Su Santidad San Juan Pablo II publicó el 6 de agosto de 1993 su Encíclica Veritatis Splendor sobre algunas cuestiones fundamentales sobre la enseñanza moral de la Iglesia.
Creo que es muy revelador leer en este momento el n. 56 que transcribo más abajo, aunque para poner dicha reflexión en contexto, me permito citar el último párrafo del n. 55. Los resaltados en negrita son míos.
...
55. ...
...Algunos autores, queriendo poner de relieve el carácter creativo de la conciencia, ya no llaman a sus actos con el nombre de juicios, sino con el de decisiones. Sólo tomando autónomamente estas decisiones el hombre podría alcanzar su madurez moral. No falta quien piensa que este proceso de maduración sería obstaculizado por la postura demasiado categórica que, en muchas cuestiones morales, asume el Magisterio de la Iglesia, cuyas intervenciones originarían, entre los fieles, la aparición de inútiles conflictos de conciencia.
56. Para justificar semejantes posturas, algunos han propuesto una especie de doble estatuto de la verdad moral. Además del nivel doctrinal y abstracto, sería necesario reconocer la originalidad de una cierta consideración existencial más concreta. Ésta, teniendo en cuenta las circunstancias y la situación, podría establecer legítimamente unas excepciones a la regla general y permitir así la realización práctica, con buena conciencia, de lo que está calificado por la ley moral como intrínsecamente malo. De este modo se instaura en algunos casos una separación, o incluso una oposición, entre la doctrina del precepto válido en general y la norma de la conciencia individual, que decidiría de hecho, en última instancia, sobre el bien y el mal. Con esta base se pretende establecer la legitimidad de las llamadas soluciones pastorales contrarias a las enseñanzas del Magisterio, y justificar una hermenéutica creativa, según la cual la conciencia moral no estaría obligada en absoluto, en todos los casos, por un precepto negativo particular.
Con estos planteamientos se pone en discusión la identidad misma de la conciencia moral ante la libertad del hombre y ante la ley de Dios. Sólo la clarificación hecha anteriormente sobre la relación entre libertad y ley basada en la verdad hace posible el discernimiento sobre esta interpretación creativa de la conciencia.
...
Para quien quiera leer el documento en su totalidad, dejo por aquí el enlace al mismo.
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sábado, 9 de abril de 2016
sábado, 13 de abril de 2013
Un juicio en conciencia
Todos nos planteamos en algún momento de nuestra vida la toma de decisión sobre si algún acto concreto es concorde a la voluntad de Dios o no. ¿Qué debemos hacer en esta o aquella situación concreta? Si mi conciencia me dicta honestamente un proceder, ¿qué debo hacer? ¿Y si mi conciencia recta me dicta no hacer un acto que todo el resto del mundo aprueba?¿Es siempre lícito un mismo acto?
El Catecismo de la Iglesia, siempre nos ilumina con su enseñanza. Acudimos a él para aclarar estos conceptos:
1790: La persona humana debe obedecer siempre el juicio cierto de su conciencia. Si obrase deliberadamente contra este último, se condenaría a sí mismo. Pero sucede que la conciencia moral puede estar afectada por la ignorancia y puede formar juicios erróneos sobre actos proyectados o ya cometidos.
Cuando tenemos una conciencia recta y bien formada, su dictado se convierte en norma de actuación para nosotros. El examen de conciencia honesto nos debe conducir a tomar una decisión en nuestro obrar, que si está guiada por la buena voluntad de hacer lo correcto, es ley de obligado cumplimiento.
1849: El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta...
Por tanto, la falta contra el propio dictado de la conciencia es lo que el catecismo define como pecado. De ahí que nuestra conciencia esté rectamente formada, y nuestra voluntad lo suficientemente robustecida para seguirla sin temor.
1776: ... La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella (Gaudium et Spes 16).
En la propia conciencia, el hombre se encuentra a solas con Dios. No hay intermediarios ni barreras. Ni siquiera la Iglesia puede intervenir en el juicio de la conciencia propia. Por tanto, nadie puede juzgar la conciencia ajena en sus actos.
En la vida de todo cristiano, el problema de conciencia se plantea sin cesar, pues nos enfrentamos en un combate con un enemigo poderoso (aunque no imbatible). San Agustín dijo: "Empezaste a creer: prepárate para la guerra".
El mundo actual se vale de poderosas armas para acallar nuestras conciencias:
- "la corriente dominante dice que hay que hacer esto, ¿tú vas a contradecir a todos los demás?".
- "mientras tu conciencia te acusa en este tema, la mía no, así que la cosa termina en empate y que cada uno haga lo que quiera".
- mediante la conveniente tergiversación mediática, cualquier cosa puede venderse como positiva para una conciencia poco formada. No creo que haya tantas personas partidarias seriamente del aborto como poco formadas moralmente sobre sus consecuencias.
- en un mundo sobreabundante de información y de medios, la defensa ante esta "sobredosis" es la pasividad de la conciencia: "unos dicen que está bien, otros dicen que está mal... yo me inhibo".
- El exceso y sobreabundancia de tecnología distrae y adormece las conciencias por falta de interioridad y reflexión. Hoy los jóvenes no leen libros educativos, no forman sus conciencias, se basan en lo que oyen a sus amigos (igual o peor formados que ellos) sin que haya una alternativa.
Indefectiblemente podemos percibir que todas estas argumentaciones nos llevan a la falta de libertad, pues lo contrario de una conciencia formada no es una conciencia libre, sino una conciencia sometida al dictado de la mayoría.
Otros artículos interesantes para leer más sobre este tema en el Catecismo de la Iglesia:
1776: la conciencia como ley que el hombre no se da a sí mismo.
1777: la conciencia ordena practicar el bien y evitar el mal.
1778: la conciencia como juicio de discernimiento de la razón.
1779: para oir a la conciencia, interioridad.
1780: nuestros actos nos exigen rectitud de la conciencia moral.
1781: la conciencia implica la responsabilidad de los actos.
(Todos los subrayados y negritas de citas de otros textos son siempre míos y, por lo tanto, no corresponden al texto original. Los títulos resumidos de los artículos citados del Catecismo de la Iglesia también son míos por lo que pueden estar incompletos o responder a mi interpretación de los mismos. Consulta el texto original siempre).
Enlaces relacionados:
No te preocupes por lo que piensen de tí.
Todo el mundo busca algo.
La salvación de otros depende de mí.
La 'perra' buena voluntad.
El Catecismo de la Iglesia, siempre nos ilumina con su enseñanza. Acudimos a él para aclarar estos conceptos:
1790: La persona humana debe obedecer siempre el juicio cierto de su conciencia. Si obrase deliberadamente contra este último, se condenaría a sí mismo. Pero sucede que la conciencia moral puede estar afectada por la ignorancia y puede formar juicios erróneos sobre actos proyectados o ya cometidos.
Cuando tenemos una conciencia recta y bien formada, su dictado se convierte en norma de actuación para nosotros. El examen de conciencia honesto nos debe conducir a tomar una decisión en nuestro obrar, que si está guiada por la buena voluntad de hacer lo correcto, es ley de obligado cumplimiento.
1849: El pecado es una falta contra la razón, la verdad, la conciencia recta...
Por tanto, la falta contra el propio dictado de la conciencia es lo que el catecismo define como pecado. De ahí que nuestra conciencia esté rectamente formada, y nuestra voluntad lo suficientemente robustecida para seguirla sin temor.
1776: ... La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que está solo con Dios, cuya voz resuena en lo más íntimo de ella (Gaudium et Spes 16).
En la propia conciencia, el hombre se encuentra a solas con Dios. No hay intermediarios ni barreras. Ni siquiera la Iglesia puede intervenir en el juicio de la conciencia propia. Por tanto, nadie puede juzgar la conciencia ajena en sus actos.
En la vida de todo cristiano, el problema de conciencia se plantea sin cesar, pues nos enfrentamos en un combate con un enemigo poderoso (aunque no imbatible). San Agustín dijo: "Empezaste a creer: prepárate para la guerra".
El mundo actual se vale de poderosas armas para acallar nuestras conciencias:
- "la corriente dominante dice que hay que hacer esto, ¿tú vas a contradecir a todos los demás?".
- "mientras tu conciencia te acusa en este tema, la mía no, así que la cosa termina en empate y que cada uno haga lo que quiera".
- mediante la conveniente tergiversación mediática, cualquier cosa puede venderse como positiva para una conciencia poco formada. No creo que haya tantas personas partidarias seriamente del aborto como poco formadas moralmente sobre sus consecuencias.
- en un mundo sobreabundante de información y de medios, la defensa ante esta "sobredosis" es la pasividad de la conciencia: "unos dicen que está bien, otros dicen que está mal... yo me inhibo".
- El exceso y sobreabundancia de tecnología distrae y adormece las conciencias por falta de interioridad y reflexión. Hoy los jóvenes no leen libros educativos, no forman sus conciencias, se basan en lo que oyen a sus amigos (igual o peor formados que ellos) sin que haya una alternativa.
Indefectiblemente podemos percibir que todas estas argumentaciones nos llevan a la falta de libertad, pues lo contrario de una conciencia formada no es una conciencia libre, sino una conciencia sometida al dictado de la mayoría.
Otros artículos interesantes para leer más sobre este tema en el Catecismo de la Iglesia:
1776: la conciencia como ley que el hombre no se da a sí mismo.
1777: la conciencia ordena practicar el bien y evitar el mal.
1778: la conciencia como juicio de discernimiento de la razón.
1779: para oir a la conciencia, interioridad.
1780: nuestros actos nos exigen rectitud de la conciencia moral.
1781: la conciencia implica la responsabilidad de los actos.
(Todos los subrayados y negritas de citas de otros textos son siempre míos y, por lo tanto, no corresponden al texto original. Los títulos resumidos de los artículos citados del Catecismo de la Iglesia también son míos por lo que pueden estar incompletos o responder a mi interpretación de los mismos. Consulta el texto original siempre).
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La salvación de otros depende de mí.
La 'perra' buena voluntad.
sábado, 25 de agosto de 2012
La 'perra' buena voluntad
En una ocasión en que Sor Teresa me había mostrado todos mis defectos, yo me sentía triste y un poco desamparada. Pensaba: yo, que tanto deseo alcanzar la virtud, me veo muy lejos; querría ser dulce, paciente, humilde, caritativa, ¡ay, no lo conseguiré jamás!...
Sin embargo, en la oración de la tarde, leí que, al expresar Santa Gertrudis ese mismo deseo, Nuestro Señor Jesucristo le había respondido:
"En todo y sobre todo, ten buena voluntad: esa sola disposición dará a tu alma el brillo y el mérito especial de todas las virtudes. Todo el que tiene buena voluntad, el deseo sincero de procurar mi gloria, de darme gracias, de compadecerse de mis sufrimientos, de amarme y servirme como todas las criaturas juntas, recibirá indudablemente unas recompensas dignas de mi liberalidad, y su deseo le será en ocasiones más provechoso que a otros les son sus buenas obras".
Muy contenta por aquellas frases, siempre en beneficio mío, se las comuniqué a Sor Teresa que sobreabundando, añadió:
"¿Has leído lo que se cuenta de la vida del Padre Surin? Mientras hacía un exorcismo, los demonios le dijeron: 'Lo conseguimos todo, ¡únicamente no logramos vencer a esa perra de la buena voluntad!'. Pues bien, si no tienes virtud, tienes una 'perrita' que te salvará de todos los peligros. ¡Consuélate; te llevará al Paraíso! ¡Ah!, ¿dónde hay un alma que no desee alcanzar la virtud? ¡Es la vía común! ¡Pero qué poco numerosas son las que aceptan caer, ser débiles, que se sienten felices de verse por los suelos y que las demás las sorprendan en ese trance!".
Tener buena voluntad es optar por Cristo sin exclusiones, sin reservas, de manera irrevocable y poner todo de nuestra parte para que su voluntad se cumpla en nosotros.
(La imagen corresponde a la Santa Faz pintada por Celine, inspirada directamente de la Sábana Santa).
Sin embargo, en la oración de la tarde, leí que, al expresar Santa Gertrudis ese mismo deseo, Nuestro Señor Jesucristo le había respondido:
"En todo y sobre todo, ten buena voluntad: esa sola disposición dará a tu alma el brillo y el mérito especial de todas las virtudes. Todo el que tiene buena voluntad, el deseo sincero de procurar mi gloria, de darme gracias, de compadecerse de mis sufrimientos, de amarme y servirme como todas las criaturas juntas, recibirá indudablemente unas recompensas dignas de mi liberalidad, y su deseo le será en ocasiones más provechoso que a otros les son sus buenas obras".
Muy contenta por aquellas frases, siempre en beneficio mío, se las comuniqué a Sor Teresa que sobreabundando, añadió:
"¿Has leído lo que se cuenta de la vida del Padre Surin? Mientras hacía un exorcismo, los demonios le dijeron: 'Lo conseguimos todo, ¡únicamente no logramos vencer a esa perra de la buena voluntad!'. Pues bien, si no tienes virtud, tienes una 'perrita' que te salvará de todos los peligros. ¡Consuélate; te llevará al Paraíso! ¡Ah!, ¿dónde hay un alma que no desee alcanzar la virtud? ¡Es la vía común! ¡Pero qué poco numerosas son las que aceptan caer, ser débiles, que se sienten felices de verse por los suelos y que las demás las sorprendan en ese trance!".
(Consejos y recuerdos recogidos por Sor Genoveva de la Santa Faz -Celine, en el siglo- hermana de Santa Teresa de Lisieux)
Tener buena voluntad es optar por Cristo sin exclusiones, sin reservas, de manera irrevocable y poner todo de nuestra parte para que su voluntad se cumpla en nosotros.
(La imagen corresponde a la Santa Faz pintada por Celine, inspirada directamente de la Sábana Santa).
lunes, 6 de agosto de 2012
Un principio ético para todos los pueblos
No hay patria sin virtud,
ni virtud con impiedad.
1º tomo de las cartas a Elpidio, P. Félix Varela (1788-1853)
En esta obra de contenido moral escrita pensada en su Cuba natal, el P. Félix Varela establece este principio que puede ser de aplicación perfectamente a cualquier moral social de cualquier otro pueblo.
Para establecer el fundamento de una patria es necesaria la virtud, que es una disposición adquirida en la vida por el aprendizaje moral. Pero él en su exposición no se ciñe a la ley natural como norma universal aceptada por todos por la que expontáneamente podemos conocer el bien y el mal. El P. Varela alude a una moral de orden superior, basada en los principios cristianos.
Y de ese mismo modo, como presupuesto para la virtud necesitamos de la piedad, es decir, de la inclinación del ánimo que nos hace sabernos hijos de Dios y hermanos del resto de los seres humanos. La piedad, como don del Espíritu Santo, nos coloca en la perfecta senda para la construcción de la patria.
Ésta se fundamenta, por tanto, en la piedad de los ciudadanos que ha afianzado la conciencia moral del pueblo. De este modo, la existencia de la patria como ente social se establece a partir de unos principios que tienen fundamento en la conciencia religiosa cristiana de sus miembros.
Podríamos hacer un pequeño ejercicio de análisis de nuestras sociedades y buscar en los hechos la constatación de estos aforismos. No nos va a costar mucho esfuerzo encontrar ejemplos de pueblos que a través de la degradación moral, han terminado por sucumbir a su propia esencia patria. La deriva moral nos llevará inevitablemente al precipicio, sin remedio.
Y visto de otro modo, no encontraremos el camino de verdadera construcción nacional como no sea a través de unos principios religiosos sólidamente afianzados.
Y visto de otro modo, no encontraremos el camino de verdadera construcción nacional como no sea a través de unos principios religiosos sólidamente afianzados.
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viernes, 1 de julio de 2011
Un político valiente: David Cameron
Con motivo del Día del Padre el pasado 19 de junio, el primer ministro británico David Cameron ha publicado en el Sunday Telegraph un artículo sobre la figura del padre y la familia en la sociedad moderna.
De una manera poco vista actualmente, él se compromete con su experiencia personal de su propia familia, para reflexionar sobre la necesidad de reivindicar la figura del padre en la sociedad actual.
Cuando hoy muchos piensan que una familia puede crearse con cualquier combinación de hombres y/o mujeres, como si fuera una sociedad mercantil más que nace de la voluntad de los hombres, David Cameron aboga por el referente paterno dentro de la familia, por la diversidad de papeles entre el padre y la madre, y la necesidad de proteger también al padre dentro de su política de defensa de la familia.
Es indudable que el contenido de la carta es de una gran belleza y sinceridad, muy necesaria en la sociedad en la que vivimos.
Adjunto los enlaces desde el que pueden descargar una traducción propia al español de la carta y el original inglés.
(Para la traducción he contado con la ayuda inestimable de mi esposa Ana. Todos los errores son míos; los aciertos, son de ella).
Enlaces relacionados:
Artículo de David Cameron (traducida al español)
Artículo de David Cameron (original inglés)
De una manera poco vista actualmente, él se compromete con su experiencia personal de su propia familia, para reflexionar sobre la necesidad de reivindicar la figura del padre en la sociedad actual.
Cuando hoy muchos piensan que una familia puede crearse con cualquier combinación de hombres y/o mujeres, como si fuera una sociedad mercantil más que nace de la voluntad de los hombres, David Cameron aboga por el referente paterno dentro de la familia, por la diversidad de papeles entre el padre y la madre, y la necesidad de proteger también al padre dentro de su política de defensa de la familia.
Es indudable que el contenido de la carta es de una gran belleza y sinceridad, muy necesaria en la sociedad en la que vivimos.
Adjunto los enlaces desde el que pueden descargar una traducción propia al español de la carta y el original inglés.
(Para la traducción he contado con la ayuda inestimable de mi esposa Ana. Todos los errores son míos; los aciertos, son de ella).
Enlaces relacionados:
Artículo de David Cameron (traducida al español)
Artículo de David Cameron (original inglés)
domingo, 19 de abril de 2009
Los 15 mandamientos del católico

Sí, no me he equivocado. Los católicos estamos sujetos a quince mandamientos: diez otorgados por Dios a Moisés según el relato del Éxodo y Deuteronomio, y los cinco mandamientos de la Iglesia.
Puede parecer un poco pretencioso o ingenuo por mi parte hablar sobre los mandamientos hoy, pues para los católicos debería ser una norma asimilada y conocida en profundidad, y para los increyentes simplemente algo a ignorar y evitar en tanto en cuanto me fastidie y pretenda gobernar mi vida (no así en lo que me perjudique).
Que sea así en el caso de los increyentes entra dentro de lo normal, pero resulta verdaderamente dramático que entre los católicos el nivel de conocimiento de su fe descienda tanto que ni la norma moral más simple sea recordada fácilmente. Podemos hacer una sencilla prueba a muchos cristianos de buena fe y a muchos catecúmenos avanzados si conocen bien los mandamientos de Dios. No digamos ya los de la Iglesia, que son perfectamente ignorados por muchos que han llegado a la edad de razón y que han accedido incluso a la primera comunión.
Propongo aquí, por tanto, hacer un recordatorio de los mandamientos de Dios y los mandamientos de la Iglesia, aun a riesgo de pecar de ser una pretensión excesivamente elemental, con referencia a su explicitación en la Sagrada Escritura y en el Magisterio.
Mandamientos de Dios (Ex 20, 1-17 y Dt 5, 6-21; Catecismo 2052-2557):
1º) Amarás al Señor Dios con todo tu corazón.
2º) No tomarás el nombre de Dios en vano.
3º) Santificarás las fiestas.
4º) Honrarás a tu padre y a tu madre.
5º) No matarás.
6º) No cometerás actos impuros.
7º) No robarás.
8º) No dirás falso testimonio ni mentirás.
9º) No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
10º) No codiciarás los bienes ajenos.
Por mandato de Jesús, estos mandamientos se resumen en dos que sustentan la ley entera y los profetas (Mt 22, 37-39):
- Amarás a Dios con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu mente.
- Amarás al prójimo como a ti mismo.
Mandamientos de la Iglesia (Catecismo, 2041-2043):
1º) Oir misa entera los domingos y fiestas de precepto (Código Derecho Canónico -CIC-, 1246-1248):
- Norma existente en la Iglesia desde los tiempos apostólicos, recogida en diversas fuentes (La Didaché, cap. 14.1; San Justino -s. II-, entre otros).
2º) Confesar los pecados al menos una vez al año (CIC, 989):
- Norma recogida entre las disposiciones del Concilio IV de Letrán (1215), cap. 21, DS 812.
3º) Comulgar por Pascua de Resurrección (CIC, 920):
- Norma recogida en la misma disposición que el mandamiento anterior.
4º) Abstenerse de comer carne y ayunar en los días establecidos por la Iglesia (CIC, 1249-1251; 919):
- Según el Código de Derecho Canónico estos días penitenciales son todos los viernes del año (abstinencia) y el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo (ayuno).
- La ley de la abstinencia obliga a los mayores de 14 años; la ley del ayuno obliga a los que han cumplido 18 años de edad (mayores de edad según la ley canónica (CIC, 97.1)) hasta que hayan cumplido 59 años.
- La Conferencia Episcopal Española, por Decreto de 21 de noviembre de 1986, estableció que la abstinencia de los viernes del año que no sean los de Cuaresma, podrá ser conmutada a elección de los fieles por la lectura de la Sagrada Escritura, la limosna, otras obras de caridad, obras de piedad (participación en la Santa Misa, rezo del rosario, etc.) o mortificaciones corporales.
- Para normas relativas a otras Conferencias Episcopales, conviene consultar sus respectivos cuerpos normativos, que incluiré con gusto aquí si me lo indican los amables lectores.
- En cuanto al ayuno eucarístico, debe guardarse al menos una hora antes de la comunión, a excepción del agua y de las medicinas. Las personas de edad avanzada o enfermas, y quienes las cuidan, pueden recibir la comunión aunque hayan tomado algo en la hora inmediatamente anterior.
5º) Ayudar a la Iglesia en sus necesidades (CIC, 222).
- Este mandamiento implica una colaboración personal en la labor de la Iglesia, en las obras de caridad, asistenciales, así como colaborar al sostenimiento económico de las instituciones eclesiales.
Enlaces relacionados:
Cristo, la Verdad (22-Febrero-2009)
La Virgen María, la nueva Eva (21-Febrero-2009)
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