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jueves, 6 de febrero de 2020

Los sufrimientos de Cristo y la crisis actual de la Iglesia

En su último libro publicado, "Christus Vincit", el obispo Athanasius Schneider se dirige a todos sus lectores y a toda la Iglesia en estos momentos tan convulsos para darnos orientación y guía espiritual. 

El siguiente fragmento es una traducción nuestra extraida de su libro:

Cuando Cristo sufrió en Getsemaní, Él fue confortado por un ángel. Éste es un misterio profundo: Dios en su naturaleza humana quiso ser consolado y confortado por una criatura.
En esta enorme crisis espiritual de la que estamos siendo testigos dentro de la Iglesia, Cristo está siendo consolado y confortado por las almas que permanecen fieles a la pureza de la fe católica, por las almas que viven una casta vida cristiana, por las almas que están comprometidas con una vida de oración intensa, por las almas que no huyen del Cristo Sufriente, de la Madre iglesia que sufre.
El consuelo y la fuerza que Cristo recibe del ángel en Getsemaní ya contenía los actos de expiación y reparación de todas las almas fieles a través de la historia de la Iglesia. Son tantas las almas que están sufriendo en nuestros días, especialmente en los últimos 50 años, debido a la tremenda crisis de la Iglesia.
Los más preciosos son los sufrimientos ocultos de los pequeños, de las personas que han sido expulsadas a la periferia de la Iglesia por la clase dirigente eclesial liberal mundana e incrédula. 
Estos sufrimientos son preciosos, ya que consuelan y confortan a Cristo que está sufriendo místicamente en nuestra crisis actual dentro de la Iglesia
También conocemos la famosa expresión de Blas Pascal en sus Pensamientos:
"Jesús estará en agonía incluso hasta el fin del mundo. No debemos dormir durante ese tiempo" (n. 533).
La actual crisis de la Iglesia, que es un sufrimiento místico de Cristo en y por su Iglesia, debería llamarnos a todos a evitar el sueño espiritual y estar vigilantes para que no seamos engañados por el espíritu del mundo que tanto ha penetrado en la Iglesia.

domingo, 2 de septiembre de 2018

San Pablo nos recuerda algo básico en nuestro mundo de hoy

San Pablo habla bastante claro. En este caso de temas de mucha actualidad: los que se fijan en las criaturas (defensores de la ecología) y olvidan a su Creador, y los que llevan una vida contraria a la naturaleza.

Rm 1, 19ss

Porque todo cuanto de se puede conocer acerca de Dios está patente ante ellos: Dios mismo se lo dio a conocer, ya que sus atributos invisibles –su poder eterno y su divinidad– se hacen visibles a los ojos de la inteligencia, desde la creación del mundo, por medio de sus obras. 

Por lo tanto, aquellos no tienen ninguna excusa.

En efecto, habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron ni le dieron gracias como corresponde. 

Por el contrario, se extraviaron en vanos razonamientos y su mente insensata quedó en la oscuridad.
 

Haciendo alarde de sabios se convirtieron en necios, y cambiaron la gloria del Dios incorruptible por imágenes que representan a hombres corruptibles, aves, cuadrúpedos y reptiles.
 

Por eso, dejándolos abandonados a los deseos de su corazón, Dios los entregó a una impureza que deshonraba sus propios cuerpos, ya que han sustituido la verdad de Dios por la mentira, adorando y sirviendo a las criaturas en lugar del Creador, que es bendito eternamente. Amén.

Por eso, Dios los entregó también a pasiones vergonzosas: sus mujeres cambiaron las relaciones naturales por otras contrarias a la naturaleza.


Del mismo modo, los hombres dejando la relación natural con la mujer, ardieron en deseos los unos por los otros, teniendo relaciones deshonestas entre ellos y recibiendo en sí mismos la retribución merecida por su extravío.


Y como no se preocuparon por reconocer a Dios, él los entregó a su mente depravada para que hicieran lo que no se debe.


Están llenos de toda clase de injusticia, iniquidad, ambición y maldad; colmados de envidia, crímenes, peleas, engaños, depravación, difamaciones.


Son detractores, enemigos de Dios, insolentes, arrogantes, vanidosos, hábiles para el mal, rebeldes con sus padres, insensatos, desleales, insensibles, despiadados.


Y a pesar de que conocen el decreto de Dios, que declara dignos de muerte a los que hacen estas cosas, no sólo las practican, sino que también aprueban a los que las hacen.

jueves, 5 de mayo de 2016

Las siete presencias de Cristo

Todo cristiano debería conocer cómo encontrar a Cristo en nuestras vidas y hacerlo presente  de manera real. El encuentro con Cristo es indispensable en la vida de fe, pues qué es la vida cristiana sino el encuentro con Él. Sabemos que Dios lo ocupa todo y está presente en cualquier sitio, pero a Cristo, como Hijo encarnado, podemos encontrarlo en siete lugares precisos que nos ha dejado con sus propias palabras.

Toda presencia implica una relación entre nosotros y Él. Y en esa relación habrá algo que nosotros podremos dar, y habrá también algo que podremos recibir. La consideración de esta doble vertiente de cada presencia de Cristo nos hará percibir el valor de cada una de ellas y cómo las tenemos que incorporar a nuestra vida de cristiano.

La primera presencia es la única presencia real y sacramental de las siete y la más excelsa, y es la Eucaristía. Jesús lo dice en la Última Cena: "Tomad y comed, esto es mi cuerpo,... tomad y bebed, esta es mi sangre" (Mt 26, 26-28). Jesús no deja lugar a dudas: dice ES. Y añade: "Haced esto en memoria mía". Y como sacramento, la Eucaristía es un signo de la actuación de la gracia de Dios entre nosotros mediante algo que podemos tocar y hacer nuestro. Además la Iglesia se hace y se reúne alrededor de la Eucaristía, en la celebración del sacrificio de la Misa y en la adoración perpetua por toda la tierra.

Por la inhabitación donde está una persona de la Santísima Trinidad, están las otras. Y en la Eucaristía están realmente presentes las tres por dicha cualidad. "Quien me ha visto a mi ha visto al Padre". La Eucaristía por tanto es una apoteosis trinitaria para la Iglesia.
Qué me da Jesús en la Eucaristía: el Santísimo Sacramento es un alimento para darnos fuerza y consuelo. Ese es el sentido de que Cristo haya querido quedarse entre nosotros en forma de alimento, ser nuestro refrigerio en la vida, incorporarse a nosotros. Pero también Cristo con su sola presencia nos transmite esa fuerza y ese consuelo.

Qué quiere de mí: Él necesita comulgarte, igual que tú le comulgas a Él. Él necesita estar contigo. Dos personas que se aman se comunican sus necesidades mutuas. No tengo que acercarme a comulgar cuando yo lo necesite, sino también tengo que pensar en que Él me necesita a mí, obviamente no porque Él carezca de nada sino porque sabe que si yo le doy mi amor, será mi felicidad completa.
La segunda presencia está en la jerarquía de la Iglesia: "Quién a vosotros os escucha a mí me escucha" (Lc 10, 16). "Lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo... " (Mt 18, 18). La jerarquía eclesiástica es el medio por el que la Revelación de Dios a través de Cristo se transmite a toda la Historia de la humanidad. Y es el garante de que la Revelación no se distorsiona, ni se inventa, ni se oculta. La jerarquía además hace posible que Dios actúe en su pueblo mediante los sacramentos (signos) que nos atienden en distintos momentos de nuestra vida. No son dueños de los sacramentos, sino meros administradores de ellos.

Jesús está presente así mediante sus sacramentos y su enseñanza, siendo la jerarquía el vehículo por el que esa presencia de Cristo se transmite a nosotros.
Qué me da Jesús: Dado que a través de la jerarquía podemos acceder de forma segura a la Revelación, obtenemos la certeza de la luz y el perdón. Nos da luz para nuestros problemas: el Magisterio de la Iglesia, a través de distintos medios y formas. Y también el perdón cuando comprobamos que nuestra conducta se ha desviado de lo que debíamos hacer.

Qué quiere de mí: obediencia y humildad. Obediencia para aceptar la luz, no distorsionarla ni olvidarla, y humildad para pedir perdón cuando hemos caído.
La tercera presencia está en la propia conciencia, dentro de cada uno de nosotros. Es la más delicada, pues la conciencia es manipulable, elástica y ha de ser formada, y en esta tarea tenemos que poner nuestro esfuerzo como cristianos. Esta voz tiene que estar en sintonía con la del magisterio eclesiástico. La voz de mi conciencia no puede estar por encima de la voz de la Iglesia, ni erigirse en juez de aquélla. Y Cristo me habla a través de mi conciencia incluso cuando estoy en pecado.
Qué me da Jesús: su asistencia en cada problema de cada día. No podemos esperar que cada situación que se nos presente esté recogida en el Catecismo detalladamente, o la consultemos con nuestro director espiritual. No es posible en el día a día. Una conciencia bien formada nos ofrece la presencia de Cristo hablando en el fondo de nuestra alma siempre que lo oigamos con sinceridad de corazón.

Qué quiere de mí: docilidad. La voz de la conciencia nos guía en las cosas más pequeñas de nuestra vida iluminada por la luz del Magisterio de la Iglesia y tenemos que ser dóciles a ella. Jesús quiere que escuche a mi conciencia con tranquilidad, sin sobresaltos y evitando los escrúpulos innecesarios que terminan por robarnos la tranquilidad y apartarnos de la Paz de Cristo.
La cuarta presencia es la comunidad, Jesús en medio de los discípulos. "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy presente en medio de ellos" (Mt 18, 20). Reunidos por amor a Él. Jesús nos exige para esta presencia al menos dos personas, y así podemos reunirnos en la misa dominical, o en un grupo de oración, pero también en la familia. Podemos convertir nuestras casas en sagrarios para cobijar esta presencia de Cristo en medio de nosotros.

Qué me da Jesús: su consuelo y su ayuda porque podemos ver en el otro la mirada de Jesús. En el camino de Emaús el Señor se hace presente en medio de aquellos dos hombres. El Señor hace arder el corazón de dos o más que se pongan en su presencia y se encomienden a Él. Cuando compartimos nuestra experiencia cristiana cumplimos la necesidad que todos tenemos de pertenencia, afecto y crecimiento en la fe. La Eucaristía es la presencia augusta está ahí para cuando estamos solos, porque no necesitamos de otros para recibir la comunión o adorarle en el sagrario. Y también necesitamos a Cristo en el otro para compartir mutuamente la fe. Esta presencia viene a cubrir la necesidad de quien no puede acceder a la Eucaristía.

Qué quiere de mí: amor y disponibilidad. Compartir a Jesús en la comunidad no nos obliga a hacer de nuestras celebraciones o experiencias una especie de circo en el que todo se hable o se permita cualquier extravagancia, dado que si no participo, no estaría yo integrado en la comunidad. Jesús no exige otra cosa que la reunión en su nombre. Y a veces el precio de la unidad es la humildad cuando veo el ejemplo de fe de otros y cómo yo puedo mejorar mi respuesta personal a Cristo.

La quinta presencia de Cristo es la Palabra de Dios, la Escritura, la Santa Biblia. Especialmente en el Nuevo Testamento, donde tenemos la noticia de la encarnación del Hijo de Dios y su presencia entre nosotros. Esta presencia es también fundamental y deriva en algún modo de la segunda, pues es la Iglesia la que juzga qué textos han sido queridos e inspirados por Dios para guiarnos a todos.
Qué me da: luz, consuelo y guía. Actúa junto con el Magisterio y la conciencia. El Magisterio y la Revelación divina se basa en las enseñanzas del Señor que conocemos por el Nuevo Testamento. La conciencia zanja los pequeños problemas morales de cada día y se nutre del Magisterio y de la Palabra de Dios.

Qué quiere de mí: que lea las Escrituras, que conozca los hechos de Jesús y cómo los primeros apóstoles interpretaron sus palabras no escritas. Por la lectura de las Sagradas Escrituras iluminadas e interpretadas por el magisterio es como accedemos de modo más directo a las mismas palabras de Cristo.
La sexta presencia de Cristo es el necesitado. La encontramos en la parábola del Juicio del Rey: "Entonces el Señor dirá cuando lo hicísteis con uno de estos, conmigo lo hicísteis" (Mt 25, 32-46)
Qué me da: estar con el Señor, la salvación eterna. La parábola coloca la decisión sobre cada uno de nosotros por la atención al necesitado en nuestro juicio.
Qué tengo que dar: amor, tiempo, limosna, compañía. Todo en agradecimiento por el amor a Jesús, pues mi amor al prójimo deriva del amor a Dios.
La séptima presencia de Cristo es el corazón del que guarda su palabra. "El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él" (Jn 14, 23). Jesús pone dos condiciones, o más bien una primera condición que es causa de una segunda condición: primero debemos amarle, y como consecuencia de ese amor, cumplir su palabra. Entonces Jesús morará en nosotros.
Qué me da: Cuando amamos a Jesús y cumplimos de verdad su palabra, tenemos la posibilidad de tener una conciencia tranquila y limpia y gozar de la Paz de Cristo. "Fácilmente estará contento y sosegado el que tiene una conciencia limpia" (Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis, libro segundo, capítulo VI).
Qué quiere de mí: El Señor me quiere a mí, y quiere habitar en mi corazón. Quiere que, por tanto, sea agradecido con Él, porque me llena con su gracia y me da la paz, aunque no la sienta. Y esta paz de hoy ya tiene vestigios de eternidad.
La elaboración de este artículo está inspirada, en las seis primeras presencias, en una conferencia del P. Santiago Martín disponible en video en este enlace.


sábado, 15 de febrero de 2014

El futuro de la Iglesia


El futuro de la Iglesia (Ratzinger, 1968)

Lo que dijo Joseph Ratzinger en 1968 acerca de la Iglesia del 2000

Hace poco más de cuarenta años y casi una década antes de ser nombrado obispo por Pablo VI, el entonces sacerdote y profesor de teología en Tubinga y luego Ratisbona, Dr. Joseph Ratzinger, emitía una serie de charlas en un programa radiofónico de su país. La misma ha sido publicado en un libro titulado "Fe y futuro".

...sólo quien se da a sí mismo crea futuro. Quien sólo quiere enseñar, quien sólo desea cambiar a los otros, permanece estéril.

No necesitamos una Iglesia que celebre el culto de la acción en «oraciones» políticas. Es completamente superflua y por eso desaparecerá por sí misma.

Permanecerá la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia que cree en el Dios que se ha hecho ser humano y que nos promete la vida más allá de la muerte.

De la misma manera, el sacerdote que sólo sea un funcionario social puede ser reemplazado por psicoterapeutas y otros especialistas.

Pero seguirá siendo aún necesario el sacerdote que no es especialista, que no se queda al margen cuando aconseja en el ejercicio de su ministerio, sino que en nombre de Dios se pone a disposición de los demás y se entrega a ellos en sus tristezas, sus alegrías, su esperanza y su angustia.

Demos un paso más. También en esta ocasión, de la crisis de hoy surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio.

Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad.

Se presentará, de un modo mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a la que sólo se puede acceder a través de una decisión. Como pequeña comunidad, reclamará con mucha más fuerza la iniciativa de cada uno de sus miembros.

Ciertamente conocerá también nuevas formas ministeriales y ordenará sacerdotes a cristianos probados que sigan ejerciendo su profesión: en muchas comunidades más pequeñas y en grupos sociales homogéneos la pastoral se ejercerá normalmente de este modo.

Junto a estas formas seguirá siendo indispensable el sacerdote dedicado por entero al ejercicio del ministerio como hasta ahora. Pero en estos cambios que se pueden suponer, la Iglesia encontrará de nuevo y con toda la determinación lo que es esencial para ella, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del Espíritu que durará hasta el fin.

La Iglesia reconocerá de nuevo en la fe y en la oración su verdadero centro y experimentará nuevamente los sacramentos como celebración y no como un problema de estructura litúrgica.

Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni con la derecha.

Le resultará muy difícil. En efecto, el proceso de la cristalización y la clarificación le costará también muchas fuerzas preciosas. La hará pobre, la convertirá en una Iglesia de los pequeños. El proceso resultará aún más difícil porque habrá que eliminar tanto la estrechez de miras sectaria como la voluntariedad envalentonada.

Se puede prever que todo esto requerirá tiempo. El proceso será largo y laborioso, al igual que también fue muy largo el camino que llevó de los falsos progresismos, en vísperas de la revolución francesa –cuando también entre los obispos estaba de moda ridiculizar los dogmas y tal vez incluso dar a entender que ni siquiera la existencia de Dios era en modo alguno segura(9)– hasta la renovación del siglo xix.

Pero tras la prueba de estas divisiones surgirá, de una Iglesia interiorizada y simplificada, una gran fuerza, porque los seres humanos serán indeciblemente solitarios en un mundo plenamente planificado.

Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta que siempre han buscado a tientas.

A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero yo estoy también totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, que fracasó ya en Gobel, sino la Iglesia de la fe.

Ciertamente ya no será nunca más la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hasta hace poco tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte.

martes, 7 de agosto de 2012

Video que no debe perderse ningún protestante


La Iglesia Católica es el medio seguro para conocer que estamos unidos a Cristo.

Toda carretera, todo camino tiene una amplia calzada por la que circulamos que nos lleva a nuestro destino con seguridad.

Pero hay quienes quieren aventurarse por otros caminos, atajos que prometen beneficios para el viajero, caminos alternativos a los que nos lleva el espíritu de aventura de todo ser humano, pero que nos conducen a contrariedades sin fin, a dificultades y oscuridades, a peligros graves, sin la certeza de llegar a nuestro destino íntegramente.

Otros, sin apartarse del camino principal, se empeñan en experimentar el borde de la calzada, donde comienza la cuneta, el terreno pedregoso y difícil; de ese modo, el camino de la calzada lisa se convierte en problemático, las piedras saltan y se proyectan contra todos. Con su boca proclaman su fidelidad, pero sus actos les empujan fuera del rumbo correcto . Quienes se empeñan en esta solución terminan por creerse "más papistas que el Papa" y miran a los que circulan por el centro de la calzada con aire de superioridad y gallardía, sin darse cuenta de que son ellos los que poco a poco se están colocando lejos de la seguridad del camino correcto. 

Estos no son tan distintos de los que han experimentado caminos secundarios alternativos, porque muchos de los que probaron algún atajo que les condujo fuera de la seguridad de la senda marcada, comenzaron por ceñirse a la cuneta más de lo debido y terminaron por derivar perdiendo el rumbo.

La Iglesia Católica es el camino seguro, el centro de la calzada que nos lleva a Dios, que nos lleva hasta el final de nuestros días. Nadie promete que el camino no sea largo, dificultoso, lleno de penalidades, con muchas cuestas y estrecheces. Pero tenemos la certeza de que es el camino correcto

No sientas la tentación de probar otras calles, otras avenidas, otras carreteras, porque no tienes la seguridad de dónde te han de conducir.

No juegues a la aventura con tu salvación. Tu felicidad plena y la de los tuyos está en juego. ¿Te arriesgarías a perderlo todo por emprender el camino equivocado?

domingo, 8 de julio de 2012

10 consejos para perder la fe

Estos consejos para perder la fe, están tomados del blog Ascending Mount Carmel del amigo 'The Idler' que generosamente nos ha permitido traducirlos y exponerlos aquí.

Hemos sabido de este elenco tan sumamente acertado a través de Religión en Libertad que publicó un resumen de este texto. Aquí ofrecemos una traducción completa y directa del original. Espero que nos sirva a todos como ejemplo de lo que no debemos hacer con nuestra fe.

"El proceso de conversión nos proporciona mucho tiempo, que necesitamos en el desierto espiritual para darnos cuenta de cómo son las cosas realmente. La siguiente lista pretende ilustrar lo que yo creo que son las formas más efectivas para que nuestra vida espiritual, como católicos que somos, quede completamente destruida o al menos bastante disminuida. Si quieren que su vida espiritual crezca, evite las siguientes situaciones:

1.- Asume que la Iglesia está perdida: escucha a los disidentes y a otros que atacan la fe sin asegurarte que tu propia fe es lo suficientemente sólida para soportarlo.
Escucha constantemente las diatribas de los predicadores fundamentalistas contra la Iglesia, a la que llaman "la prostituta de Babilonia". Presta oídos a las diversas invectivas lanzadas contra la Iglesia por el "Natural Catholic Reporter" (N.T.: algo así como lobos con piel de cordero).
Piensa que Hans Küng es el mejor teólogo que la Iglesia ha tenido. Toma en serio las objecciones a la fe que hacen desde algunas páginas web, como Carm.org (N.T.: lobos con piel de lobos).
Haciendo esto puedes empezar a sentirte aislado, enfadado por el desmembramiento que sufre nuestra fe, que una vez fue hermosa, y ocurre que la mayoría de los católicos hoy están completamente desnortados.
Cualquier religión te empieza a parecer atractiva una vez que has visto unos cuantos videos de marionetas litúrgicas; tu fe sufrirá golpes posiblemente fatales si atiendes a las razones contra el catolicismo de los fundamentalistas -aquellos que quieren desmantelar la Iglesia desde dentro- y de los anticatólicos.

2.- Sé escrupuloso en demasía: la escrupulosidad es un problema especial entre nosotros los católicos; es verdad, cuando nos vemos enfrentados a la maravillosa realidad de la presencia real de Cristo en la Eucaristía  y todo lo que conlleva la Sagrada Comunión, uno puede llegar a ser claramente consciente de su propia naturaleza pecadora. Un régimen saludable de examen de conciencia es bueno y recomendable; la confesión frecuente puede realmente ayudar a desarraigarnos del pecado y al menos conducirnos hacia el buen camino.
Pero si quieres llegar a un estado de locura como la de Nietzsche, examina cada pequeña acción con lupa. Considera cualquier pecado como si fuera mortal, vive con miedo. Te aseguro que tu fe se consumirá en esas llamas.

3.- Cambia en tu vida la misericordia por la justicia: siguiendo con lo anteriormente dicho, empieza a considerar que Dios es inmisericorde. Considéralo como un tirano que sólo se entusiasma con la idea de arrojarte al infierno. Esto no sólo matará tu fe y tu amor por Dios, sino que también te conducirá a lo contrario, al anticristianismo o algo peor.

4.- Céntrate en la vida espiritual de todos menos en la tuya: disecciona la vida espiritual de los demás pero no te fijes en la tuya. Rechaza esforzarte por tu propia salvación a causa del miedo.

5.- No mantengas una conversación inteligente sobre religión, sino discute: el debate y la discusión son fuentes de conocimiento, pero los argumentos no. Por lo tanto cada vez que tu fe sea puesta en entredicho, empieza a enfadarte y suelta tu lengua. Discute hasta que te desmayes, no escuches lo que la otra persona dice y frústrate tanto como sea posible.

6.- Haz lo mínimo que se te pida: conviértete en un católico perezoso. Empieza por ir a Misa sólo los domingos, después sáltatela de vez en cuando y finalmente sólo irás en Navidad y en Pascua de Resurrección.

7.- No conozcas tu fe: una buena forma de dejar morir tu fe es no conociéndola. Evita leer las Escrituras, ignora los Padres de la Iglesia, deja de lado esos libros de Teología (cosas viejas y polvorientas), rechaza estudiar la Historia. De esta forma cuando alguien inevitablemente cuestiona o ataca tu fe, tú te torcerás inmediatamente y considerarás otras opciones.

8.- Evita recibir frecuentemente la Sagrada Comunión: dado que recibir el Cuerpo y la Sangre de Cristo nos fortalece, podemos decir que comulgar con frecuencia sólo puede ayudarte en todos los aspectos de tu vida cristiana. Por lo tanto, si deseas debilitarte, evita recibir la comunión. Evita mejorar incluso cuando puedas, porque sólo te sentirás limpio y total y absolutamente rejuvenecido cada vez que recibes a Cristo.

9.- Encógete de miedo cuando tu fe se vea desafiada (miente, escóndete, huye):  esta es la clave, cada vez que alguien ataque u objete algo contra tu fe, vuélvete y huye. Mejor aún, conviértete en un cúmulo de disculpas titubeantes y avergüénzate. Esto te hará sentir que tu fe es débil, indigno de recibir la comunión, un cobarde, al final. Seguro, hay ocasiones y lugares para defender tu fe pero no siempre es conveniente discutir de religión en una comida con alguien que sólo está siendo maleducado. Pero si deseas realmente perjudicar tu vida espiritual, te recomiendo que seas realmente un cobarde.

10.- No reces: sobre todo, si deseas matar tu fe, no reces. El no rezar te aleja de toda conversación divina, con tu familia en el cielo, con Dios mismo. Si realmente quieres que tu fe muera, ésta es la forma de hacerlo. La oración es el agua que mantiene vivo el árbol de tu fe. Deja de regarlo y mira cómo se seca."

Amén.

(Traducción: Ana María Rodríguez)

Enlaces relacionados:

sábado, 7 de julio de 2012

Para disfrutar de un viaje por la Roma Eterna

Roma es el corazón de la cultura clásica por muchas razones.

El Arte y la Historia han fundado aquí sus raíces de manera que en Roma todo gira alrededor de la más pura esencia de ambos, siendo como un compendio de todo la excelencia del saber humano.

Cuando estás en Roma sientes como todo gira alrededor de aquel lugar, todo el arte, todo el catolicismo, toda la fe, toda la Historia de occidente, como si Dios hubiera situado allí el epicentro de su actividad creadora.

Mi amigo Ramón de la Campa ha querido dedicar buena parte de su magnífica labor a explicarnos los entresijos de la Ciudad Eterna para que todos podamos acercarnos a ella, conocerla y, por tanto, amarla más y mejor.

Os dejo aquí los enlaces donde podéis encontrar magníficos artículos con una explicación prolija de cada detalle, cada obra, cada lugar y cada momento de la Historia de esta sempiterna ciudad.


sábado, 16 de junio de 2012

Somos la Iglesia Católica (subtitulado en español)


Somos la Iglesia Católica. La gran familia de Cristo.


No te limites a sobrevivir como cristiano. Goza de sus riquezas.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La Tradición como fuente de la Revelación

La Iglesia dice desde sus comienzos que las fuentes de la Revelación para nosotros son la Sagrada Escritura y la Tradición. Es decir, lo que conocemos de Dios lo hemos recibido a través de estos dos medios.


La Sagrada Escritura es el conjunto de libros del Antiguo Testamento (que la Iglesia recibió) y los del Nuevo Testamento (que nacieron en el seno de la propia Iglesia).


Para la definición de lo que es Tradición acudimos al Catecismo de la Iglesia:


n. 76 La transmisión del Evangelio, según el mandato del Señor, se hizo de dos maneras:
- oralmente: "los apóstoles con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó".
- por escrito: "los mismos apóstoles y los varones apostólicos pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo".


n.78 Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo, es llamada Tradición en cuanto distinta de la sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella...


Es decir, por Tradición, entendida como fuente de la divina Revelación, entendemos todo aquello que la Iglesia recibió de los Apóstoles oralmente, basado en las enseñanzas que ellos habían recibido directamente del Maestro, y sólo esto.


La palabra Tradición procede del latín traditio, lo que se entrega.


Seguimos al Catecismo:


n. 83 La Tradición de que hablamos aquí es la que viene de los Apóstoles y transmite lo que éstos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo. En efecto, la primera generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escrito, y el Antiguo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva.


Y el Catecismo recalca en el mismo número 83:


Es preciso distinguir de ellas las 'tradiciones' teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en las Iglesias locales. Estas constituyen formas particulares en las que la gran Tradición recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a las diversas épocas. Sólo a la luz de la gran Tradición aquéllas pueden ser mantenidas, modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia.


Por tanto, Tradición sólo es la enseñanza oral recibida de los Apóstoles. Si la misa ha de celebrarse según un rito u otro, no es Tradición. Si el sacerdote debe vestir de una manera u otra, no es Tradición. 


Todo eso son tradiciones insertas en la Historia, y por ello, mudables según la prudente opinión del Magisterio de la Iglesia.


Muchas personas confunden estos conceptos y piensan que una determinada forma de vestir o actuar debe ser mantenida porque forma parte de la "Tradición de la Iglesia", pero no es completamente cierto eso.


Enlaces relacionados:
Catecismo de la Iglesia

sábado, 3 de septiembre de 2011

El declive de las congregaciones religiosas, por Vittorio Messori

Fuente: ReligionenLibertad.com


El periodista italiano católico Vittorio Messori ha publicado en Il Corriere della Sera un artículo sobre el declive que vienen padeciendo las congregaciones religiosas desde el Concilio Vaticano II hasta nuestros días. 


Muchas congregaciones rebajaron sus exigencias disciplinares y de vida para acomodarse a los tiempos, sin colmar los deseos de Absoluto de muchos jóvenes de las últimas generaciones.


La Providencia de Dios ha proporcionado siempre lo más conveniente y necesario para la Iglesia de Dios en la tierra, por lo que debemos asumir con este espíritu todos estos hechos y afrontar siempre con optimismo y alegría el futuro para no caer en manos del Ángel del Mal que pretende hacernos caer en la desesperanza y la frustración.


Deus providebit


Enlace al artículo en español: Declive de las órdenes religiosas, ¿el final de una gran historia? 


jueves, 1 de septiembre de 2011

Cuadro-resumen de las Iglesias Católicas de Rito Oriental

La Iglesia Católica Universal podemos dividirla en dos grandes ramas: la de rito latino y las de rito oriental.
La de rito latino es a la que pertenecemos la mayoría de los católicos que vivimos nuestra fe bajo el rito practicado en Occidente desde el Concilio de Trento, como continuación de la práctica inveterada de la Iglesia.
Sin embargo, existen Iglesias Católicas que no pertenecen al rito latino, sino que tienen su propio rito, e incluso un código de derecho canónico propio dentro de la Iglesia. 
Todas estas Iglesias, que gozan de la misma catolicidad que la de rito latino, tienen una gran variedad de orígenes y estructura que he intentado resumir y sistematizar en el documento que adjunto a este artículo. 
Sin embargo, no podemos confundir estas Iglesias, que son católicas, con las iglesias orientales que no lo son, como la iglesia ortodoxa, escindida a raiz del conflicto de Miguel Cerulario en el s. XI y no vuelta a reconciliar.


(pdf, 24,8 Kb) Cuadro-resumen de las Iglesias Católicas de rito oriental

Enlaces relacionados:
Miguel Cerulario y el Cisma de Oriente

jueves, 12 de noviembre de 2009

Ayudemos a las hermanas Comunicadoras Eucarísticas del Padre Celestial

Como todos sabéis, las hermanas Comunicadoras Eucarísticas del Padre Celestial forman una Congregación católica que se dedica a la propagación del Evangelio a través de los medios de comunicación social.

Con programas como "De corazón a corazón" protagonizado por la hermana Gabriela e Iris, principalmente, ellas nos han tocado el corazón para ponernos en el camino verdadero hacia Cristo.

Su actividad requiere de nuestro apoyo y nuestra oración. La labor que hacen necesita de dinero para poder elaborar producciones que nos muestren la verdad del mensaje evangélico.

Facilito desde este blog sus datos de contacto para que quien lo necesite pueda ponerse en contacto con ellas, así como sus datos bancarios para que, desde la situación particular de cada uno, podamos ayudarles económicamente.




Correo electrónico: boiteia@gmail.com
contacto: Hna. Rafaela de la D.E.

Cuenta corriente en Estados Unidos:
Bank of America
check in account # 237-280-8242
titular: Teresa Ventura

Cuenta corriente en Colombia:
Bancolombia
cuenta de ahorros 60675452128
titular: Alix María Gil Sepúlveda

Para colaborar desde cualquier otro país:
Giro postal a través de Western Union o Money Gram.

Que el Señor les premie a todos.

viernes, 9 de octubre de 2009

Un premio Nobel para un Papa

Todos los años recibimos noticias de premios que se otorgan a muchas personas e instituciones alrededor del mundo. Pero quizás los premios por excelencia, los que gozan de una popularidad especial son los premios Nobel.

No ha faltado la polémica en muchas concesiones de estos premios, en particular de los llamados premios Nobel de la Paz.

Este año ya hemos conocido que el premio ha ido destinado al presidente de los Estados Unidos. Quien ha alcanzado la presidencia de ese pais tiene a su cargo el mayor presupuesto militar del mundo, una industria de producción de armamento que es uno de los baluartes de su economía, compromisos con muchos paises e instituciones que no están basados en principios pacíficos, precisamente, etc.

Sin embargo, hay un Jefe de Estado de un pequeño territorio en el centro de Italia, que no dispone de ningún presupuesto de defensa ni invierte ningún caudal de dinero en promover ningún tipo de guerra u hostilidad en el mundo. Esta persona y la institución que encabeza, y a la que representa ante el resto de los hombres, han defendido la paz verdadera, la que no brota de una falsa justicia sino que se fundamenta en la verdadera. Y ha luchado por ella en numerosas ocasiones, con exposición de su propia vida.

Ese Jefe de Estado es el líder espiritual de 1.000 millones de católicos que siguen y aman a Cristo que es Príncipe de la Paz y que murió de la manera más pacífica y resignada que ha conocido la historia por amor a todos.

Sin embargo, ningún Papa ha recibido el premio Nobel de la Paz. ¿No ha habido Papas que han trabajado por la paz? Seguro que sí, pero probablemente no esté bien visto dar un premio de ese calado a la cabeza de la Iglesia Católica.

Benedicto XV sufrió los horrores de la I Guerra Mundial y trabajó arduamente por la paz.

Pío XII arriesgó su vida y la integridad del propio Estado Vaticano para defender a muchos perseguidos por el régimen nazi, aun cuando sabía que hubieran podido invadir el Palacio Apostólico con la máxima facilidad.

Juan XXIII hizo el mayor alegato en favor de la paz en el mundo en su encíclica Pacem in Terris, entre muchos hechos de su vida que hablan de su corazón pacífico.

Juan Pablo II trabajó arduamente para evitar los conflictos de la guerra del Golfo y la invasión de Irak.

Benedicto XVI no se cansa de hablar y predicar la paz allá donde va y se le escucha.

Pero ningún Papa ha recibido dicho premio. Ni siquiera la Iglesia Católica como institución.

Desde aquí brindo una pequeña idea para devolver el auténtico sentido a este premio: otorgar un último premio al valedor más importante de la paz de todos los tiempos: a Jesús de Nazaret.

A lo mejor tampoco esto está bien visto.

jueves, 5 de marzo de 2009

¿Hábito sí o hábito no?


Uno de los caballos de batalla de la progresía posconciliar ha sido la de la supresión del hábito para religiosos, religiosas y sacerdotes. ¿Piensan los religiosos que prescinden del hábito qué testimonio dan en el pueblo cristiano, es decir, si son más aceptados sin él que con él? ¿Han pensado por qué las congregaciones que siguen haciendo uso del hábito se convierten en ejemplares para el pueblo cristiano que ve, por ejemplo, bajo pesadas telas a las Hermanas de la Cruz en un día sofocante de calor en Sevilla?

En ningún documento se hace alusión a dicha supresión, pero muchos han aprovechado la confusión para colocarse por encima de la Iglesia y darnos lecciones a todos. El único texto conciliar que se refiere al uso del hábito lo encontramos en el Decreto Perfectae Caritatis sobre la adecuación de la vida religiosa:

"El hábito religioso, como signo que es de la consagración, sea sencillo y modesto, pobre a la par que decente, que se adapte también a las exigencias de la salud y a las circunstancias de tiempo y lugar y se acomode a las necesidades del ministerio. El hábito, tanto de hombres como de mujeres, que no se ajuste a estas normas, debe ser modificado." (PC, n. 17).

El fragmento conciliar, aplicando una lógica elemental, manda la adecuación a los tiempos de los hábitos que hayan quedado obsoletos en cuanto a su significado y formas, pero nunca manda la supresión. En él podemos encontrar las características que el Concilio reconoce en el hábito:

- signo de la consagración: la homogeneidad en el hábito es signo de hermandad y de compartir los mismos principios y carismas a los que el religioso se vincula.
- sencillo y modesto: la vestimenta del religioso no puede ser la del mundo.
- pobre: el religioso, a imitación de Cristo pobre, tiene que manifestar la pobreza en toda su vida, también en el vestir.
- decente: para enseñar el verdadero valor de la sexualidad y el cuerpo en las relaciones humanas.
- adaptado a: la salud, las circunstancias de tiempo y lugar y a las necesidades del ministerio, criterios todos de un elemental sentido común.

En el colmo del absurdo, muchos religiosos y religiosas, alardeando de una acomodación a los tiempos, han adoptado formas de vestir sin hábito que tampoco cumplen con la mayoría de estos criterios, por lo que se deduce que han primado en ellos las modas y el mundo antes que los principios religiosos que deben presidir la vida de todo cristiano, no solo de los consagrados.

Muchos utilizan argumentos ingenuos como el de que "el hábito no hace al monje" o que "lo importante es la caridad", pero en la misma superficialidad de estos razonamientos encontramos su debilidad.

No se trata de que la apariencia externa tenga que hacer que nuestro interior cambie. Es justamente lo contrario: lo exterior debe ser signo y testimonio de lo interior; es la vida espiritual genuina y necesaria en los religiosos la que debería manifestarse en una forma de vestir modesta, pobre y testimonial, en definitiva, en el hábito religioso.