martes, 16 de septiembre de 2014

Música inspiradora: Yo lo resucitaré



Yo le resucitaré

Yo soy el pan de vida,
el que viene a mí no tendrá hambre,
el que viene a mí no tendrá sed.
Nadie viene a mí
si mi Padre no lo llama.

Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré
en el día final.

El pan que yo les daré
es mi cuerpo, vida del mundo.
El que coma de mi carne
tendrá vida eterna, tendrá vida eterna.


Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré
en el día final.


Yo soy esa bebida
que se prueba y no se siente sed.
El que siempre beba de mi sangre
vivirá en mí y tendrá la vida eterna.


Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré
en el día final.


Sí, mi señor, yo creo
que has venido al mundo a redimirnos
que tú eres el hijo de Dios
y que estás aquí
alentando nuestras vidas.


Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré
en el día final.

viernes, 15 de agosto de 2014

El whatsapp, una nueva adicción

Una adicción es la inclinación a una actividad o situación en la que una persona recibe una satisfacción y siente que no puede prescindir de ella.

La naturaleza humana, por haber sido creada libre, tiene un potencial de desarrollo inmenso: somos capaces de lo mejor y de lo peor, casi simultáneamente.

Nuestra labor es encontrar el punto en el que cualquier cosa esté a nuestro servicio y no al revés.

A mí pueden gustarme muchos los dulces, pero si no paro de darme atracones de dulces tengo un problema.

A mí me puede apetecer hacer ejercicio, pero quien se pasa termina por exagerar las conductas.

Todo lo que es inherente al ser humano es hipotéticamente posible objeto de abuso o 'carencia absoluta' (otra forma de abuso cuando esta carencia es perjudicial para nosotros).

Esto es así y contra ello tenemos que luchar. Y hay muchas asociaciones y personas bienintencionadas y rectas que quieren ayudar a otras personas a salir de situaciones perniciosas para ellas.

Sin embargo, no he tenido la ocasión de leer nada sobre adicciones basadas en comportamientos sociales inútiles como el whatsapp. Y que conste que el problema que yo denuncio hoy aquí concierne directamente a los más vulnerables que son los jóvenes, ... y muy jóvenes. Los adultos tenemos más recursos para racionalizar y racionar nuestros comportamientos, pero ellos no.

El fenómeno del whatsapp se ha convertido en una norma social casi ineludible: si no tienes whatsapp eres como un bicho raro, no estás a la última, estás desconectado del mundo (en mi familia, debemos ser todos unos bichos raros).

Hoy la comercialización de este producto ha ido dirigida no sólo a los adultos, sino a los muy jóvenes, como introducción a un ámbito tecnológico del que sean dependientes el día de mañana.

Los jóvenes necesitan tiempo para estudiar, para descansar, para entretenerse y divertirse, para reflexionar y disfrutar de muchas cosas. Este producto (amplísimamente extendido entre la juventud, ahí está el problema) viene a provocar justamente lo contrario: con la excusa de la vida social, los jóvenes se vuelven más aislados que nunca, no tienen tiempo para otra cosa que no sea estar pendiente del móvil, se pierden horas y horas de tiempo inútilmente.

Vemos muchos ejemplos (muchos) a diario de jóvenes en los que su relación con el móvil es directamente proporcional a su fracaso escolar. Y del éxito escolar, todos sabemos que puede depender su felicidad y su futuro profesional el día de mañana.

El whatsapp es el prototipo de 'necesidad creada para cubrir ningún hueco' puesto que no es ninguna condición humana llevada hasta sus extremos, sino un mero producto comercial que envilece el tiempo tan precioso de nuestros jóvenes.

Sin embargo, y aunque sus efectos perjudiciales continúan en aumento, no escuchamos ninguna voz que se levante en contra del uso indiscriminado de estos servicios por parte de los más vulnerables.

Sirva este pequeño artículo como aviso de un efecto pernicioso que me preocupa cada vez más.


domingo, 15 de junio de 2014

Las flechas en la aljaba: la argucia principal del demonio

¿Sabes cuál es la argucia principal del demonio?

¿La tentación de un gran poder o riqueza? No.

¿La seducción de la carne? El diablo no necesita tentarnos en esto. Nuestra propia debilidad nos empuja.

¿Sembrar la duda en nosotros sobre Cristo?

Ninguna de estas estratagemas es la más frecuentemente usada por el demonio, la que causa más estragos, la que nos aleja más de Dios.

La estrategia que emplea con más frecuencia y más réditos le proporciona es: robarnos la paz de espíritu.

Dios y su amor reinan en nuestra alma si mantenemos nuestra paz de espíritu. Es en esta paz como al alma goza de la felicidad de los bienes recibidos, como progresa más efectivamente en la vida espiritual, como nos encontramos más unidos con Él.

¿No has experimentado alguna vez alguna de estas situaciones? Te encuentras en paz, pero algo viene a trastornarte al comienzo de la jornada: una discusión, por ejemplo. Esto ya te ha descentrado y te ha empezado a amargar el día. Después otro contratiempo se presentó: una llamada en la oficina que te obligó a cambiar la programación de tu trabajo. Al volver a casa un atasco de tráfico más importante de lo normal te hace retrasarte para reunirte otra vez con tu familia. Pretendías salir a hacer algunas  tareas, te vestiste una camisa limpia, una de tus preferidas, y se rasgó accidentalmente. Cuando fuiste a cenar, la cerveza que tanto te gusta y que tomas todas las noches, se había acabado y ya no había.

Si te fijas, son todos pequeños contratiempos, naderías ordinarias, dificultades de la vida que podemos sobrellevar adecuadamente si estamos convenientemente preparados y sobreaviso. Nada de estos ejemplos es grave o permanente, todos estos incidentes son perfectamente normales en nuestras vidas.

Sin embargo, si no estamos preparados, es muy habitual que la suma de todas estas pequeñas dificultades terminen por causar en nosotros la sensación de que el día nos ha ido fatal.  Y el diablo ha conseguido su propósito, sembrar en tí la semilla de la falta de esperanza, de la angustia, de la tristeza, sin que nada de eso sea debido a algo importante de tu vida, sino a una suma de pequeñas cosas.

Lucha en tu vida por conservar la paz espiritual. Acostúmbrate a hablar transmitiendo paz en tu tono de voz. Tómate las dificultades cotidianas de la vida con serenidad. Controla la ansiedad que transmites a los que te rodean.

Verás que todo esto revertirá positivamente hacia tí y será una manera de ir venciendo al maligno día a día.