domingo, 3 de junio de 2012

La Iglesia Católica, en español


Este video nos recuerda las grandezas de nuestra fe, que en la Iglesia Católica estamos en casa y que tenemos muchos dones y gracias de las que enorgullecernos.


Que el Señor te bendiga.


Enlaces relacionados:
Reacciona, estás vivo...
Música litúrgica de la JMJ de Madrid
Milagros eucarísticos

sábado, 2 de junio de 2012

¿Qué podemos hacer por nuestros hijos?



La respuesta a esta pregunta la encontramos en las Sagradas Escrituras:


"Educa al muchacho en el buen camino,
cuando llegue a viejo seguirá por él."
Prov 22, 6

Los padres podemos hacer mucho por nuestros hijos.

Enseña el buen camino a tus hijos y Dios se encargará de lo demás. No podrás estar con ellos todos los días de sus vidas, pero educar es sembrar la buena semilla. 

Establece unos sólidos cimientos basados en el amor y respeto a Dios.

Habla de los valores humanos y cristianos con tus hijos. Si tú no lo haces, serán sus amigos los que les hablen y les inciten a otras cosas.

Comparte su tiempo libre. Si no lo haces, otros lo harán por tí.

Administra su vida social (amigos, cumpleaños, etc.). Un exceso de todo esto lleva a la dispersión y al error.

"La necedad se pega al corazón del joven,
la vara de la corrección la despegará" 
Prov 22, 15

Si quieres que él te escuche, no lo dejes para mañana. Quizás entonces sea tarde y no te prestará atención.

Reza por ellos en cada ocasión que puedas: cuando pases por su cuarto, cuando los despidas al marchar hacia el colegio, cuando prepares su ropa o su comida, cuando hagas horas extra para pagar sus estudios.

Da gracias a Dios en todo momento. Que su alabanza esté siempre en tu boca y en tu corazón. Convierte toda tu vida en una ofrenda permanente a Dios por ellos hasta el final.

miércoles, 30 de mayo de 2012

Veni, veni Emmanuel


(versión en latín)



Traducción al español:

Ven, ven Emmanuel
Libera a Israel cautivo
que gime en el exilio
privado del Hijo de Dios.
Alégrate, alégrate!
Emmanuel nacerá por ti, Israel.

Ven, oh vara de Jessé
cuida a los tuyos de la garra de los enemigos,
de la caverna del tártaro,
y del antro del Báratro,
Alégrate, alégrate!
Emmanuel nacerá por ti, Israel.

Ven ven, Sol naciente,
consuélanos viniendo;
aparta la niebla de la noche,
y las crueles tinieblas,
Alégrate, alégrate!
Emmanuel nacerá por ti, Israel.

Ven, llave de David
abre los reinos celestiales
haz seguro el camino excelso
y cierra el inferior
Alégrate, alégrate!
Emmanuel nacerá por ti, Israel.

Ven, ven Adonai
que al pueblo en la cumbre del Sinaí
la ley le diste
en la majestad de la Gloria
Alégrate, alégrate!
Emmanuel nacerá por ti, Israel.

Amén

lunes, 21 de mayo de 2012

El papel del pecado en nuestras vidas

No podemos conocer la mente de Dios. Por lo tanto, cualquier esfuerzo por acercarnos a comprender la finalidad de todo lo que nos pasa (especialmente de las cosas malas) es siempre una tarea limitada.


De esta premisa parto.


¿Juega el pecado algún papel en nuestras vidas?


El pecado es siempre algo a evitar. Sin embargo, Dios sabe extraer sabias lecciones para nosotros, aun de lo más negativo, aún del pecado. Sí, Dios se vale de todo, incluso del pecado, para nuestro bien (Rm 8, 28).


La Iglesia proclama en cada Vigilia de Resurrección el Himno Pascual (Exultet), y en él decimos estas palabras compuestas por Santo Tomás de Aquino: "Feliz culpa, que nos mereció tal Redentor" (O felix culpa).


Estas palabras se basan en los escritos de San Agustín: "Dios juzgó mejor extraer el bien del mal, que permitir que no existiera el mal".


Es decir, el mal juega un papel en nuestras vidas. Pero no para regodearnos en él, para disfrutar de sus aparentes argucias y engaños, sino para utilizarlo como catapulta que nos dirija hacia el bien.


Cuando somos egoístas, estamos padeciendo el aislamiento a que nos conduce, la falta del goce del amor por el otro, creernos autosuficientes en todos. ¿Queremos seguir así?


Cuando somos soberbios, nos sentimos desplazados de los demás por nuestra propia exclusión, es decir, nuestra conducta nos aparta de los otros. ¿Esto nos llena?


Cuando somos libidinosos, creemos que ese placer no causa daño a nadie, pero nos daña a nosotros mismos, nos distrae de lo verdaderamente valioso en la vida, nos enfanga en una cadena ilimitada de goce pasajero que nos vuelve solitarios y nos aparta del amor verdadero. ¿A dónde nos conduce todo esto?


Cuando no amamos, nos privamos voluntariamente de nuestro prójimo.


Creemos que quienes se privan del resto del mundo son los Cartujos, y por lo tanto, en un primer vistazo, deberían ser los que menos aman a sus hermanos. Sin embargo, ellos conocen las más altas cotas del amor, mientras por otro lado muchas personas que viven en medio de nuestra sociedad experimentan la soledad y el aislamiento que te destruye y te amarga la existencia. Porque no aman.


¿Qué podemos hacer cuando experimentamos en nuestras vidas todos estos aspectos negativos del pecado? Utilizarlos como catapulta para salir de esa situación. Es el pecado el que nos proyecta hacia Dios.


¿Esto significa que debemos pecar para después obtener el beneficio de salir de ese pecado? Te contestaré con un ejemplo: paseamos tranquilamente por la calle, tropezamos en algún obstáculo evidente y nos caemos. Nos hemos hecho bastante daño y como consecuencia de él, nos proponemos tener más cuidado y no volver a tropezar en ese quicio. Incluso advertimos a nuestros amigos y familiares que tengan cuidado.


El dolor de la caída ha sido aleccionador, pero si se nos olvidara esa lección, no tendríamos la intención de volver a caernos para volver a tener el mismo dolor y volver a proponernos no caer. No. Incluso a nuestros amigos y familiares no les vamos a recomendar que caigan en el obstáculo para que sientan el mismo dolor que nosotros y no se tropiecen más.


Simplemente les  daremos nuestro testimonio personal diciéndoles que caer de esa manera puede causarles mucho daño.


El pecado (la caida) nos hace daño y a la luz de ese dolor, nos proponemos no volver a pecar (a caer). Pero no vamos a ser tan necios de pretender volver a pecar (a caer) con el objeto de que nos dañe (duela) para obtener nuevamente el beneficio del escarmiento.


Es decir, el efecto sanador del pecado no debe interpretarse nunca como una licencia para pecar. Dios quiere que experimentemos la enfermedad del pecado para que anhelemos la salud de la gracia y también, para que seamos testigos ante los demás de que es preferible la verdad a la mentira.


¿Qué condición es imprescindible para que el pecado sea sanador? Reconocernos pecadores y arrepentirnos. Cuántas personas viven en nuestro mundo inmersos en el pecado, público o no, y se mantienen así durante años, incluso durante toda su vida. A esas personas su pecado no les sana.


Círculo maravilloso que nos lleva a reconocer el efecto sanador del Sacramento de la Penitencia por el que nos reconocemos pecadores, nos arrepentimos y obtenemos el beneficio de la Gracia de Dios que nos saca de nuestro estado caido.


El pecado, que es dolor, aflicción, caída, oscuridad, se convierte en medio de salud, alegría y luz por medio de la acción de Dios.


Maravillosa la mente de Dios, sólo en lo que nosotros podemos alcanzar.


Enlaces relacionados:
¿En qué consiste comprender la mente de Dios? Juan Pablo II
El retrato de nuestra alma
El sentido del ayuno cristiano


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lunes, 14 de mayo de 2012

El amor visto por los niños

A veces nos encontramos pequeñas colecciones de tesoros en internet entre la barahunda de material inclasificable. Hoy reflexionamos sobre las descripciones que un grupo de niños propuso ante la pregunta de ¿qué es el amor?


Atentos a las ideas que nos expresan estos niños a través de la inocencia de sus palabras y la pureza de sus corazones para acercarnos a Dios:


- Amor es cuando alguien te incomoda, y tú, aunque estás muy enojado, no gritas porque sabes que hieres sus sentimientos. (Mateo, 6 años)


- Cuando mi abuela se enfermó de artritis, ella no se podía agachar para pintarse las uñas de los pies, ... mi abuelo, desde entonces, pinta las uñas de ella aunque él también tiene artritis. (Rebeca, 8 años)
Un dolor compartido 
es un amor compartido.


- Amor es cuando una muchacha se coloca perfume y el muchacho se coloca loción para después de afeitarse, ellos salen juntos y se huelen. (Carlos, 5 años)
Un placer compartido 
es también un amor compartido


- Amor es como una viejita y un viejito que son muy amigos todavía, aunque se conocen hace mucho tiempo. (Tomás, 6 años)
Porque lo han compartido todo


- Cuando alguien te ama, la forma de decir tu nombre es diferente; sabes que tu nombre está seguro en su boca. (Guillermo, 4 años)
Por eso estamos seguros en Dios, porque Él nos ama infinitamente 
y nuestro nombre está seguro en Sus labios.


- Amor es cuando tú sales a comer y ofreces tus papas fritas, sin esperar que la otra persona te ofrezca las papas fritas de ella. (Cristina, 6 años)
Amar es no esperar nada a cambio; 
¿te atreves a ofrecer tus papas fritas?


- Si tú quieres aprender a amar, mejor debes comenzar con alguien que a ti no te agrada. (Maggie, 6 años)
¡Qué ideas más claras sobre el amor!


- Amor es lo que te hace sonreir cuando estás cansado. (Terry, 4 años)
Lo habéis experimentado en vuestras vidas? 
Veréis como es verdad.


- Cuando tú hablas con alguien de ti, sobre alguna cosa mala, aunque sientas miedo de que esta persona no te ame más por este motivo, ahí tú te sorprendes, ya que no solamente te continúa amando, como ahora, sino que te ama aún más. (Cindy, 7 años)
Piénsenlo porque es muy profundo, 
y verdadero, 
aunque parezca enrevesado.


- Hay dos tipos de amor, nuestro amor y el amor de Dios, mas el amor de Dios junta los dos. (Jaime, 4 años)


- Durante mi presentación de piano, yo vi a mi papá en la platea levantando su mano y sonriendo ... era la única persona haciendo esto, y ya no sentí miedo. (Marcela, 8 años)
Imagínate a Dios haciéndote eso 
en la presentación de tu vida...


- Amor es cuando tú le dices a un chico que él está vistiendo una camisa linda y él se la pone todos los días. (Noelia, 7 años)


- Amor es abrazarse, amor es besarse, amor es decir 'no'. (Patty, 8 años)
¿Cuántos males nos vienen por no decir 'no' a tiempo?


- Amor es cuando tu perro te lame la cara, aunque tú lo dejas solo el día entero. (Anita, 4 años)


- Dios debería haber dicho algunas palabras mágicas para que los clavos se cayeran de la cruz, mas Él no lo hizo... Esto es amor. (Max, 5 años)
Amar hasta el extremo... 
eso es amar.


Dios es el azúcar de nuestras vidas. No lo vemos pero nos la endulza a diario y está siempre presente. ¿Quieres gustar de él?


(Gracias a Sor Mercedes de las Heras que me hizo llegar este tesoro espiritual. Nuestra gratitud con ella va más allá de este pequeño regalo)


Otros enlaces:
El Señor es mi pastor
¿Yahvé o Jehová?
Formas de la adoración eucarística

lunes, 7 de mayo de 2012

Cristo, la oportunidad de nuestras vidas

Cada uno de nosotros hemos recibido multitud de oportunidades desde nuestro nacimiento. Solemos valorar y apreciar todo lo que ha sido puesto en nuestra vida para nuestro bien y prosperidad. Apreciamos el don de haber nacido en una familia que nos acoge, de haber podido disponer de recursos para no pasar hambre, de disponer de educación, amigos, bienes, cultura, amor, conocimiento, etc.


Todas estos dones son oportunidades para vivir mejor, para gozar de nuestra vida de una manera más plena y radiante.
¿Qué nos aporta la fe en este marco vital? ¿Tiene la fe algo que decir en todo esto?
Hoy quiero reflexionar sobre el sentido que aporta a nuestra vida la fe cristiana y católica.


Si nosotros mismos y los que nos rodean trabajamos incesantemente por mejorar nuestras condiciones vitales, la fe se encarga de llenar nuestra vida de oportunidades.


Amar al que está cerca de nuestro corazón es relativamente fácil; la fe nos da la oportunidad de descubrir que también podemos amar al que no es digno de amor, según los criterios del mundo.


Si nos van mal las cosas, la fe no nos sacará de nuestro trance, pero nos dará la oportunidad de descubrir que otras personas viven en circunstancias peores que las nuestras y trabajan por vivir su vida a veces con más dignidad que la nuestra propia.


Si nos equivocamos y pecamos, podríamos olvidarlo sin más y autojustificarnos; la fe, en cambio, nos da la oportunidad de practicar la humildad, para no creernos que ya lo hacemos todo bien, y dirigirnos a Dios en busca de perdón, porque si no lo hacemos ¿cómo vamos a perdonar a quien nos agravie alguna vez? No conoceremos el beneficio de sentirse perdonado para darlo a los demás.


Si nuestra soberbia y egoismo le causa un daño a alguien, nuestro orgullo podría buscar excusas en nuestro corazón para justificar nuestro proceder; la fe nos da la oportunidad de colocarnos en el lugar de la persona ofendida, sentir su dolor como si nos lo hubieran hecho a nosotros y reconocer que ese nunca es el camino.


Si nuestro cansancio o indolencia nos persuade de que no es imprescindible ir a Misa los domingos para nuestra fe, que podemos ser cristianos sin esa carga absurda, la fe nos da la oportunidad de convertir esa "carga" en una disciplina personal en nuestras vidas, en un encuentro con los demás, en una consagración especial de parte de nuestro tiempo al Señor de lo Eterno. Hoy renegamos de la disciplina en la vida, pero nos cargamos de nuevas disciplinas: el gimnasio, las dietas, el aparentar. Cambiamos las disciplinas que hacen crecer el alma, por las que desarrollan sólo el cuerpo.


Nuestro mundo nos hace ser orgullosos y engreidos, pero nos rendimos con todo nuestro ser ante sentimientos superficiales y vacíos: nuestro equipo deportivo favorito, nuestro cantante preferido como si ocuparan un lugar imprescindible en nuestra vidas; la Eucaristía nos da la oportunidad de arrodillarnos ante quien es el Señor del universo, de saber que bajo la apariencia de este trozo de pan, se halla la Esencia de todo. Él sí que merece nuestra adoración, y haciéndolo, nos conduce por el camino del bien y la paz.


Cristo llena nuestra vida de oportunidades, de manera que no sólo los dones se convierten en algo positivo, sino que todo lo que sucede en nuestras vidas, aunque sea negativo, sirve para nuestro crecimiento. La oración será la que nos muestre este valor en nuestras vidas y haga que llevemos a plenitud lo que San Pablo nos dice en Romanos 8, 28: "Dios dispone todas las cosas para el bien de los que le aman".


¿Acaso no es Cristo así, también, un Salvador para nuestra vida cotidiana, para llenarla de motivos de cambio y mejora, en definitiva, de oportunidades de crecer?


La Gran Oportunidad perdida fue la desobediencia a Dios en el paraíso. El fin primordial de nuestras vidas es enderezar definitivamente aquel error y sus consecuencias en nosotros.


En esta tarea bien merece la pena invertir una vida.


Enlaces relacionados:
Amar en la diferencia
¿A qué se parece el amor?
El hombre insignificante