El Padrenuestro es la oración por excelencia, enseñada por el propio Jesús a la Iglesia (Mt 6, 9-13; Lc 11, 1-4), por lo que goza de un especial aprecio entre todos los fieles.
Con las palabras del Padrenuestro, Jesús mismo nos enseña cómo hemos de dirigirnos al Padre Eterno.
Ya en los primeros tiempos de la vida de la Iglesia, en el texto de la Didajé (siglo I-II) ya se establece la costumbre del cristiano de dirigirse al Padre tres veces al día con la oración del Maestro.
En el siglo IV se incorpora de manera regular a la celebración de la Eucaristía, y es San Gregorio Magno el que la coloca en el lugar en el que ha permanecido hasta nuestros días, justamente tras la Plegaria Eucarística, como preparación para la comunión.
La antigua costumbre de rezar tres veces al día el Padrenuestro se mantiene hoy en la celebración litúrgica de la Iglesia, pues se recita en la celebración de la Misa, y en las horas mayores del Oficio Divino, en Laudes y Vísperas.
Los fieles laicos, que no estamos obligados al rezo del Oficio Divino, haremos bien en incorporar esta inveterada costumbre a nuestra vida para santificar de manera especial las horas del día a Dios, nuestro Padre.
Enlaces relacionados:
El Padrenuestro en la Didajé
sábado 21 de enero de 2012
jueves 22 de diciembre de 2011
Las flechas en la aljaba (XVI) Mi casa, ¿es digna de Dios?
Nuestra vida la organizamos ordinariamente alrededor de las cosas materiales.
Vivimos continuando la inercia de lo que hicimos ayer, de lo que hicimos el mes pasado, de lo que hicimos antes en nuestra vida, sin pararnos a pensar, si comprobar si necesitamos cambiar algo.
¿Hemos dejado espacio a Dios en nuestras vidas?
Todo lo que nos rodea y lo que somos, ¿es digno de Dios?
Madre Teresa de Calcuta
Vivimos continuando la inercia de lo que hicimos ayer, de lo que hicimos el mes pasado, de lo que hicimos antes en nuestra vida, sin pararnos a pensar, si comprobar si necesitamos cambiar algo.
¿Hemos dejado espacio a Dios en nuestras vidas?
Todo lo que nos rodea y lo que somos, ¿es digno de Dios?
Si María y José estuviesen buscando un lugar para convertirlo en el hogar del Niño Jesús, ¿elegirían nuestras casas y todo cuanto ésta contiene y representa?
Madre Teresa de Calcuta
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sábado 17 de diciembre de 2011
El retrato de nuestra alma
Hace pocos días estaba viendo la versión antigua de la película "El retrato de Dorian Grey". Muchos podréis pensar qué tiene esto que ver con nuestra fe o con la religión, pero el hecho es que a mí me llevó a una reflexión que me gustaría compartir con vosotros.
Hasta tal punto el retrato se vuelve repugnante que el mismo Dorian se siente tentado de cambiar su vida para ver si puede cambiar esa horrible pintura. Sin embargo debido a la naturaleza del pacto con el diablo eso ya no es posible.
El personaje de la película vende su alma al diablo para conservarse físicamente tan joven y bello como aparece en un retrato que le había hecho un famoso pintor. En esa "venta" su alma queda traspasada al cuadro y es éste el que envejece.
Si embargo otro fenómeno curioso ocurre con el retrato y es que también muestra toda la degradación moral que Dorian va sufriendo al llevar una vida disoluta y corrupta.
Hasta tal punto el retrato se vuelve repugnante que el mismo Dorian se siente tentado de cambiar su vida para ver si puede cambiar esa horrible pintura. Sin embargo debido a la naturaleza del pacto con el diablo eso ya no es posible.
Yo pensé, ¿Y si cada uno de nosotros tuviésemos un cuadro de nuestra alma,donde se fuesen reflejando todos y cada uno de nuestros pecados? ¿ Qué supondría en nuestras vidas el ver como el pecado nos degrada y estropea ese alma pura y limpia que tenemos en el momento de nuestro bautizo, cuando ya hemos sido librados del pecado original?
Creo que a muchos de nosotros nos haría cambiar y querer ser mejores. Intentaríamos conservar nuestra alma tal como Dios nos la regaló, aunque sólo fuera por no ver nuestra propia fealdad, esa que sólo El puede ver, la verdadera, la que los demás no ven.
A diferencia del personaje de la película nosotros sí que tenemos un medio para librarnos de esa fealdad: el sacramento de la penitencia.
Acerquémonos al confesionario, pídamos sinceramente perdón a Dios, cambiemos nuestras vidas, para que Él pueda siempre vernos limpios e intachables, a imagen y semejanza suya, tal como nos creó.
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lunes 12 de diciembre de 2011
Pensamientos (XXX): Beato Juan XIII
"Cuando esta noche lleguéis a vuestras casas, dadle un beso a vuestro hijos y decidles: Este beso es del Papa, que os ama..."
Beato Juan XXIII
Beato Juan XXIII
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miércoles 7 de diciembre de 2011
La Tradición como fuente de la Revelación
La Iglesia dice desde sus comienzos que las fuentes de la Revelación para nosotros son la Sagrada Escritura y la Tradición. Es decir, lo que conocemos de Dios lo hemos recibido a través de estos dos medios.
La Sagrada Escritura es el conjunto de libros del Antiguo Testamento (que la Iglesia recibió) y los del Nuevo Testamento (que nacieron en el seno de la propia Iglesia).
Para la definición de lo que es Tradición acudimos al Catecismo de la Iglesia:
n. 76 La transmisión del Evangelio, según el mandato del Señor, se hizo de dos maneras:
- oralmente: "los apóstoles con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó".
- por escrito: "los mismos apóstoles y los varones apostólicos pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo".
n.78 Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo, es llamada Tradición en cuanto distinta de la sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella...
Es decir, por Tradición, entendida como fuente de la divina Revelación, entendemos todo aquello que la Iglesia recibió de los Apóstoles oralmente, basado en las enseñanzas que ellos habían recibido directamente del Maestro, y sólo esto.
La palabra Tradición procede del latín traditio, lo que se entrega.
Seguimos al Catecismo:
n. 83 La Tradición de que hablamos aquí es la que viene de los Apóstoles y transmite lo que éstos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo. En efecto, la primera generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escrito, y el Antiguo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva.
Y el Catecismo recalca en el mismo número 83:
Es preciso distinguir de ellas las 'tradiciones' teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en las Iglesias locales. Estas constituyen formas particulares en las que la gran Tradición recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a las diversas épocas. Sólo a la luz de la gran Tradición aquéllas pueden ser mantenidas, modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia.
Por tanto, Tradición sólo es la enseñanza oral recibida de los Apóstoles. Si la misa ha de celebrarse según un rito u otro, no es Tradición. Si el sacerdote debe vestir de una manera u otra, no es Tradición.
Todo eso son tradiciones insertas en la Historia, y por ello, mudables según la prudente opinión del Magisterio de la Iglesia.
Muchas personas confunden estos conceptos y piensan que una determinada forma de vestir o actuar debe ser mantenida porque forma parte de la "Tradición de la Iglesia", pero no es completamente cierto eso.
Enlaces relacionados:
Catecismo de la Iglesia
La Sagrada Escritura es el conjunto de libros del Antiguo Testamento (que la Iglesia recibió) y los del Nuevo Testamento (que nacieron en el seno de la propia Iglesia).
Para la definición de lo que es Tradición acudimos al Catecismo de la Iglesia:
n. 76 La transmisión del Evangelio, según el mandato del Señor, se hizo de dos maneras:
- oralmente: "los apóstoles con su predicación, sus ejemplos, sus instituciones, transmitieron de palabra lo que habían aprendido de las obras y palabras de Cristo y lo que el Espíritu Santo les enseñó".
- por escrito: "los mismos apóstoles y los varones apostólicos pusieron por escrito el mensaje de la salvación inspirados por el Espíritu Santo".
n.78 Esta transmisión viva, llevada a cabo en el Espíritu Santo, es llamada Tradición en cuanto distinta de la sagrada Escritura, aunque estrechamente ligada a ella...
Es decir, por Tradición, entendida como fuente de la divina Revelación, entendemos todo aquello que la Iglesia recibió de los Apóstoles oralmente, basado en las enseñanzas que ellos habían recibido directamente del Maestro, y sólo esto.
La palabra Tradición procede del latín traditio, lo que se entrega.
Seguimos al Catecismo:
n. 83 La Tradición de que hablamos aquí es la que viene de los Apóstoles y transmite lo que éstos recibieron de las enseñanzas y del ejemplo de Jesús y lo que aprendieron por el Espíritu Santo. En efecto, la primera generación de cristianos no tenía aún un Nuevo Testamento escrito, y el Antiguo Testamento mismo atestigua el proceso de la Tradición viva.
Y el Catecismo recalca en el mismo número 83:
Es preciso distinguir de ellas las 'tradiciones' teológicas, disciplinares, litúrgicas o devocionales nacidas en el transcurso del tiempo en las Iglesias locales. Estas constituyen formas particulares en las que la gran Tradición recibe expresiones adaptadas a los diversos lugares y a las diversas épocas. Sólo a la luz de la gran Tradición aquéllas pueden ser mantenidas, modificadas o también abandonadas bajo la guía del Magisterio de la Iglesia.
Por tanto, Tradición sólo es la enseñanza oral recibida de los Apóstoles. Si la misa ha de celebrarse según un rito u otro, no es Tradición. Si el sacerdote debe vestir de una manera u otra, no es Tradición.
Todo eso son tradiciones insertas en la Historia, y por ello, mudables según la prudente opinión del Magisterio de la Iglesia.
Muchas personas confunden estos conceptos y piensan que una determinada forma de vestir o actuar debe ser mantenida porque forma parte de la "Tradición de la Iglesia", pero no es completamente cierto eso.
Enlaces relacionados:
Catecismo de la Iglesia
viernes 2 de diciembre de 2011
Las flechas en la aljaba (XV): la Cruz permanece
Hoy traigo una flecha para incorporar a nuestros pensamientos constructivos, para crecer en la fe y tenerlos a mano en los momentos de duda o indecisión.
Traducción: La Cruz permanece mientras el mundo gira (o la Cruz no cambia mientras el mundo sí)
No podemos gobernar el mundo. Pero sí podemos gobernarnos a nosotros mismos.
¿Qué hacemos a diario con nuestros pensamientos?
¿Dejamos que campen a sus anchas?
¿Sentimos la necesidad de poner algunos límites al inmenso campo de nuestra mente?
¿Poseemos a nuestros pensamientos o ellos nos poseen a nosotros?
¿Nos volvemos esclavos de ellos?
¿Pensamos para aclarar nuestras ideas o para liarnos aún más y volver a empezar?
Sugerencia: instalar una gran Cruz en el centro de ese inmenso campo que nos sirva de referencia, para que cuando nuestra mente divague, nos sirva de faro para regresar a lo que es sólido en nuestras vidas, a lo que no cambia, a lo que permanece para nuestra seguridad y refugio.
Stat Crux dum volvitur orbis
Traducción: La Cruz permanece mientras el mundo gira (o la Cruz no cambia mientras el mundo sí)
(Divisa de la Orden Cartuja)
No podemos gobernar el mundo. Pero sí podemos gobernarnos a nosotros mismos.
¿Qué hacemos a diario con nuestros pensamientos?
¿Dejamos que campen a sus anchas?
¿Sentimos la necesidad de poner algunos límites al inmenso campo de nuestra mente?
¿Poseemos a nuestros pensamientos o ellos nos poseen a nosotros?
¿Nos volvemos esclavos de ellos?
¿Pensamos para aclarar nuestras ideas o para liarnos aún más y volver a empezar?
Sugerencia: instalar una gran Cruz en el centro de ese inmenso campo que nos sirva de referencia, para que cuando nuestra mente divague, nos sirva de faro para regresar a lo que es sólido en nuestras vidas, a lo que no cambia, a lo que permanece para nuestra seguridad y refugio.
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Cruz,
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domingo 27 de noviembre de 2011
Citas Bíblicas que deberíamos leer los católicos (X): la salvación es para mi casa
Hechos de los Apóstoles 11, 13
Pedro habla en primera persona:
"... En aquel preciso momento llegaron a la casa donde estábamos tres hombres enviados desde Cesarea en busca mía. Entonces el Espíritu me dijo que me fuera con ellos sin dudar. Me acompañaron estos seis hermanos y entramos en casa de aquel hombre. Él nos contó que había visto en su casa al ángel que, en pie, le decía: 'Manda recado a Jafa y haz venir a Simón, llamado Pedro; él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa'..."
Siempre pensamos que la salvación es algún logro individual que nos corresponde, de manera similar al premio que merece el atleta por sus esfuerzos en la carrera.
Y pensamos que, igual que el atleta, el premio es personalísimo.
Pero la salvación no se funda en otra cosa sino en la misericordia divina. Nadie, ni el mayor de los santos, podría comparecer ante Dios y exigir su cuota de salvación como algo que le es debido.
Ninguno nos ganamos nuestra propia salvación como si fuera un logro personal, sino que Cristo nos la ganó con su entrega y sacrificio. Nosotros, con nuestras obras, nos adherimos a la persona y a la salvación ganada por Cristo.
Sin obras no hay salvación, del mismo modo que sin obras no hay amor. El "amor teórico" no existe, sino que ha de transmitirse y manifestarse en obras. Ese "amor teórico" en realidad no es amor. (St 2, 14ss)
Pero además, el ángel es claro: "... él te dirá palabras que traerán la salvación a ti y a tu casa...". La salvación no es algo meramente individual. Si Dios me promete la eterna felicidad, parece que esa felicidad no sería tal si no pudiera gozarla junto a mis seres queridos.
Este es un gran misterio, pero es así. Nosotros podemos hacer algo por la salvación de nuestros seres queridos: amarles, darles testimonio de fe y rezar por ellos y por su salvación, en vida y después de su tránsito.
Santa Mónica oró durante casi 20 años por la conversión de su hijo San Agustín. Y sus oraciones consiguieron lo que tanto anhelaba.
Valoremos, hermanos, este don tan precioso y pongámoslo por obra: recemos por los que tenemos cerca de nosotros, por nuestros hijos, padres, hermanos, familiares, amigos. A ellos nos debemos y podemos hacer algo por su salvación.
Enlaces relacionados:
Misterio tremendo: la salvación que depende de nosotros
Ayunar sí es amar
El sentido del sacrificio
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