me desprecia;
los que me ven, se burlan de mí,
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:
«Confió en el Señor, que él lo libre;
que lo salve, si lo quiere tanto».

Tú, Señor, me sacaste del seno materno,
me confiaste al regazo de mi madre;
a ti fui entregado desde mi nacimiento,
desde el seno de mi madre, tú eres mi Dios.

No te quedes lejos, porque acecha el peligro
y no hay nadie para socorrerme.

Me rodea una manada de novillos,
me acorralan toros de Basán;
abren sus fauces contra mí
como leones rapaces y rugientes.

Soy como agua que se derrama
y todos mis huesos están dislocados;
mi corazón se ha vuelto como cera
y se derrite en mi interior;
mi garganta está seca como una teja
y la lengua se me pega al paladar.

Me rodea una jauría de perros,
me asalta una banda de malhechores;
taladran mis manos y mis pies
y me hunden en el polvo de la muerte.

Yo puedo contar todos mis huesos;
ellos me miran con aire de triunfo,
se reparten entre sí mi ropa
y sortean mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme.
Libra mi cuello de la espada
y mi vida de las garras del perro.

Sálvame de la boca del león,
salva a este pobre de los toros salvajes.
Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,
te alabaré en medio de la asamblea:
«Alábenlo, los que temen al Señor;
glorifíquenlo, descendientes de Jacob;
témanlo, descendientes de Israel.

Porque él no ha mirado con desdén
ni ha despreciado la miseria del pobre:
no le ocultó su rostro
y lo escuchó cuando pidió auxilio»

Por eso te alabaré en la gran asamblea
y cumpliré mis votos delante de los fieles:
los pobres comerán hasta saciarse
y los que buscan al Señor lo alabarán.

¡Que sus corazones vivan para siempre!
Todos los confines de la tierra
se acordarán y volverán al Señor;
todas las familias de los pueblos
se postrarán en su presencia.

Porque sólo el Señor es rey
y él gobierna a las naciones.

Todos los que duermen en el sepulcro
se postrarán en su presencia;
todos los que bajaron a la tierra
doblarán la rodilla ante él,
y los que no tienen vida
glorificarán su poder.

Hablarán del Señor a la generación futura,
anunciarán su justicia a los que nacerán después,
porque ésta es la obra del Señor.


Enlaces relacionados:
Índice de artículos Bíblicos
El Salmo 23: El Señor es mi pastor
Los tres criterios de credibilidad de los evangelios
Video sobre el salmo 24


miércoles, 25 de marzo de 2009

Lo que sabemos de la Sábana Santa

(Procede de este otro artículo)

Con la Sábana Santa se ha seguido este procedimiento: la práctica totalidad de las pruebas apuntan a su autenticidad (esto es a que corresponde a un tejido usado en un enterramiento del siglo I en Palestina de una persona que sufrió una serie de tormentos similares a los que padeció Jesús en la Pasión). Sin embargo una sola prueba apunta a que es una falsificación del siglo XIII. Una sola prueba cuya seriedad está más que cuestionada hoy en día por la comunidad científica (y no solo por la defensora de la autenticidad) pues las infracciones al método científico que se cometieron en su ejecución fueron abrumadoras.

Pero esto da igual, el daño ya está hecho.

Da igual que las pruebas que prueban la autenticidad sean de tal naturaleza como las siguientes:

* el tejido se corresponde en cuanto a su naturaleza y forma de elaboración con el fabricado en telares del siglo I de Palestina.
* se encontraron y estudiaron pólenes incrustados en la sábana que proceden de plantas pertenecientes a las distintas ciudades por las que la historia nos dice que pasó la reliquia, incluso de plantas que hoy no existen en Palestina y sí existían en tiempos de Jesús.
* no se han hallado restos de pigmentos que se hayan utilizado para dibujar la imagen. Se ha podido demostrar que la impresión de la síndone es una pequeña chamuscadura superficial de cada fibra del tejido, que ha sido imposible reproducir con ningún método conocido sin quemar las fibras en su integridad.
* no se encuentra un método posible para imprimir en un tejido la imagen de un cadáver partiendo de hipótesis meramente naturales. Los propios científicos hablan de "chamuscadura causada por una radiación de origen y naturaleza desconocidos". La revista, cuyo artículo falsario comentamos, se inventa una presunta prueba que dice que reproduce la misma impresión de la sábana, pero eso es sencillamente falso.
* la imagen presenta tridimensionalidad, es decir, la intensidad de la chamuscadura es proporcional a la distancia que la sábana pudo tener en el momento de la Resurrección con respecto a las distintas partes del cadáver impreso. Esto sólo se pudo conocer al aplicarle un tratamiento sofisticado de imágenes diseñado para el estudio de la superficie de Marte. ¿En la Edad Media?.
* las distintas manchas de sangre que aparecen en la Sábana Santa se corresponden con sangre humana. Lo más impresionante es que según el tipo de heridas, donde debe aparecer sangre arterial se encuentra sangre arterial, y donde debe aparecer sangre venosa, se encuentra sangre venosa. La circulación sanguínea se postula por primera vez por Miguel Servet en el siglo XVI, por lo que es impensable que en una fecha anterior un falsificador tuviera los conocimientos necesarios para no cometer un error de este calibre.

¿Qué hacemos con todas estas pruebas después de la del Carbono 14? ¿Quedan anuladas sus conclusiones por arte de magia?.

Una nota a la posibilidad apuntada por la revista de la aparición de pigmentos en la Sábana. No he leido en ningún documento esa prueba realizada, pero para el caso de que esa verificación existiera apunto lo siguiente. En la tilma de la Virgen de Guadalupe de México, no se ha encontrado una explicación natural a la formación de la imagen en el tejido. Sin embargo sabemos que en distintos momentos históricos, la imagen sufrió repintes y añadidos por distintos artistas. Esto no invalida en absoluto el origen de la impronta en sí, sino simplemente documenta la existencia de retoques, nada más.

Existen maneras correctas de hacer ciencia y aplicar el método científico. Da igual las conclusiones que se obtengan. Pero cuando el método científico está sesgado desde el principio, no se hace ciencia, sino tergiversación e ideología.

lunes, 23 de marzo de 2009

Nuevo ataque contra la Sábana Santa


Hoy en día asistimos a un espectáculo cada vez más creciente en el que el conocimiento científico se utiliza para los fines espúreos del primer movimiento político o mediático que se lo propone para satisfacer sus propósitos propios. Si parecía que el conocimiento científico era algo inmutable, serio, formal, sujeto a severas normas para su desarrollo, cada vez sus postulados son usados de manera más frívola y superficial para la defensa de este o aquel grupo de intereses. Y todo eso en nombre de la ciencia, claro está.

Hace muy pocas fechas leí en una revista de divulgación científica española un artículo en el se recogen una serie de desmitificaciones de sucesos aparentemente paranormales que no lo son, a juicio del autor del reportaje.

Entre estos sucesos que hay que desmentir se encuentra la Sábana Santa de Turín.

Los cristianos sabemos que la autenticidad de la Santa Síndone no es materia de fe; es decir, que no condiciona para nada los postulados que constituyen nuestra fe. Se puede ser cristiano independientemente de que la Sábana de Turín exista o no, sea auténtica o no lo sea.

Sin embargo, existe un profundo temor en ciertos círculos a la posibilidad de que la sagrada reliquia puede ser la que cobijara el cuerpo del Señor en su sepultura, pues sería una posible prueba de la veracidad de la Resurrección. Ojo, que digo "prueba de la veracidad de la Resurrección", y no digo "prueba de la Resurrección", porque en realidad nunca sabremos si la imagen que vemos impresa en ella es la del Señor o no lo es, aunque todos los datos apuntan en esa dirección.

La última desacreditación de la Síndone que figura en la revista que he mencionado consiste en decir que existen pigmentos en la impronta de la imagen y que la prueba del Carbono 14 la dató como del siglo XIII.

Todo científico sabe que cuando al analizar un hecho o pieza arqueológica y realizar diversas pruebas sobre él, el resultado es que un 95% de los análisis apunta en la dirección A y el 5% apunta en la dirección NO-A (opuesta a la primera), esto no invalida la tesis A defendida por el 95% de las pruebas. Más bien la lógica nos empuja a dar crédito estadístico a la tesis A sobre la NO-A, y debería indagarse para dar una explicación razonable a los resultados favorables a la tesis NO-A: es decir, ver si los resultados son correctos y han sido obtenidos con arreglo al método científico, si tienen otra explicación posible, si pueden hacerse nuevas pruebas para solucionar la ambigüedad surgida, etc.

No basta con que un 5% de los resultados apunten en la dirección NO-A, para dar por cancelados e inútiles todos los resultados que apuntaban hacia A. Afirmar esto implicaría aceptar cosas absurdas. Y lo vamos a ver con la Sábana Santa en un próximo artículo en el que me extenderé sobre lo que sabemos de ella.

Enlaces relacionados:
Segunda parte de este artículo (25-Marzo-2009)

jueves, 26 de febrero de 2009

¿Qué es el Testimonium Flavianum?


El Testimonium Flavianum es la fuente extrabíblica más importante sobre la persona de Jesús que conservamos. Es un breve texto cuyo autor es Flavio Josefo, un historiador judío, probablemente natural de Jerusalén, que mantuvo buenas relaciones con las autoridades romanas, lo que le valió su fama de buen negociador.

En la guerra contra los romanos previa a la conquista de Jerusalén de 70, él lideró a los judíos sublevados en Galilea. Como consecuencia de los sucesos bélicos, terminó pasándose al bando romano, llegando incluso a participar en el asedio a Jerusalén, su propia ciudad.

En su época ya adulta, escribió sus cuatro obras principales en Roma: La más importante, la
Guerra de los Judíos, escrita antes de 80 en arameo. También escribió Las Antigüedades de los judíos, su Autobiografía y el Contra Apión.

El más voluminoso y el que nos interesa para el fragmento del que hoy quiero hablar es las
Antigüedades de los judíos. Abarca desde la creación del mundo hasta Nerón, siendo los diez primeros volúmenes una recopilación de las historias bíblicas y los otros diez restantes las historias vividas por él u oidas de primera mano (según él testimonia).

En este libro aparecen
dos menciones de Jesús. La segunda de ellas, la menos importante, no presenta dudas sobre su autenticidad y habla de la ejecución de Santiago:

"Siendo así, Anás consideró que se presentaba una ocasión favorable cuando Festo murió y Albino se encontraba aún de viaje: convocó una asamblea de jueces e hizo comparecer a Santiago, hermano de Jesús llamado el Cristo, y a algunos otros, y presentó contra ellos la acusación de ser transgresores de la Ley, y los condenó a ser lapidados".

Este Santiago es el personaje que aparece en Mc 6,3. En este texto se atestigua que Jesús era conocido como el Cristo, es decir, el Mesías, y que tuvo este pariente llamado Santiago.

El primero de los textos de las Antigüedades es más importante, pues es el más largo que conservamos sobre la figura de Jesús y es el que conocemos como
Testimonium Flavianum:

"Por este tiempo vivió Jesús, un hombre sabio, si se le puede llamar hombre, que realizaba obras extraordinarias, maestro de todos los hombres que acogen con gusto la verdad. Arrastró a muchos judíos y a muchos paganos. Él era el Mesías. Aunque, por instigación de nuestras autoridades, Pilato lo condenó a morir en la cruz, los que antes lo habían amado no lo abandonaron, porque al tercer día se les apareció vivo de nuevo, como lo habían previsto los profetas, que además habían anunciado muchas cosas admirables sobre él. Hasta el día de hoy sigue existiendo el linaje de los cristianos, que se denomina así por él". (Antigüedades judías XVIII, 63-64).

Dado que no conservamos de esta obra manuscritos originales, sino copias medievales, se ha especulado mucho sobre la posibilidad de que esta mención de Jesús fuera obra de una mano cristiana que hubiera interpolado este texto, o parte de él. Sin embargo es digno de señalarse que utiliza unas expresiones muy propias de Flavio Josefo como "hombre sabio", "obras extraordinarias" (cuando en la tradición cristiana se utiliza la palabra 'milagro' o 'signo'), o la utilización de la palabra griega 'hedoné' (acogen
con gusto la verdad) de la que proviene hedonismo, de connotaciones negativas para un cristiano.

Por otro lado, las afirmaciones de la condición no meramente humana de Jesús que aparecen en el texto, no parece que pudieran ser obra de un judío como Flavio Josefo.

Por otras fuentes, conocemos una posible alternativa a este texto, mediante la traducción al árabe del texto flaviano citada por Agapio, un obispo de Hierápolis, en el siglo X:

"Por este tiempo, un hombre sabio llamado Jesús tuvo una buena conducta y era conocido por ser virtuoso. Tuvo como discípulos a muchas personas de los judíos y de otros pueblos. Pilato lo condenó a ser crucificado y morir. Pero los que se habían hecho discípulos suyos no abandonaron su discipulado y contaron que se les apareció a los tres días de la crucifixión y estaba vivo, y que por eso podía ser el Mesías del que los profetas habían dicho cosas maravillosas".

Aunque este texto no se libra tampoco de una posible interpolación cristiana, al leerlo críticamente junto con la primera versión nos proporciona mucha información sobre Jesús que podemos sospechar cierta debida a la distinta procedencia de ambas fuentes.

La existencia de fuentes extrabíblicas como el Testimonium Flavianum no nos aporta nada nuevo a los cristianos en cuanto al conocimiento del Señor; sin embargo, la importancia de estos escritos reside en que contextualizan la vida de Cristo en la Historia, no desde el testimonio de los que le hemos seguido a lo largo de los siglos, sino desde personajes no cristianos y, por tanto, no sospechosos de parcialidad.

Enlaces relacionados:
Para saber sobre San Marcos
¿Existió Pilatos?
Originalidad del Dios bíblico

domingo, 22 de febrero de 2009

Cristo, la Verdad


No hace muchos días veía un video en internet en el que un sacerdote explicaba su experiencia. Él había vivido una vida tibia y de contradicción con la vida de un verdadero sacerdote. No se hallaba satisfecho de ella, y le llegó la hora de dar cuenta a Dios de sus actos.

Él decía que en el momento de comparecer ante el juicio de Cristo, él no podía negar nada de las acusaciones que en su mente se formulaban. Veía transcurrir su vida de pecado y de error y no podía argüir nada en su favor. En muchas ocasiones en su vida, había urdido disculpas para sus errores, justificándolos en múltiples circunstancias benevolentes siempre con él.

Pero en aquel momento a todas las acusaciones que se le formulaban solo podía afirmar: "sí, sí, sí..." en su mente. Las excusas preparadas no podían brotar de su boca, sino que se veían sofocadas en su propia mente. Estaba totalmente desarmado de sus pobres justificaciones.

Fue la misericordia de Dios, intercedida por la voz femenina de la Virgen María la que le dio una nueva oportunidad para rectificar su vida, y tener la oportunidad de contarnos a nosotros esa experiencia. Y así volvió de aquel Juicio.

No es el momento de discernir sobre la veracidad de dicho testimonio, que siempre quedará en el ámbito privado de la persona particular, tanto de la protagonista de este relato como de la persona que de buen fe lo escucha.

La Iglesia no obliga a creer en dichos episodios pues de sucederse realmente tal y como se narran, pertenecerían siempre al ámbito de las revelaciones privadas.
Hoy lo traigo a colación no porque quiera subrayar la veracidad del mismo, sino porque me ha hecho reflexionar: de un modo u otro todos intentamos justificar nuestro proceder a lo largo de la vida y de modo consciente o inconsciente elaboramos excusas para nuestro comportamiento.

Para nosotros es más fácil continuar con nuestros hábitos de pecado y buscar justificaciones que comenzar la tarea de la conversión y abandonar nuestra vida anterior. A esto nos hemos acostumbrado año tras año, cuaresma tras cuaresma, propósito tras propósito.

Pero nos olvidamos de que hemos de comparecer ante el tribunal de Cristo, que es la Verdad. Y ante el que es la Verdad, no cabe la mentira, ni aún la piadosa o benevolente, la tergiversación, la adulación, la excusa falsa, la argumentación falaz, aunque sea bienintencionada... en definitiva, todos estos recursos a los que estamos acostumbrados a usar en nuestra vida para sacarnos de nuestros apuros.

Es cierto que muchas circunstancias de nuestra vida pueden justificar nuestros actos y exculparnos a nosotros, pero también es cierto que con demasiada frecuencia y ligereza acudimos a estas disculpas para explicar nuestro obrar pecaminoso.

No siempre nuestros actos son libres, y la libertad es presupuesto imprescindible para que exista pecado. Si no hay libertad, si no hay acto libre, no hay pecado.

Sabemos que Cristo es Misericordia, pero también es Verdad. Y confiar en nuestros pobres argumentos ante el que es la Verdad es vano. Siempre estaremos confiados en Su Misericordia, pero no en nuestras palabras superficiales.

La vida de santidad que Dios quiere de nosotros debe estar cimentada en la Verdad, que también es parte de la virtud. Obtendremos Misericordia si amamos la Verdad a lo largo de toda nuestra vida de cercanía con Jesús, en la oración, en la confesión, a la hora de acercarnos a la Eucaristía.

La confesión es esto: obtener el perdón de Dios a cambio de reconocerle como Suma Verdad y testimoniar nuestros pecados verazmente ante el sacerdote. La Verdad es, por tanto, presupuesto de la Misericordia.

Pero amando la Verdad no podemos caer tampoco en el miedo irracional ante nuestro Salvador. Él nos ha hecho promesas de salvación, pero somos nosotros los que hemos transformar nuestra vida al modo de Jesucristo. Y esto lo hacemos pareciéndonos a Él que es el Sumo Bien (cuando obramos virtuosamente), pero también la Suma Verdad (cuando no lo somos tanto y tenemos que acudir a la confesión para reconocer la certeza de nuestros pecados). Y la verdad nos debe llevar a una auténtica humildad de reconocer nuestras pobres fuerzas, pero también a una sinceridad para afrontar nuestras pobrezas y miserias.

Otros enlaces:
Lecturas recomendada: Hipótesis sobre Jesús.
La Nueva Eva (I).

viernes, 6 de febrero de 2009

Lecturas recomendadas (I)


Título: Hipótesis sobre Jesús.
Autor: Vittorio Messori.
Editorial: Mensajero

Vittorio Messori es un periodista católico en activo que ha publicado diversos libros sobre la fe cristiana, siendo los más conocidos Cruzando el umbral de la Esperanza e Informe sobre la Fe, sendas entrevistas a S.S. Juan Pablo II y al entonces Prefecto de la Congregación para Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger.

En su exitoso
Hipótesis sobre Jesús, su autor se plantea cómo ha sido estudiada la figura del Jesús histórico desde finales del siglo XVIII hasta nuestros días en que se ha sometido a una crítica feroz todo lo relacionado con Jesús y su carácter de Hijo de Dios.

Utiliza como eje de todo el libro la existencia de las tres hipótesis básicas o explicaciones en las que se puede resumir las múltiples teorías que han intentado dar una explicación a la figura de Cristo. Dichas hipótesis son:

-
la hipótesis creyente: Jesús es el Hijo de Dios encarnado en el seno de la Virgen María y que hablaba con autoridad sobre su Padre. Él murió por nosotros y resucitó, dándonos la promesa de una vida nueva.

-
la hipótesis crítica: sus partidarios no niegan la existencia histórica de Jesús, un hombre realmente excepcional, pero sin relación ninguna con la condición de Hijo de Dios. Por lo tanto los hechos que narran los evangelios están privados de todo carácter sobrenatural. La comunidad cristiana habría adornado la figura de ese Jesús en los primeros siglos para revestirlo de un carácter sagrado.

-
la hipótesis mítica: no hay hombre alguno en el origen del cristianismo. Lo que existe es un mito, es una leyenda inventada sobre la figura de un hombre-Dios llamado Jesús que responde a un mito-tipo del ser humano que sufre por los demás como cualquier otro líder. No existe ningún fundamento histórico para la figura de Jesús.

El autor somete a estudio a los principales defensores de las tesis crítica y mítica y sus postulados, para ir sacando la conclusión de que cuanto más se avanza en el estudio de los evangelios y su trasfondo histórico así como de la arqueología, las conclusiones que se obtienen refuerzan las tesis del creyente para ir desmantelando las críticas y míticas. En este proceso, nos va presentando los distintos argumentos para irlos desbrozando en un juego realmente interesante utilizando un lenguaje llano pero a la vez rico de matices.

Acabo de terminar de leer este libro que aún puede encontrarse en librerías, y me parece una lectura muy interesante para quien quiera realizar una aproximación histórica a la figura de Jesús sin complejos y desde la más pura ortodoxia católica.