Cuando queremos establecer un diálogo con alguien, tenemos que hacerlo presente de algún modo: en una charla cara a cara, por teléfono, por carta, etc. Siempre el intercambio de ideas, de pareceres, la relación paterno-filial, la relación entre amigos, exige un vínculo palpable, algo que podríamos llamar una presencia de esa otra persona.
Cuando en la misma Sagrada Escritura el autor sagrado quiere ponderar la especial relación de Moisés con Dios, dice de él que hablaba con Dios “cara a cara” (Ex 33, 11-13). Esto no significa que el texto sagrado quiera decir que Moisés era tan grande como Dios, sino que el lazo que les unía era tan especial que les llevaba a hablar de ese modo, sin intermediarios, cara a cara, lo cual implica una presencia extraordinaria de Dios ante Moisés. Sin esa presencia es imposible decirse que se habla "cara a cara".
En el relato de la transfiguración (Lc 9, 30) se dice que Moisés y Elías hablaban con Jesús transfigurado. Los tres estaban presentes y establecen ese diálogo de modo especial ante los apóstoles.
Para hablar con Dios es importante hacerlo presente, saber que está presente en nuestras vidas y que nos ama. Y ¿cómo es esa presencia de Dios en nosotros? En orden al caso que quiero tratar en este momento me voy a centrar en las presencias eucarística y de inhabitación (si bien existen otras presencias como las de inmensidad, hipostática y de visión).
Por la presencia eucarística sabemos que Cristo mismo y todo Él se haya presente en el pan que ha sido consagrado. Dios, sin dejar el Cielo, es decir, sin sufrir ningún menoscabo en su esencia ni en su presencia celestial, se hace también presente íntegramente sustituyendo la sustancia del pan que deja de ser pan, aunque conserve sus accidentes, es decir, su apariencia de pan.
Por lo tanto, debido a lo excelso de esta presencia, nuestra oración puede dirigirse hacia la Hostia consagrada sabiendo que es Dios mismo allí presente el que nos atiende. Y está así presente en la reserva del Sagrario, en la custodia expuesta a la adoración de los fieles y cómo no, en la Santa Misa que lo hace posible y actual.
Pero también Dios se haya presente en el alma del bautizado que no está en pecado mortal (Jn 14, 23) por la inhabitación trinitaria.
Todo bautizado ha recibido en su bautismo un tesoro de gracias inmenso, que lo convierte en hijo de Dios y heredero del reino celestial:
a) la gracia santificante (es decir, la “misma sangre” de Dios que nos eleva al plano divino y nos hace hijos de Él). Este estado se pierde por el pecado mortal.
b) las virtudes infusas (las teologales, las cardinales y sus derivadas) cuya práctica nos marcarán el camino del cielo, el camino de la perfección cristiana, especialísimamente la virtud teologal de la caridad (o amor sobrenatural a Dios) que es la que lo ilumina todo y la que lo embellece todo.
c) y los dones del Espíritu Santo, por los que Dios actuará en nosotros consiguiendo que la práctica imperfecta de las virtudes que nosotros solos no sabemos ejercitar adecuadamente, se conviertan en una práctica “a lo divino”, de modo que el alma que llega al estado en que merece esta intervención divina, actúa sus virtudes con la excelencia del mejor instrumentista.
Por todo esto es fácil de entender que la condición de ser hijos de Dios, es decir, de gozar de su “misma sangre”, de la gracia santificante (recibida en el bautismo), sea indispensable para que la Trinidad entera inhabite el alma de un bautizado. Un alma en pecado mortal (privada de la gracia santificante) no puede pretender gozar de esta presencia íntima de inhabitación.
De aquí se infiere claramente que para acceder al Santo entre los Santos en la comunión eucarística sea necesario el estado de gracia santificante, es decir, sin pecado mortal consciente, es decir, inhabitados por Dios mismo.
No puede recibir una donación de sangre sino quien tiene el mismo grupo sanguíneo del donante, y la
"sangre" del alma en pecado mortal ya no es la misma que la sangre del Hijo de Dios que se va a recibir en la Eucaristía.
En la Santa Misa, el alma inhabitada por Dios se encuentra en un hablar cara a cara con Dios mismo presente en la Eucaristía. No podemos concebir nosotros un encuentro más íntimo y más directo con Dios que comerle a Él mismo, que dejarnos llenar por su mismo ser y esencia que penetra en nosotros y nos llena sin dejar vacíos.
En la liturgia más antigua, los catecúmenos podían asistir a Misa y debían retirarse tras las lecturas y el sermón, porque lo que venía después, la consagración del Pan y el Vino, no era apto para su condición de no bautizados y privados, por tanto, de la misma “sangre” de Dios. Hoy en día se nos dice que quien esté en pecado mortal no puede acercarse a comulgar, puesto que como ya hemos visto, ambas cosas son incompatibles, aunque sí puede estar presente durante el resto de la Misa completa.
Para mí, en toda Misa, tanto la de lengua vernácula como la del rito tridentino, hay un momento muy especial que es el de la consagración. En esto no descubro nada nuevo. Para todos lo es. Pero en ese momento es cuando creo que debemos dirigir todas nuestras palabras y pensamientos a Dios que se hace allí presente sobre el altar. Nunca está más presente que allí que se está inmolando incruentamente por nosotros. Cada palabra que digamos, cada gesto, cada mirada, cada pensamiento debería ir encaminado a aquel Pan y Vino consagrados que ya son el mismo Dios del cielo. Y esto podemos hacerlo porque estamos inhabitados por El, porque es Él el que inspira nuestra oración y nos da la gracia para poder hablarle a Dios.
Cuando termina la consagración decimos: “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu Resurrección; Ven, Señor Jesús”, y son las primeras palabras con las que nos estamos dirigiendo a Él, que está presente allí. Deberían de ser dichas desde la conciencia de que el mismo Cristo nos escucha en ese momento desde el altar.
Después con el “Amén” final tras la plegaria eucarística o canon romano, estamos uniéndonos a ese sacrificio que acaba de tener lugar, estamos asintiendo a todo lo que el sacerdote acaba de pronunciar, siendo toda la plegaria eucarística un hablarle a Él, todo dirigido a Él. Y nos unimos al sacerdote por ese Amén como decían en la antigua Roma, haciendo que “fuera como un trueno que hiciera temblar los templos paganos”.
Inmediatamente, con el “Padre Nuestro”, tomamos prestadas las mismas palabras de Cristo para hablarle al Padre. Es como si Cristo que nos inhabita hablara junto con nosotros dirigiéndose al Padre. Y no hay que olvidar que la teología católica dice que donde está el Hijo, está el Padre por la pericoresis, es decir, que en el Santísimo Sacramento se haya presente de cierto modo también el Padre Eterno. Por lo que cobra todo el sentido rezar el Padre Nuestro dirigiéndonos a las especies consagradas.
Más adelante decimos: “Tuyo es el Reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor” del mismo modo y con la misma intención que lo que llevamos dicho hasta ahora. Todo un reconocimiento de que aquel altar es la sede del Rey Todopoderoso y digno de toda gloria y que nosotros somos sus siervos.
Tras el saludo de la paz llega un momento íntimo especial, en el que nos vamos a dirigir a Él como el "Cordero de Dios que quita los pecados del mundo", para decirle que tenga misericordia de nosotros y que nos dé la paz. En ese momento el sacerdote parte un trozo pequeño de la Hostia consagrada y lo incorpora al cáliz con el Vino consagrado, representando así que el cuerpo y la sangre de Cristo que hasta ese momento estaban separados (símbolo de la muerte y del sacrificio) pasan a unirse de nuevo (simbolizando la Resurrección, la vida). En el rito tridentino se acentúa este momento tan importante arrodillándose los fieles nuevamente y adorando a Cristo que ha resucitado para ser ahora nuestro alimento.
Y por último y antes de comulgar decimos junto con el soldado romano “no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme”, nuevamente dirigidos a Él. Son las palabras de un gentil con fe las que nos abren las puertas de la comunión. Este gesto se recalca en el rito tridentino repitiéndolo tres veces.
Todo este repaso a las palabras que decimos en la Misa tras la consagración a las que estamos acostumbrados no busca otra finalidad sino:
- darnos cuenta de que le hablamos a Él que está allí presente y que por tanto debemos poner toda nuestra intención, nuestros pensamientos, nuestro amor en esa Víctima que se ofrece por nosotros sobre el altar en ese momento.
- que la comunión será más fructífera cuanto mejor haya sido preparada, y cuanto mejor dispuesta esté nuestra alma para recibir a nuestro Redentor, y conviene utilizar todas estas palabras de la liturgia con ese fin y evitar las comuniones apresuradas y distraídas.
- que una Misa dicha a la ligera o escuchada rutinariamente por nosotros es como un sol que brilla al que hemos cerrado las contraventanas de nuestro corazón. Si queremos recibir todo el tesoro de gracias actuales de la Misa y ponerlas en acto, tenemos que abrir esas contraventanas para dejarle entrar y dejarnos bañar por su gracia.
En la Santa Misa nosotros somos Moisés.
Nosotros somos Elías.
Por la pura y simple gracia de Dios.
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¿Cómo entendí yo qué son las indulgencias?
El amor verdadero
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jueves, 13 de febrero de 2020
viernes, 6 de mayo de 2016
18 testimonios de que la Santa Misa ES sacrificio
Que la Santa Misa es un sacrificio por el que Cristo se inmola en cada una de ellas en rememoración del sacrificio del Calvario (diferente de él sólo en el modo), es algo que algunos se atreven a negar hoy día temerariamente.
Y digo esto porque los testimonios en favor del carácter sacrificial de la Misa son incesantes a lo largo del Magisterio de la Iglesia. Expongo los más importantes y dignos de mención desde los primeros momentos de la fe cristiana, a fines del siglo I en que aparece este carácter en la Didajé.
ca. año 70 dC, Didajé o Enseñanza de los Apóstoles:
Siglo IV, San Agustín, sermón 2 sobre el salmo 33: "... Porque allí estaba el sacrificio según el orden de Aaron y después el mismo instituyo con su cuerpo y sangre el sacrificio según el orden de Melquisedec."
Siglo IV, San Agustín, contra el adversario de la Ley y los profetas: "Este (el Israel según el espíritu) inmola a Dios un sacrificio de alabanza no según el orden de Aaron, sino según el orden de Melquisedec."
Siglo IV, Abad Casiano, sobre las instituciones cenobíticas: "sobre el salmo 140, pasaje en el que en un sentido más sagrado puede también entenderse aquel verdadero sacrificio vespertino que puede ser o el que es entregado en la cena por el Señor Salvador a los apóstoles al atardecer (cfr. Mt 26, 20) cuando daba comienzo a los misterios sacrosantos de la Iglesia..."
Siglo VI, monje Casiodoro, comentarios del salterio: "... A estos dice que no se ha de congregar con la sangre de los animales ni con la costumbre de inmolar víctimas, sino por la inmolación de su cuerpo y sangre, la cual, celebrada en todo el orbe, salvo al humano linaje."
Siglo VII, San Gregorio Magno, Diálogos: "... Viviendo inmortal e incorruptible en sí mismo de nuevo se inmola por nosotros en este misterio de la oblacion sagrada. Pues allí se toma su cuerpo, se distribuye su carne para salvación del pueblo, se derrama su sangre no ya en manos de los incrédulos, sino en la boca de los creyentes."
1964, Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Lumen Gentium número 28: "En ella (los sacerdotes) actuando en la persona de Cristo y proclamando su misterio, unen la ofrenda de los fieles al sacrificio de su Cabeza; actualizan y aplican en el sacrificio de la Misa hasta la venida del Señor el único sacrificio de la Nueva Alianza: el de Cristo..."
1964, Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Sacrosanctum Concilium número 7: " (Cristo) esta presente en el sacrificio de la Misa, no sólo en la persona del ministro, ... sino también sobre todo bajo las especies eucarísticas".
1968, Credo del Pueblo de Dios, por S.S. Pablo VI, con motivo de la clausura del Año Santo de la Fe en la conmemoración del XIX centenario del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo, número 24: "Nosotros creemos que la misa que es celebrada por el sacerdote representando la persona de Cristo, en virtud de la potestad recibida por el sacramento del orden, y que es ofrecida por él en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico, es realmente el sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares."
Instrucción General del Misal Romano, número 27: "En la Misa, o Cena del Señor, el pueblo de Dios es convocado y reunido, bajo la presidencia del sacerdote, quien obra en la persona de Cristo (in persona Christi) para celebrar el memorial del Señor o sacrificio eucarístico... Pues en la celebración de la Misa, en la cual se perpetúa el sacrificio de la cruz..."
Otros enlaces:
Las 7 presencias de Cristo
Oración para una visita a Jesús Sacramentado, por San Juan Pablo II
El culto debido a Dios y a los Santos
Y digo esto porque los testimonios en favor del carácter sacrificial de la Misa son incesantes a lo largo del Magisterio de la Iglesia. Expongo los más importantes y dignos de mención desde los primeros momentos de la fe cristiana, a fines del siglo I en que aparece este carácter en la Didajé.
ca. año 70 dC, Didajé o Enseñanza de los Apóstoles:
14:1 En el día del Señor reunios y romped el pan y haced la Eucaristía, después de haber confesado vuestros pecados, a fin de que vuestro sacrificio sea puro.Siglo IV, San Agustín, Sobre la ciudad de Dios: (hablando sobre Rm 12, 3ss). "Este es el sacrificio de los cristianos, formando nosotros, siendo muchos en número, un cuerpo en Jesucristo. Lo cual frecuenta la Iglesia en la celebración del Augusto Sacramento del altar que usan los fieles, en el cual se le demuestra que en la oblacion y sacrificio que ofrece, ella misma se ofrece."
14:2 Todo el que tenga disensión con su compañero, no se junte con vosotros hasta que no se hayan reconciliado, para que no sea profanado vuestro sacrificio.
14:3 Este es el sacrificio del que dijo el Señor: “En todo lugar y tiempo se me ofrece un sacrificio puro: porque yo soy el gran Rey, dice el Señor, y mi nombre es admirable entre las naciones”
Siglo IV, San Agustín, sermón 2 sobre el salmo 33: "... Porque allí estaba el sacrificio según el orden de Aaron y después el mismo instituyo con su cuerpo y sangre el sacrificio según el orden de Melquisedec."
Siglo IV, San Agustín, contra el adversario de la Ley y los profetas: "Este (el Israel según el espíritu) inmola a Dios un sacrificio de alabanza no según el orden de Aaron, sino según el orden de Melquisedec."
Siglo IV, Abad Casiano, sobre las instituciones cenobíticas: "sobre el salmo 140, pasaje en el que en un sentido más sagrado puede también entenderse aquel verdadero sacrificio vespertino que puede ser o el que es entregado en la cena por el Señor Salvador a los apóstoles al atardecer (cfr. Mt 26, 20) cuando daba comienzo a los misterios sacrosantos de la Iglesia..."
Siglo VI, monje Casiodoro, comentarios del salterio: "... A estos dice que no se ha de congregar con la sangre de los animales ni con la costumbre de inmolar víctimas, sino por la inmolación de su cuerpo y sangre, la cual, celebrada en todo el orbe, salvo al humano linaje."
"Sacrificio de la Santa Iglesia ha de entenderse no la oblacion de animales sino este rito que ahora se celebra con la inmolación solemne del cuerpo y de la sangre."Siglo VII, San Isidoro de Sevilla, Tres libros de sentencias: "El orden, pues, de la Misa y de las oraciones, con las cuales se consagran los sacrificios ofrecidos a Dios, por primera vez fue establecido por San Pedro, y está celebración la realiza todo el orbe de la misma manera."
Siglo VII, San Gregorio Magno, Diálogos: "... Viviendo inmortal e incorruptible en sí mismo de nuevo se inmola por nosotros en este misterio de la oblacion sagrada. Pues allí se toma su cuerpo, se distribuye su carne para salvación del pueblo, se derrama su sangre no ya en manos de los incrédulos, sino en la boca de los creyentes."
"Porque ¿quien de los creyentes puede dudar de que en la misma hora del sacrificio se abren los cielos a la voz del sacerdote..."
"Pero es necesario que cuando hagamos el sacrificio eucaristico nos inmolemos a nosotros mismos a Dios en contricion de corazón porque los que celebramos los misterios de la Pasión del Señor debemos imitar lo que hacemos."1562, Concilio de Trento, numerosas citas en la 22a. sesión (Denzinger 1739ss): "... Y porque en este divino sacrificio que en la Misa se realiza, se contiene e incruentamente se inmola aquel mismo Cristo que una sola vez se ofreció El mismo cruentamente en el altar de la Cruz; enseña el Santo Concilio que este sacrificio es verdaderamente propiciatorio ... Una sola y la misma es, en efecto, la víctima, y el que ahora se ofrece por Ministerio de los sacerdotes es el mismo que entonces se ofreció a si mismo en la Cruz, siendo sólo distinta la manera de ofrecerse".
1964, Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Lumen Gentium número 28: "En ella (los sacerdotes) actuando en la persona de Cristo y proclamando su misterio, unen la ofrenda de los fieles al sacrificio de su Cabeza; actualizan y aplican en el sacrificio de la Misa hasta la venida del Señor el único sacrificio de la Nueva Alianza: el de Cristo..."
1964, Concilio Vaticano II, Constitución Dogmática Sacrosanctum Concilium número 7: " (Cristo) esta presente en el sacrificio de la Misa, no sólo en la persona del ministro, ... sino también sobre todo bajo las especies eucarísticas".
1968, Credo del Pueblo de Dios, por S.S. Pablo VI, con motivo de la clausura del Año Santo de la Fe en la conmemoración del XIX centenario del martirio de los santos apóstoles Pedro y Pablo, número 24: "Nosotros creemos que la misa que es celebrada por el sacerdote representando la persona de Cristo, en virtud de la potestad recibida por el sacramento del orden, y que es ofrecida por él en nombre de Cristo y de los miembros de su Cuerpo místico, es realmente el sacrificio del Calvario, que se hace sacramentalmente presente en nuestros altares."
Instrucción General del Misal Romano, número 27: "En la Misa, o Cena del Señor, el pueblo de Dios es convocado y reunido, bajo la presidencia del sacerdote, quien obra en la persona de Cristo (in persona Christi) para celebrar el memorial del Señor o sacrificio eucarístico... Pues en la celebración de la Misa, en la cual se perpetúa el sacrificio de la cruz..."
Otros enlaces:
Las 7 presencias de Cristo
Oración para una visita a Jesús Sacramentado, por San Juan Pablo II
El culto debido a Dios y a los Santos
jueves, 5 de mayo de 2016
Las siete presencias de Cristo
Toda presencia implica una relación entre nosotros y Él. Y en esa relación habrá algo que nosotros podremos dar, y habrá también algo que podremos recibir. La consideración de esta doble vertiente de cada presencia de Cristo nos hará percibir el valor de cada una de ellas y cómo las tenemos que incorporar a nuestra vida de cristiano.
La primera presencia es la única presencia real y sacramental de las siete y la más excelsa, y es la Eucaristía. Jesús lo dice en la Última Cena: "Tomad y comed, esto es mi cuerpo,... tomad y bebed, esta es mi sangre" (Mt 26, 26-28). Jesús no deja lugar a dudas: dice ES. Y añade: "Haced esto en memoria mía". Y como sacramento, la Eucaristía es un signo de la actuación de la gracia de Dios entre nosotros mediante algo que podemos tocar y hacer nuestro. Además la Iglesia se hace y se reúne alrededor de la Eucaristía, en la celebración del sacrificio de la Misa y en la adoración perpetua por toda la tierra.
Por la inhabitación donde está una persona de la Santísima Trinidad, están las otras. Y en la Eucaristía están realmente presentes las tres por dicha cualidad. "Quien me ha visto a mi ha visto al Padre". La Eucaristía por tanto es una apoteosis trinitaria para la Iglesia.
Qué me da Jesús en la Eucaristía: el Santísimo Sacramento es un alimento para darnos fuerza y consuelo. Ese es el sentido de que Cristo haya querido quedarse entre nosotros en forma de alimento, ser nuestro refrigerio en la vida, incorporarse a nosotros. Pero también Cristo con su sola presencia nos transmite esa fuerza y ese consuelo.La segunda presencia está en la jerarquía de la Iglesia: "Quién a vosotros os escucha a mí me escucha" (Lc 10, 16). "Lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo... " (Mt 18, 18). La jerarquía eclesiástica es el medio por el que la Revelación de Dios a través de Cristo se transmite a toda la Historia de la humanidad. Y es el garante de que la Revelación no se distorsiona, ni se inventa, ni se oculta. La jerarquía además hace posible que Dios actúe en su pueblo mediante los sacramentos (signos) que nos atienden en distintos momentos de nuestra vida. No son dueños de los sacramentos, sino meros administradores de ellos.
Qué quiere de mí: Él necesita comulgarte, igual que tú le comulgas a Él. Él necesita estar contigo. Dos personas que se aman se comunican sus necesidades mutuas. No tengo que acercarme a comulgar cuando yo lo necesite, sino también tengo que pensar en que Él me necesita a mí, obviamente no porque Él carezca de nada sino porque sabe que si yo le doy mi amor, será mi felicidad completa.
Jesús está presente así mediante sus sacramentos y su enseñanza, siendo la jerarquía el vehículo por el que esa presencia de Cristo se transmite a nosotros.
Qué me da Jesús: Dado que a través de la jerarquía podemos acceder de forma segura a la Revelación, obtenemos la certeza de la luz y el perdón. Nos da luz para nuestros problemas: el Magisterio de la Iglesia, a través de distintos medios y formas. Y también el perdón cuando comprobamos que nuestra conducta se ha desviado de lo que debíamos hacer.La tercera presencia está en la propia conciencia, dentro de cada uno de nosotros. Es la más delicada, pues la conciencia es manipulable, elástica y ha de ser formada, y en esta tarea tenemos que poner nuestro esfuerzo como cristianos. Esta voz tiene que estar en sintonía con la del magisterio eclesiástico. La voz de mi conciencia no puede estar por encima de la voz de la Iglesia, ni erigirse en juez de aquélla. Y Cristo me habla a través de mi conciencia incluso cuando estoy en pecado.
Qué quiere de mí: obediencia y humildad. Obediencia para aceptar la luz, no distorsionarla ni olvidarla, y humildad para pedir perdón cuando hemos caído.
Qué me da Jesús: su asistencia en cada problema de cada día. No podemos esperar que cada situación que se nos presente esté recogida en el Catecismo detalladamente, o la consultemos con nuestro director espiritual. No es posible en el día a día. Una conciencia bien formada nos ofrece la presencia de Cristo hablando en el fondo de nuestra alma siempre que lo oigamos con sinceridad de corazón.La cuarta presencia es la comunidad, Jesús en medio de los discípulos. "Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy presente en medio de ellos" (Mt 18, 20). Reunidos por amor a Él. Jesús nos exige para esta presencia al menos dos personas, y así podemos reunirnos en la misa dominical, o en un grupo de oración, pero también en la familia. Podemos convertir nuestras casas en sagrarios para cobijar esta presencia de Cristo en medio de nosotros.
Qué quiere de mí: docilidad. La voz de la conciencia nos guía en las cosas más pequeñas de nuestra vida iluminada por la luz del Magisterio de la Iglesia y tenemos que ser dóciles a ella. Jesús quiere que escuche a mi conciencia con tranquilidad, sin sobresaltos y evitando los escrúpulos innecesarios que terminan por robarnos la tranquilidad y apartarnos de la Paz de Cristo.
Qué me da Jesús: su consuelo y su ayuda porque podemos ver en el otro la mirada de Jesús. En el camino de Emaús el Señor se hace presente en medio de aquellos dos hombres. El Señor hace arder el corazón de dos o más que se pongan en su presencia y se encomienden a Él. Cuando compartimos nuestra experiencia cristiana cumplimos la necesidad que todos tenemos de pertenencia, afecto y crecimiento en la fe. La Eucaristía es la presencia augusta está ahí para cuando estamos solos, porque no necesitamos de otros para recibir la comunión o adorarle en el sagrario. Y también necesitamos a Cristo en el otro para compartir mutuamente la fe. Esta presencia viene a cubrir la necesidad de quien no puede acceder a la Eucaristía.
Qué quiere de mí: amor y disponibilidad. Compartir a Jesús en la comunidad no nos obliga a hacer de nuestras celebraciones o experiencias una especie de circo en el que todo se hable o se permita cualquier extravagancia, dado que si no participo, no estaría yo integrado en la comunidad. Jesús no exige otra cosa que la reunión en su nombre. Y a veces el precio de la unidad es la humildad cuando veo el ejemplo de fe de otros y cómo yo puedo mejorar mi respuesta personal a Cristo.
La quinta presencia de Cristo es la Palabra de Dios, la Escritura, la Santa Biblia. Especialmente en el Nuevo Testamento, donde tenemos la noticia de la encarnación del Hijo de Dios y su presencia entre nosotros. Esta presencia es también fundamental y deriva en algún modo de la segunda, pues es la Iglesia la que juzga qué textos han sido queridos e inspirados por Dios para guiarnos a todos.
Qué me da: luz, consuelo y guía. Actúa junto con el Magisterio y la conciencia. El Magisterio y la Revelación divina se basa en las enseñanzas del Señor que conocemos por el Nuevo Testamento. La conciencia zanja los pequeños problemas morales de cada día y se nutre del Magisterio y de la Palabra de Dios.La sexta presencia de Cristo es el necesitado. La encontramos en la parábola del Juicio del Rey: "Entonces el Señor dirá cuando lo hicísteis con uno de estos, conmigo lo hicísteis" (Mt 25, 32-46)
Qué quiere de mí: que lea las Escrituras, que conozca los hechos de Jesús y cómo los primeros apóstoles interpretaron sus palabras no escritas. Por la lectura de las Sagradas Escrituras iluminadas e interpretadas por el magisterio es como accedemos de modo más directo a las mismas palabras de Cristo.
Qué me da: estar con el Señor, la salvación eterna. La parábola coloca la decisión sobre cada uno de nosotros por la atención al necesitado en nuestro juicio.
Qué tengo que dar: amor, tiempo, limosna, compañía. Todo en agradecimiento por el amor a Jesús, pues mi amor al prójimo deriva del amor a Dios.La séptima presencia de Cristo es el corazón del que guarda su palabra. "El que me ama guardará mi palabra y mi Padre lo amará y vendremos a él y haremos morada en él" (Jn 14, 23). Jesús pone dos condiciones, o más bien una primera condición que es causa de una segunda condición: primero debemos amarle, y como consecuencia de ese amor, cumplir su palabra. Entonces Jesús morará en nosotros.
Qué me da: Cuando amamos a Jesús y cumplimos de verdad su palabra, tenemos la posibilidad de tener una conciencia tranquila y limpia y gozar de la Paz de Cristo. "Fácilmente estará contento y sosegado el que tiene una conciencia limpia" (Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis, libro segundo, capítulo VI).
Qué quiere de mí: El Señor me quiere a mí, y quiere habitar en mi corazón. Quiere que, por tanto, sea agradecido con Él, porque me llena con su gracia y me da la paz, aunque no la sienta. Y esta paz de hoy ya tiene vestigios de eternidad.La elaboración de este artículo está inspirada, en las seis primeras presencias, en una conferencia del P. Santiago Martín disponible en video en este enlace.
martes, 16 de septiembre de 2014
Música inspiradora: Yo lo resucitaré
Yo le resucitaré
Yo soy el pan de vida,
el que viene a mí no tendrá hambre,
el que viene a mí no tendrá sed.
Nadie viene a mí
si mi Padre no lo llama.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré
en el día final.
El pan que yo les daré
es mi cuerpo, vida del mundo.
El que coma de mi carne
tendrá vida eterna, tendrá vida eterna.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré
en el día final.
Yo soy esa bebida
que se prueba y no se siente sed.
El que siempre beba de mi sangre
vivirá en mí y tendrá la vida eterna.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré
en el día final.
Sí, mi señor, yo creo
que has venido al mundo a redimirnos
que tú eres el hijo de Dios
y que estás aquí
alentando nuestras vidas.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré
en el día final.
miércoles, 25 de julio de 2012
Musica inspiradora: Eat this bread (Taizé) con traducción
Eat this bread; drink this cup.
Come to me and never be hungry.
Eat this bread; drink this cup.
Trust in me and you will not thirst.
Comed este pan; bebed este cáliz.
Venid a mi y nunca tendréis hambre.
Comed este pan; bebed este cáliz.
Confiad en mi y nunca tendréis sed
I am the bread of life,
the true bread sent from the Father.
Yo soy el pan de vida,
el verdadero pan enviado por el Padre.
Your ancestors ate manna in the desert,
but this is the bread come down from heaven.
Vuestros antepasados comieron el maná en el desierto,
pero este es el pan bajado del cielo.
Eat my flesh and drink my blood,
and I will raise you up on the last day.
Comed mi carne y bebed mi sangre,
y Yo os resucitaré en el último día.
Anyone who eats this bread,
will live forever.
El que coma de este pan,
vivirá para siempre.
If you believe and eat this bread,
you will have eternal life.
Si creéis y coméis este pan,
tendréis vida eterna.
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martes, 10 de julio de 2012
San Justino mártir, 160 AD: La presencia de Cristo en la Eucaristía
San Justino mártir, en un texto de alrededor de 160 AD extraido de su Primera Apología, nos ilumina en el concepto que los primeros cristianos tenían de la presencia real de Cristo en la Eucaristía.
Ant este texto no cabe duda acerca de la conciencia que tenían ya en el siglo II del significado de la Eucaristía para la Iglesia.
(Traigo este texto hoy gracias a la aportación de mi amigo Danny George Salinas Hormazábal, en Católicos firmes en su fe)
"1. Este alimento se llama entre nosotros 'Eucaristía', de la que a nadie es lícito participar, sino al que cree ser verdaderas nuestras enseñanzas y ha recibido el baño para la remisión de los pecados y la regeneración, y vive conforme a los preceptos que Cristo nos enseñó.
2. Porque no tomamos estas cosas como pan común ni bebida ordinaria, sino que, a la manera que Jesucristo, nuestro Salvador, hecho carne (cf. Jn 1,14) por virtud del Verbo de Dios, tuvo carne y sangre por nuestra salvación; así también el alimento “eucaristía” por una oración que viene de Él -alimento con el que son alimentados nuestra sangre y nuestra carne mediante una transformación-, es precisamente, conforme a lo que hemos aprendido, la carne y la sangre de Jesús hecho carne.
3. Es así que los Apóstoles en las “Memorias”, por ellos escritos, que se llaman “Evangelios”, nos transmitieron que así le fue a ellos mandado obrar, cuando Jesús, tomando el pan y dando gracias, dijo: “Hagan esto en memoria mía, éste es mi cuerpo” (Lc 22,19). E igualmente, tomando el cáliz y dando gracias, dijo: “Esta es mi sangre” (c. Mt 26,27-28)."
San Justino mártir, Primera apologia capitulo 66.1
martes, 5 de junio de 2012
Oración para una visita a Jesús Sacramentado, por Juan Pablo II
Oración para una visita
a Jesús Sacramentado, por Juan Pablo II
Señor Jesús:
Nos presentamos ante ti sabiendo que
nos llamas y que nos amas tal como somos.
"Tú tienes palabras de vida
eterna y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Hijo de Dios"
(Jn. 6,69).
Tu presencia en la Eucaristía ha
comenzado con el sacrificio de la última cena y continúa como comunión y
donación de todo lo que eres.
Aumenta nuestra FE.
Por medio de ti y en el Espíritu
Santo que nos comunicas, queremos llegar al Padre para decirle nuestro SÍ unido
al tuyo.
Contigo ya podemos decir: Padre
nuestro.
Siguiéndote a ti, "camino,
verdad y vida", queremos penetrar en el aparente "silencio" y
"ausencia" de Dios, rasgando la nube del Tabor para escuchar la voz
del Padre que nos dice: "Este es mi Hijo amado, en quien tengo mi
complacencia: Escuchadlo" (Mt. 17,5).
Con esta FE, hecha de escucha
contemplativa, sabremos iluminar nuestras situaciones personales, así como los
diversos sectores de la vida familiar y social.
Tú eres nuestra ESPERANZA, nuestra
paz, nuestro mediador, hermano y amigo.
Nuestro corazón se llena de gozo y
de esperanza al saber que vives "siempre intercediendo por nosotros"
(Heb. 7,25).
Nuestra esperanza se traduce en
confianza, gozo de Pascua y camino apresurado contigo hacia el Padre.
Queremos sentir como tú y valorar
las cosas como las valoras tú. Porque tú eres el centro, el principio y el fin
de todo.
Apoyados en esta ESPERANZA, queremos
infundir en el mundo esta escala de valores evangélicos por la que Dios y sus
dones salvíficos ocupan el primer lugar en el corazón y en las actitudes de la
vida concreta.
Queremos AMAR COMO TÚ, que das la
vida y te comunicas con todo lo que eres.
Quisiéramos decir como San Pablo:
"Mi vida es Cristo" (Flp. 1,21).
Nuestra vida no tiene sentido sin
ti.
Queremos aprender a "estar con
quien sabemos nos ama", porque "con tan buen amigo presente todo se
puede sufrir". En ti aprenderemos a unirnos a la voluntad del Padre,
porque en la oración "el amor es el que habla" (Sta. Teresa).
Entrando en tu intimidad, queremos
adoptar determinaciones y actitudes básicas, decisiones duraderas, opciones
fundamentales según nuestra propia vocación cristiana.
CREYENDO, ESPERANDO Y AMANDO, TE
ADORAMOS con una actitud sencilla de presencia, silencio y espera, que quiere
ser también reparación, como respuesta a tus palabras: "Quedaos aquí y
velad conmigo" (Mt. 26,38).
Tú superas la pobreza de nuestros
pensamientos, sentimientos y palabras; por eso queremos aprender a adorar
admirando el misterio, amándolo tal como es, y callando con un silencio de
amigo y con una presencia de donación.
El Espíritu Santo que has infundido
en nuestros corazones nos ayuda a decir esos "gemidos inenarrables"
(Rom. 8,26) que se traducen en actitud agradecida y sencilla, y en el gesto
filial de quien ya se contenta con sola tu presencia, tu amor y tu palabra.
En nuestras noches físicas y
morales, si tú estás presente, y nos amas, y nos hablas, ya nos basta, aunque
muchas veces no sentiremos la consolación.
Aprendiendo este más allá de la
ADORACIÓN, estaremos en tu intimidad o "misterio".
Entonces nuestra oración se
convertirá en respeto hacia el "misterio" de cada hermano y de cada
acontecimiento para insertarnos en nuestro ambiente familiar y social y
construir la historia con este silencio activo y fecundo que nace de la
contemplación.
Gracias a ti, nuestra capacidad de
silencio y de adoración se convertirá en capacidad de AMAR y de SERVIR.
Nos has dado a tu Madre como nuestra
para que nos enseñe a meditar y adorar en el corazón. Ella, recibiendo la
Palabra y poniéndola en práctica, se hizo la más perfecta Madre.
Ayúdanos a ser tu Iglesia misionera,
que sabe meditar adorando y amando tu Palabra, para transformarla en vida y
comunicarla a todos los hermanos.
Amén.
Enlaces relacionados:
El camino de Emaús
La Adoración Eucarística Perpetua
Formas de la Adoración Eucarística
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El camino de Emaús
La Adoración Eucarística Perpetua
Formas de la Adoración Eucarística
lunes, 29 de agosto de 2011
El culto debido a Dios y a los santos
Cuando los seres humanos decimos que debemos un culto a Dios o a los santos, en realidad estamos describiendo la actitud del cristiano hacia lo que le trasciende, lo que queda más allá: una actitud de respeto, dedicación y homenaje. En esto consiste el culto que les debemos.
Sin embargo, el culto que tributamos a Dios no es igual al que damos a los santos, y aquí es donde entra la diferencia:
Latría: se llama así al culto de adoración que le debemos y otorgamos a Dios. Implica un reconocimiento absoluto de nuestra subordinación ante la realidad divina (del griego Latreia, adoración, veneración).
Dulía: se llama así al culto que tributamos a los santos. Implica una relación entre iguales, por lo tanto no implica ninguna subordinación, sino un respeto y cariño especial a los que nos preceden en la fe y en la salvación (del griego douleia, servidumbre).
Hiperdulía: es el culto que debemos a la Santísima Virgen María. Como ser humano que es participa del culto de dulía (culto entre iguales) pero elevado a un grado especial en atención a la especial predilección divina por ella y a las gracias extraordinarias que recibió desde su concepción inmaculada.
El conocimiento de la distinción entre estos modos de culto debe ayudarnos en nuestra vida espiritual para colocarnos en distinta posición cuando nos dirigimos a Dios para invocar su perdón, su compasión, su inspiración o cercanía, que cuando nos dirigimos a los santos para pedir su protección o asistencia.
Enlaces relacionados:
La adoración eucarística
La unión hipostática
El amor en la Trinidad
El Testimonium Flavianum
Sin embargo, el culto que tributamos a Dios no es igual al que damos a los santos, y aquí es donde entra la diferencia:
Latría: se llama así al culto de adoración que le debemos y otorgamos a Dios. Implica un reconocimiento absoluto de nuestra subordinación ante la realidad divina (del griego Latreia, adoración, veneración).
Dulía: se llama así al culto que tributamos a los santos. Implica una relación entre iguales, por lo tanto no implica ninguna subordinación, sino un respeto y cariño especial a los que nos preceden en la fe y en la salvación (del griego douleia, servidumbre).
Hiperdulía: es el culto que debemos a la Santísima Virgen María. Como ser humano que es participa del culto de dulía (culto entre iguales) pero elevado a un grado especial en atención a la especial predilección divina por ella y a las gracias extraordinarias que recibió desde su concepción inmaculada.
El conocimiento de la distinción entre estos modos de culto debe ayudarnos en nuestra vida espiritual para colocarnos en distinta posición cuando nos dirigimos a Dios para invocar su perdón, su compasión, su inspiración o cercanía, que cuando nos dirigimos a los santos para pedir su protección o asistencia.
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La adoración eucarística
La unión hipostática
El amor en la Trinidad
El Testimonium Flavianum
viernes, 5 de agosto de 2011
Las flechas en la aljaba (IV): ... hasta el fin del mundo
Jesús está en el sagrario más cercano a tu casa, a tu trabajo, al lugar donde te hallas en este momento.
Él, como amigo fiel, no nos deja, sea la hora del día que sea y hagamos lo que hagamos. No te sientas nunca sólo.
Que tu voluntad se convierta en adoradora, en cada momento del día, de ese sagrario cercano aunque tu cuerpo no esté presente allí, aunque el recinto en el que se alberga esté cerrado en ese momento.
Especialmente si estás enfermo o imposibilitado. No dejes de encomendarte a Él, que está cerca de tu casa.
Qué bonito sería que todo un barrio, una familia, una casa uniera sus voluntades para dirigirse a Jesús Eucaristía desde el propio hogar, al levantarte, al acostarte, al comenzar alguna tarea.
Qué bonito sería que todo un barrio, una familia, una casa uniera sus voluntades para dirigirse a Jesús Eucaristía desde el propio hogar, al levantarte, al acostarte, al comenzar alguna tarea.
Ángel mío de la guarda, ahora que no puedo estar a Su lado, vuela hasta allí para adorarle.
Enlaces relacionados:
viernes, 8 de julio de 2011
Milagros Eucarísticos
A lo largo de la Historia de la Iglesia se han documentado muchos milagros eucarísticos, pero el de Lanciano ocupa un lugar especial entre todos ellos.
Si quieres conocer algo más sobre este milagro cuyos testimonios llegan hasta nuestros días, puedes ver el siguiente video:
A continuación otro hecho verdaderamente admirable a los ojos de los que lo contemplen, aunque no pueda calificarse de milagro eucarístico por no haberse pronunciado la autoridad eclesiástica.
Enlaces relacionados:
La Adoración Eucarística Perpetua
Formas de la adoración eucarística
Sobre el camino de Emaús
Si quieres conocer algo más sobre este milagro cuyos testimonios llegan hasta nuestros días, puedes ver el siguiente video:
A continuación otro hecho verdaderamente admirable a los ojos de los que lo contemplen, aunque no pueda calificarse de milagro eucarístico por no haberse pronunciado la autoridad eclesiástica.
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La Adoración Eucarística Perpetua
Formas de la adoración eucarística
Sobre el camino de Emaús
sábado, 25 de junio de 2011
Recursos de la Jornada Mundial de la Juventud 2011 - Madrid
Recursos de internet para la Jornada Mundial de la Juventud 2011 que se celebrará en Madrid:
Web Oficial
La JMJ-11 en Wikipedia
La JMJ-11 en Facebook
La JMJ-11 en Twitter
Inscripción en la JMJ
La Asociación Revaloria con la JMJ-11
Blog con información sobre la JMJ-11
Noticias sobre la JMJ-11
Enlaces relacionados:
¿Cuál es la verdadera libertad?
El verdadero tesoro de la Iglesia
Nueva edición de la Biblia
Web Oficial
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El verdadero tesoro de la Iglesia
Nueva edición de la Biblia
Formas de la adoración eucarística
Cuando hablamos de adoración eucarística, nos estamos refiriendo a diversas actitudes del cristiano en su vida de fe ante el Santísimo Sacramento. Intentemos reflexionar un poco sobre ellas.
En cuanto a los gestos corporales a tener ante el Santísimo Sacramento, son dos los principales del cristiano: la genuflexión y la postración de rodillas.
La genuflexión es el gesto por el que la persona lleva una de sus rodillas hasta hacerla tocar el suelo. Este gesto tiene su origen en la genuflexión que se practicaba ante los reyes. Aún hoy en día, las mujeres que concurren a una recepción pública de algún miembro de la realeza hacen un pequeño gesto de reverencia que es un recuerdo de la genuflexión ante los monarcas. El Santísimo Sacramento, como rey de nuestras vidas, merece recibir este gesto corporal cada vez que pasamos por delante del sagrario o de la custodia donde se expone.
Según la Instrucción general del Misal Romano "significa adoración; y por eso se reserva para el Santísimo Sacramento, así como para la santa Cruz desde la solemne adoración en la acción litúrgica del Viernes Santo en la Pasión del Señor hasta el inicio de la Vigilia Pascual." (n. 274).
Los fieles, "cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia, la cual debe ser determinada por las mismas normas (la Conferencia de Obispos)." (n. 160).
La posición en la que el fiel se coloca sobre las dos rodillas en el suelo o sobre un reclinatorio es el gesto de sumisión a Dios y adoración por excelencia. Por eso en la Biblia son frecuentes los casos de hombres de fe que ante la presencia de Dios o de alguno de sus mensajeros caen en tierra.
En tiempos cristianos antiguos revistió durante la misa el carácter penitencial, hasta el punto de que el Concilio de Nicea (325) prohibió ponerse de rodillas en los domingos y fiestas del Señor. En la Edad Media es cuando se generaliza esta postura durante la consagración y el canon romano todos los días. Nosotros le damos el sentido más profundo de nuestra relación con la Eucaristía, la adoración.
Modo:
La adoración eucarística más común es la que hacemos ante el sagrario en el que se reserva el Santísimo. Toda parroquia está obligada a tener un sagrario para la adoración durante un tiempo razonable para que los fieles puedan acudir.
Otras formas más solemnes son la exposición menor y la mayor. La exposición menor se hace normalmente colocando el copón o píxide en un lugar visible para que esté más palpablemente a la vista. La exposición mayor es la que se realiza colocando al Santísimo en la custodia a la adoración de los fieles. Durante ambos tipos de exposición se pueden realizar cantos y oraciones durante el tiempo en el que permanece expuesto el Señor para terminar con la bendición, si el que oculta el Santísimo es ministro ordenado.
La adoración eucarística perpetua consiste en turnos de adoración eucarística ante el sagrario que se organizan en una parroquia o capilla para que el pueblo de Dios no cese de orar ante Jesús Sacramentado. El Papa Juan Pablo II recomendó la adoración eucarística perpetua en algunos templos de cada diócesis para fomentar el amor por la Eucaristía y la oración.
La conocida como Adoración Nocturna consiste en turnos que se realizan por fieles que se asocian voluntariamente para que en determinada iglesia en un determinado día, se adore al Señor durante toda la noche.
En el caso de que una persona no pueda salir de su casa por una causa justificada, puede asociarse mentalmente al sagrario más cercano a su casa para mostrar su disponibilidad al Señor y unirse a la adoración que otros fieles realicen presencialmente.
Modernamente, a través de internet, hemos conocido la adoración online, en la que mediante una cámara web instalada en alguna capilla, podemos asistir en vivo a la adoración que se realiza en ese momento allí. Es una manera válida de unirse a la adoración al Señor siempre que no se utilice como excusa para no asistir al sagrario más próximo y compartir el tiempo con Jesús o se realice en horas y momentos en los que nos sería imposible asistir a la iglesia de nuestra elección.
En cuanto a los gestos corporales a tener ante el Santísimo Sacramento, son dos los principales del cristiano: la genuflexión y la postración de rodillas.
La genuflexión es el gesto por el que la persona lleva una de sus rodillas hasta hacerla tocar el suelo. Este gesto tiene su origen en la genuflexión que se practicaba ante los reyes. Aún hoy en día, las mujeres que concurren a una recepción pública de algún miembro de la realeza hacen un pequeño gesto de reverencia que es un recuerdo de la genuflexión ante los monarcas. El Santísimo Sacramento, como rey de nuestras vidas, merece recibir este gesto corporal cada vez que pasamos por delante del sagrario o de la custodia donde se expone.
Según la Instrucción general del Misal Romano "significa adoración; y por eso se reserva para el Santísimo Sacramento, así como para la santa Cruz desde la solemne adoración en la acción litúrgica del Viernes Santo en la Pasión del Señor hasta el inicio de la Vigilia Pascual." (n. 274).
Los fieles, "cuando comulgan estando de pie, se recomienda que antes de recibir el Sacramento, hagan la debida reverencia, la cual debe ser determinada por las mismas normas (la Conferencia de Obispos)." (n. 160).
La posición en la que el fiel se coloca sobre las dos rodillas en el suelo o sobre un reclinatorio es el gesto de sumisión a Dios y adoración por excelencia. Por eso en la Biblia son frecuentes los casos de hombres de fe que ante la presencia de Dios o de alguno de sus mensajeros caen en tierra.
En tiempos cristianos antiguos revistió durante la misa el carácter penitencial, hasta el punto de que el Concilio de Nicea (325) prohibió ponerse de rodillas en los domingos y fiestas del Señor. En la Edad Media es cuando se generaliza esta postura durante la consagración y el canon romano todos los días. Nosotros le damos el sentido más profundo de nuestra relación con la Eucaristía, la adoración.
Modo:
La adoración eucarística más común es la que hacemos ante el sagrario en el que se reserva el Santísimo. Toda parroquia está obligada a tener un sagrario para la adoración durante un tiempo razonable para que los fieles puedan acudir.
Otras formas más solemnes son la exposición menor y la mayor. La exposición menor se hace normalmente colocando el copón o píxide en un lugar visible para que esté más palpablemente a la vista. La exposición mayor es la que se realiza colocando al Santísimo en la custodia a la adoración de los fieles. Durante ambos tipos de exposición se pueden realizar cantos y oraciones durante el tiempo en el que permanece expuesto el Señor para terminar con la bendición, si el que oculta el Santísimo es ministro ordenado.
La adoración eucarística perpetua consiste en turnos de adoración eucarística ante el sagrario que se organizan en una parroquia o capilla para que el pueblo de Dios no cese de orar ante Jesús Sacramentado. El Papa Juan Pablo II recomendó la adoración eucarística perpetua en algunos templos de cada diócesis para fomentar el amor por la Eucaristía y la oración.
La conocida como Adoración Nocturna consiste en turnos que se realizan por fieles que se asocian voluntariamente para que en determinada iglesia en un determinado día, se adore al Señor durante toda la noche.
En el caso de que una persona no pueda salir de su casa por una causa justificada, puede asociarse mentalmente al sagrario más cercano a su casa para mostrar su disponibilidad al Señor y unirse a la adoración que otros fieles realicen presencialmente.
Modernamente, a través de internet, hemos conocido la adoración online, en la que mediante una cámara web instalada en alguna capilla, podemos asistir en vivo a la adoración que se realiza en ese momento allí. Es una manera válida de unirse a la adoración al Señor siempre que no se utilice como excusa para no asistir al sagrario más próximo y compartir el tiempo con Jesús o se realice en horas y momentos en los que nos sería imposible asistir a la iglesia de nuestra elección.
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jueves, 12 de noviembre de 2009
Ayudemos a las hermanas Comunicadoras Eucarísticas del Padre Celestial
Como todos sabéis, las hermanas Comunicadoras Eucarísticas del Padre Celestial forman una Congregación católica que se dedica a la propagación del Evangelio a través de los medios de comunicación social.
Con programas como "De corazón a corazón" protagonizado por la hermana Gabriela e Iris, principalmente, ellas nos han tocado el corazón para ponernos en el camino verdadero hacia Cristo.
Su actividad requiere de nuestro apoyo y nuestra oración. La labor que hacen necesita de dinero para poder elaborar producciones que nos muestren la verdad del mensaje evangélico.
Facilito desde este blog sus datos de contacto para que quien lo necesite pueda ponerse en contacto con ellas, así como sus datos bancarios para que, desde la situación particular de cada uno, podamos ayudarles económicamente.
Cuenta corriente en Estados Unidos:
Bank of America
check in account # 237-280-8242
titular: Teresa Ventura
Cuenta corriente en Colombia:
Bancolombia
cuenta de ahorros 60675452128
titular: Alix María Gil Sepúlveda
Para colaborar desde cualquier otro país:
Giro postal a través de Western Union o Money Gram.
Que el Señor les premie a todos.
Con programas como "De corazón a corazón" protagonizado por la hermana Gabriela e Iris, principalmente, ellas nos han tocado el corazón para ponernos en el camino verdadero hacia Cristo.
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Página web: http://www.papadiostv.net
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lunes, 11 de mayo de 2009
¿Qué quiere decir 'concomitancia' en relación a la Eucaristía?
Se ha discutido en la historia de la Iglesia sobre si en el pan consagrado estaba presente la sangre del Señor y viceversa.
Esta discusión doctrinal (aparentemente teórica, pero de gran profundidad) implicaba que si en el pan consagrado sólo está presente el Cuerpo de Cristo (con exclusión de su Sangre) y en el vino consagrado está presente la Sangre de Cristo (con exclusión de su Cuerpo), la presencia real de toda la divinidad de Cristo estaría limitada a la presencia de ambas especies conjuntamente y no a cada una por separado.
Por tanto, en el pan consagrado estaría sólo parcialmente Cristo, y en el vino consagrado estaría sólo parcialmente Cristo, terminando por poner en duda la presencia real de Cristo en cada una de las especies.
La concomitancia en la Eucaristía es la doctrina que nos dice que todo Cristo está presente en el pan consagrado y todo Cristo está presente en el vino consagrado. Por tanto, en cada una de las especies está presente el Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad completas y plenas de Cristo:
"Es de toda verdad que lo mismo se contiene bajo una de las dos especies que bajo ambas especies. Porque Cristo, todo e íntegro, está bajo la especie del pan y bajo cualquier parte de la misma especie, y todo igualmente está bajo la especie de vino y bajo las partes de ella." (Concilio de Trento, Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía de 11 de octubre de 1551, cap. 4; DS 1641)
Basándose en esta doctrina, es por lo que se considera que, al comulgar, se recibe a Cristo completamente, sin ninguna limitación ni restricción, a pesar de que se realice la comunión bajo una sola de las especies (sólo el Cuerpo de Cristo, o sóla la Sangre de Cristo).
Enlaces relacionados:
¿Qué es la transustanciación? (26-abril-2009)
La Adoración Eucarística Perpetua (Videos)
viernes, 1 de mayo de 2009
Sobre el camino de Emaús
El pasado día 15 de Abril, en la Catedral de San Patricio, tomó posesión de la archidiócesis de Nueva York el Excmo. y Rvdmo. Sr. Timothy M. Dolan.
En la homilía de la Misa inaugural de su pontificado proclamó, en inglés y en español, la necesidad de reafirmar la doctrina católica recibida, sin cambios ni alteraciones, así como relató una anécdota que le sucedió en una de sus visitas a Tierra Santa.
La visita a los Santos Lugares había sido extensa y detallada. Una vez terminada, él se dirige al guía que le acompaña como echando algo en falta y le dice que su ilusión sería conocer la población de Emaús, pues le gustaría recrear el camino en el que Jesús se aparece a aquellos discípulos que se nos narra en el evangelio.
El guía, un poco desilusionado, le contesta que no puede satisfacer su petición, pues no conocemos dónde estaba Emaús o a qué población actual se corresponde el Emaús bíblico.
El arzobispo queda un poco perplejo de que esa población, que debía estar cerca de Jerusalén, haya desaparecido de la Historia y sólo permanezca su recuerdo a través del relato evangélico.
Sin embargo, esto le hizo reflexionar y sacar una conclusión: ¿y si la voluntad del Señor ha sido la de que Emaús desaparezca de nuestro conocimiento para que cada cristiano recree en su vida ese camino de Emaús de los discípulos? ¿No será, acaso, la Iglesia la encargada de hacer de su historia un permanente camino de Emaús en el que Jesús nos acompaña, veladamente, sin manifestarse a nuestros sentidos, pero enseñándonos la Escritura, haciendo de nuestro único compañero de camino, para desvelarse ante nuestros ojos al partir el pan?
La vida entera y particularmente la Misa serían, para nosotros, nuestro camino de Emaús del cristiano en el que vivimos la fe con la seguridad de que Él está con nosotros aunque no lo veamos, que nos enseña la Palabra de Dios aunque no lo oigamos y que se nos ofrece y nos desvela al alma en verdadera presencia en la Sagrada Eucaristía aunque nuestros sentidos nos engañen.
La Iglesia nos acoge en nuestro camino de Emaús, y Dios ha querido velar y ocultar la verdadera ubicación de aquel poblado, para enseñarnos que nuestro Emaús de cada día culmina con la Eucaristía, que es esa parusía, esa venida de Cristo a nosotros que se nos promete en el Apocalipsis y que se hace presencia real día a día en nuestra vida hasta que llegue a nosotros su definitiva presencia.
Emaús desapareció para que cada Misa sea nuestro Emaús. Bendito sea Dios. Gracias al Arzobispo Dolan por compartir su pequeña historia con nosotros.
Enlaces relacionados:
Los 3 libros imprescindibles del católico (16-marzo-2009)
Para saber sobre San Marcos (20-febrero-2009)
¿Existió Pilatos? (19-febrero-2009)
domingo, 26 de abril de 2009
¿Qué es la transustanciación?
Con la palabra transustanciación la Iglesia quiere expresar la verdad revelada de que en las especies de pan y vino consagradas está verdaderamente presente el Cuerpo y la Sangre del Señor.
Transustanciación es un término que nos remite al concepto filosófico de sustancia y accidentes, tal como lo formuló Aristóteles (recogido más tarde por Santo Tomás de Aquino). De este modo, para explicar el cambio producido por la consagración en las especies de pan y vino, afirmamos que mientras sus accidentes (color, apariencia, sabor, textura, etc.) no han cambiado, sin embargo su sustancia (la de pan) sí se ha transformado en la sustancia del Cuerpo de Cristo. Lo mismo se predicaría de su sangre. Transustanciación por tanto nos habla del cambio de sustancia (trans-sustancia) realizado en el pan y vino consagrados. Ya no son pan y vino, aunque parezcan pan y vino, pues son el Cuerpo y la Sangre del Señor. A ese cambio radical, a ese cambio en la sustancia es al que se refiere la transustanciación.
El término se usó en la doctrina de la Iglesia por primera vez en la carta Cum Marthae circa del Papa Inocencio III de 29 de noviembre de 1202. Sin embargo, como definición dogmática definitiva fue recogido por el Concilio de Trento en el Decreto sobre el sacramento de la Eucaristía, en la 13ª sesión de 11 de octubre de 1551, en el que se dice:
"Cristo, Redentor nuestro, dijo ser verdaderamente su cuerpo lo que ofrecía bajo la apariencia de pan, de ahí que la Iglesia de Dios tuvo siempre la persuasión y ahora nuevamente lo declara en este santo Concilio, que por la consagración del pan y del vino se realiza la conversión de toda la sustancia del pan en la sustancia del cuerpo de Cristo Señor nuestro, y de toda la sustancia del vino en la sustancia de su sangre. La cual conversión, propia y convenientemente, fue llamada transustanciación por la santa Iglesia Católica."
Este concepto fue nuevamente tratado por la doctrina magisterial del Papa Pablo VI (entre otros) con ocasión de su Encíclica Mysterium Fidei, de 3 de septiembre de 1965. Ciertas doctrinas procedentes de la fenomenología y la filosofía existencial, habían puesto en entredicho el concepto de transustanciación, proponiendo como alternativa la transignificación o la transfinalización.
En la encíclica S.S. Pablo VI recuerda que la transustanciación define completamente el cambio producido en las especies eucarísticas, mientras la sola referencia a la transignificación o la transfinalización no aclaran el concepto de la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Por tanto, sin condenar el uso de esos términos, los declara insuficientes para expresar el dogma eucarístico.
La veneración con la que la Iglesia trata la doctrina consolidada y recibida, así como los términos que se usan para definirla, hace que si bien los conceptos de sustancia y accidentes son elaboraciones que pertenecen al ámbito filosófico y no forman parte del dominio común, en cambio la transustanciación expresa perfectamente el milagro realizado en cada Misa al convertir el pan y el vino en el Cuerpo y en la Sangre del Señor y por ello sigue siendo un concepto plenamente válido para acercarnos a ese milagro del que somos testigos a diario.
(Se puede consultar al respecto el Catecismo, nº 1376).
Enlaces relacionados:
Diez consejos para perder la fe
La adoración eucarística perpetua (Videos)
San Justino mártir, 160AD: la presencia real de Cristo en la Eucaristía
Pensamientos espirituales. La Flechas en la Aljaba
sábado, 28 de marzo de 2009
La Adoración Eucarística Perpetua
Videos de un documental sobre la Adoración Eucarística Perpetua en San Antonio, Texas. Cada video tiene una duración de 10 minutos:
Descubriendo a Jesús vivo en la Eucaristía (1/5)
Descubriendo a Jesús vivo en la Eucaristía (2/5)
Descubriendo a Jesús vivo en la Eucaristía (3/5)
Descubriendo a Jesús vivo en la Eucaristía (4/5)
Descubriendo a Jesús vivo en la Eucaristía (5/5)
Enlaces relacionados:
'Catecumenado', por Frank Morera
De corazón a corazón, por la hermana Gabriela del Amor
Catequesis sobre la Eucaristía, por Frank Morera
Descubriendo a Jesús vivo en la Eucaristía (1/5)
Descubriendo a Jesús vivo en la Eucaristía (2/5)
Descubriendo a Jesús vivo en la Eucaristía (3/5)
Descubriendo a Jesús vivo en la Eucaristía (4/5)
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De corazón a corazón, por la hermana Gabriela del Amor
Catequesis sobre la Eucaristía, por Frank Morera
sábado, 21 de febrero de 2009
Pensamientos (VII)
"La oblación eucarística se llama participación, porque por medio de ella participamos de la Divinidad de Jesús.
Se dice comunión, y lo es realmente, porque por ella comulgamos nosotros con Cristo y recibimos su carne y su Divinidad, y por medio de ella nos unimos y comulgamos unos con otros, ya que, por participar de un mismo pan, todos somos un mismo cuerpo de Cristo, y una misma sangre, y venimos a ser miembros unos de los otros, puesto que somos del mismo cuerpo de Cristo."
(San Juan Damasceno -s. VIII-, Sobre la fe ortodoxa, L. 4 c.13)
Otros enlaces:
Pensamientos (VI): Didajé
Pensamientos (V): Los judíos en el Catecismo de la Iglesia
Pensamientos (IV): Juan Pablo II y la Eucaristía
viernes, 20 de febrero de 2009
Carta del Cardenal Arinze sobre el "pro multis"
CONGREGATIO DE CULTU DIVINO ET DISCIPLINA SACRAMENTORUM
Prot. n. 467/05/L
Roma, 17 de octubre de 2006
Su Eminencia / Su Excelencia
En julio de 2005 esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, de acuerdo con la Congregación para la Doctrina de la Fe escribió a todos los presidentes de las Conferencias Episcopales para preguntar su estimable opinión sobre la traducción a varias de las lenguas vernáculas de la expresión pro multis en la fórmula de la consagración de la Preciosísima Sangre durante la celebración de la Santa Misa (ref. Prot. n. 467/05/L, del 9 de julio de 2005).
Las respuestas de las Conferencias Episcopales fueron estudiadas por dos Congregaciones y el informe presentado al Santo Padre. Por su directiva, esta Congregación ahora escribe a Su Eminencia /Su Excelencia en los siguientes términos.
1. El texto, correspondiente a las palabras pro multis, entregado por la Iglesia a lo largo del tiempo -que constituye la fórmula que ha sido de uso en el Rito Romano desde los siglos más tempranos- en los últimos 30 años o término cercano, en algunos textos aprobados en lengua vernácula ha sido traducido en el sentido interpretativo de "por todos", "for all", "per tutti", o equivalentes.
2. No hay duda, en cualquier caso, sobre la validez de las Misas celebradas con el uso debidamente aprobado de la fórmula que contiene una fórmula equivalente a "por todos", como la Congregación para la Doctrina de la Fe ha declarado ya (cf. Sacra Congregatio pro Doctrina Fidei, Declaratio de sensu tribuendo adprobationi versionum formularum sacramentalium, 25 Ianuari 1974, AAS 66 [1974], 661). Verdaderamente, la fórmula "por todos" seguramente correspondería a la intención del Señor expresada en el texto. Es dogma de Fe que Cristo murió en la Cruz por todos los hombres y mujeres (cf. Juan 11:52; Corintios 5, 14-15; Tito 2,11; 1 Juan 2,2).
3) Hay, sin embargo, muchos argumentos en favor de una traducción más precisa de la fórmula tradicional pro multis:
a. Los Evangelios Sinópticos (Mt. 26,28; Mc. 14,24) hacen una referencia específica a "muchos" ([la palabra griega transliterada sería polloi]) por los cuales el Señor está ofreciendo el Sacrificio, y estas palabras han sido remarcadas por algunos eruditos bíblicos relacionándolas con las palabras del profeta Isaías (53, 11-12). Sería completamente posible que los Evangelios hubiesen dicho "por todos" (por ejemplo, cf. Lucas 12,41); pero, la formula de la narración de la institución dice " por muchos", y estas palabras han sido fielmente traducidas por la mayoría de las versiones bíblicas modernas.
b. El Rito Romano en latín siempre ha dicho pro multis y nunca pro omnibus en la consagración del cáliz.
c. Las anáforas de los distintos ritos orientales, sea el griego, el siríaco, el armenio, el eslavo, etc. contienen fórmulas verbales equivalentes al latin "pro multis" en sus respectivos idiomas.
d. "Por muchos" es una traducción fiel de "pro multis" en tanto que "por todos" es más bien una explicación más adecuada a la catequesis.
e. La expresión "por muchos", mientras permanece abierta a la inclusión de cada uno de los seres humanos, refleja, además el hecho de que esta salvación no es algo mecánico, sin el deseo o la participación voluntaria de cada uno; por el contrario, el creyente es invitado a aceptar por la fe el don que le es ofrecido y a recibir la vida sobrenatural que es dada a los que participan del misterio, viviéndolo en sus vidas de modo tal que sean parte del número de los "muchos" a los que se refiere el texto.
f. En concordancia con la Instrucción Liturgiam Authenticam, ha de hacerse un esfuerzo para ser más fieles a los textos latinos de las ediciones típicas.
4. A las Conferencias Episcopales de aquellos países donde la fórmula "por todos" o su equivalente está en vigencia en la actualidad se les solicita que emprendan una catequesis de los fieles sobre esta materia en el próximo año o dos para prepararlos a la introducción de una precisa traducción en lengua vernácula de la fórmula pro multis (por ejemplo, "for many", "por muchos", "per molti", etc.) en la próxima traducción del Misal Romano que los Obispos y la Santa Sede hayan de aprobar para el uso en su país.
Con la expresión de mi alta estima y respeto, permanezco, Su Eminencia/Su Excelencia
Devotamente suyo en Cristo.
Francis Cardenal Arinze Prefecto
Otros enlaces:
El nombre de Dios en la liturgia
Sagrada Congregación para el Culto Divino
¿Por qué el auge de la misa tridentina?
lunes, 16 de febrero de 2009
Carta del Cardenal Arinze sobre el nombre de Yahvé en la liturgia
Su Eminencia / Su Excelencia:
Por directiva del Santo Padre, y de acuerdo con la Congregación para la Doctrina de la Fe, esta Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos considera conveniente comunicar a las Conferencias Episcopales lo siguiente acerca de la traducción y la pronunciación, en los actos litúrgicos, del Nombre Divino significado en el sagrado tetragrama, junto con un número de directivas.
I. Exposición:
1. Las palabras de la Sagrada Escritura contenidas en el Antiguo y en el Nuevo Testamento expresan la verdad que trasciende los límites impuestos por el tiempo y el espacio. Son la Palabra de Dios expresada en palabras humanas y, por medio de estas palabras de vida, el Espíritu Santo introduce a los fieles al conocimiento de la verdad completa y entera y así la Palabra de Cristo llega a morar en los fieles en toda su riqueza (cf. Jn 14, 26; 16, 12-15).
Para que la Palabra de Dios, escrita en los textos sagrados, pueda ser conservada y transmitida en una forma íntegra y fiel, cada traducción moderna de los libros de la Biblia apunta a ser una transposición fiel y exacta de los textos originales.
Tal esfuerzo literario requiere que el texto original sea traducido con la máxima integridad y exactitud, sin omisiones o adiciones en lo que respecta a los contenidos, y sin introducir glosas explicatorias o paráfrasis que no pertenezcan al mismo texto sagrado.
En lo relativo al Nombre Sagrado de Dios Mismo, los traductores deben usar de la mayor fidelidad y respeto. En particular, como destaca la Instrucción Liturgiam Authenticam (nº 41):Según una tradición inmemorial recibida, que ya aparece en la citada versión “de los Setenta”, el nombre de Dios omnipotente, expresado en hebreo con el tetragrama sagrado, y en latín con el término “Dominus”, se debe traducir en toda lengua vernácula, con un término del mismo significado.[iuxta traditionem ab immemorabili receptam, immo in (…) versione «LXX virorum» iam perspicuam, nomen Dei omnipotentis, sacro tetragrammate hebraice expressum, latine vocabulo «Dominus», in quavis lingua populari vocabulo quodam eiusdem significationis reddatur].
No obstante la existencia de una norma tan clara, en los últimos años se ha introducido la práctica de pronunciar el Nombre propio del Dios de Israel, conocido como el Santo o Divino tetragrama, escrito con cuatro consonantes del alfabeto hebreo (YHWH). La práctica de vocalizarlo se da tanto en la lectura de los textos bíblicos tomados del Leccionario como en las oraciones e himnos y ocurre en diversas formas escritas y habladas, por ejemplo “Yahweh”, “Yahwè”, “Jahweh”, “Jahwè”, “Jave”, “Yehovah”, etc.
Además, nuestra intención con la presente carta, es la de exponer algunos puntos esenciales que subyacen a la mencionada norma y establecer algunas directivas a ser observadas en esta materia.
2. La venerable tradición bíblica de la Sagrada Escritura, conocida como Antiguo Testamento, muestra una serie de denominaciones divinas entre las que se encuentra el Nombre Sagrado de Dios revelado en el tetragrama YHWH. Como expresión de la Infinita Grandeza y Majestad de Dios, se consideraba impronunciable y por esto fue reemplazada durante la lectura de la Sagrada Escritura por el uso de un Nombre alternativo: “Adonai”, que significa “Señor”.
La traducción griega del Antiguo Testamento, la llamada “Septuaginta” que data de los últimos siglos previos a la era cristiana, traduce regularmente el tetragrama hebreo con la palabra griega Kyrios, que significa “Señor”. Dado que el texto de la Septuaginta constituyó la Biblia de la primera generación de cristianos de habla griega (lengua en que fueron escritos todos los libros del Nuevo Testamento), desde el principio, estos cristianos nunca pronunciaron el tetragrama divino. Algo similar sucedió también con los cristianos de habla latina (cuya literatura comenzó a emerger en el siglo segundo), como lo manifiesta en un primer momento la Vetus Latina y, después, la Vulgata de San Jerónimo: también en estas traducciones el tetragrama fue reemplazado regularmente por la palabra latina “Dominus”, correspondiente tanto al hebreo “Adonai” como al griego “Kyrios”. Lo mismo se mantiene para la reciente Neo-Vulgata que la Iglesia emplea en la Liturgia.
Este hecho ha tenido importantes implicaciones para la misma Cristología del Nuevo Testamento. Cuando, con respecto a la Crucifixión, San Pablo escribe que: “Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre” (Flp 2, 9), no se refiere a otro nombre sino al de “Señor”, ya que continúa: “y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor” (Flp 2, 11; cf. Is 42, 8: “Yo Soy el Señor, ése es Mi Nombre”). La atribución de este título a Cristo Resucitado corresponde exactamente a la proclamación de Su Divinidad. De hecho, el título se hace intercambiable entre el Dios de Israel y el Mesías de la fe cristiana, incluso cuando éste no es uno de los títulos usados para el Mesías de Israel. En un sentido estrictamente teológico, este título se encuentra, por ejemplo, ya en el primer Evangelio canónico (cf. Mt 1, 20: “El Ángel del Señor se apareció a José en un sueño”) y se ve como una regla en las citas del Antiguo Testamento en el Nuevo Testamento (cf. Hech 2, 20: “El sol se convertirá en tinieblas… antes que llegue el Día del Señor” (Joel 3, 4); 1Ped 1, 25: “La Palabra del Señor permanece para siempre” (Is 40, 8)).
Sin embargo, en un sentido propiamente cristológico, además del citado texto de Filipenses 2, 9-11, podemos recordar Rom 10, 9 (“Si confiesas con tu boca que Jesucristo es el Señor, y crees en tu corazón que Dios lo resucitó de entre los muertos, serás salvado”), 1Cor 2, 8 (“no habrían crucificado al Señor de la Gloria”), 1Cor 12, 3 (“Nadie puede decir ‘Jesús es el Señor’, si no está impulsado por el Espíritu Santo”), y la fórmula frecuente concerniente a los cristianos que viven “en el Señor” (Rom 16, 2; 1Cor 7, 22; 1Tes 3, 8; etc.).3. Evitar pronunciar el tetragrama del Nombre de Dios tiene, por tanto, sus propios fundamentos de parte de la Iglesia.
Además de un motivo de orden puramente filológico, existe también el permanecer fieles a la tradición de la Iglesia: desde el principio, el sagrado tetragrama nunca fue pronunciado en el contexto cristiano, ni traducido a ninguna de las lenguas en las que la Biblia fue traducida.
II. Directivas
A la luz de la que ha sido expuesto, han de ser observadas las siguientes directivas:
1) En las celebraciones litúrgicas, en los cantos y oraciones, el Nombre de Dios en la forma del tetragrama YHWH no ha de ser usado ni pronunciado.
2) Para la traducción del texto bíblico en lenguas modernas destinados al uso litúrgico de la Iglesia, ha de seguirse lo ya prescrito por el nº. 41 de la Instrucción Liturgiam Authenticam; es decir, que el divino tetragrama ha de ser traducido por el equivalente de Adonai/Kyrios: “Lord”, “Signore”, “Seigneur”, “Herr”, “Señor”, etc.
3) Al traducir, en el contexto litúrgico, los textos en los que están presentes uno después del otro, ya sea el término hebreo Adonai o el tetragrama YHWH, Adonai ha de ser traducido como “Señor” y la palabra “Dios” ha de ser usada en lugar del tetragrama YHWH, de forma similar a lo que sucede con la traducción griega de la Septuaginta y con la traducción latina de la Vulgata [ejemplo: Señor Dios].
De la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, 29 de junio del 2008.
Francis Card. Arinze
Prefecto
Albert Malcolm Ranjith
Arzobispo Secretario.
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