sábado, 4 de abril de 2009

Cuestiones generales sobre las indulgencias (I)


La Iglesia dispensa las indulgencias entre sus fieles con la finalidad de que, mediante la realización de obras buenas para nuestra vida espiritual y constructivas del Reino de Dios, podamos alcanzar la sanación interior a la que todo ser humano aspira en su vida de pecado.

Por tanto, para la obtención de indulgencias, siempre es necesaria la realización de una obra buena. Hubo un tiempo en la Iglesia en que una obra buena como la entrega de una limosna, fue premiada con indulgencias y otras gracias. Esa entrega de limosnas a la Iglesia se hacía a cambio de una bula, la llamada bula de la Santa Cruzada, que se debía de poseer para ganar las indulgencias como acreditación de la limosna (obra buena) entregada.

Sin entrar a analizar la oportunidad histórica de esa medida del pasado (es muy arriesgado juzgar la historia con nuestros criterios de hoy) la Iglesia ha adoptado la sana y prudente decisión de eliminar cualquier vestigio de comercio con la gracia de Dios y por ello, hoy no es necesaria bula alguna para la obtención de indulgencias.

La Iglesia exige varias condiciones de índole general:
- estar bautizado, no excomulgado.
- en estado de gracia, por lo menos al final de la realización de las obras prescritas (la obtención de indulgencias nunca suple la confesión, que siempre debe ser previa - ver este otro artículo).
- el sujeto debe tener intención, por lo menos general, de ganarlas.

S.S. Pablo VI en la Constitución Apostólica Indulgentiarum Doctrina (1-Enero-1967) dispuso, entre otras cosas, lo siguiente:

Las concesiones de indulgencias históricas realizadas a órdenes religiosas, lugares sagrados, asociaciones de fieles, etc., deben ser revisadas por la Sede Apostólica a instancia de dichos institutos para conservar su vigor. Si dicha revisión no hubiera sido solicitada antes del 1 de Enero de 1968, perderán todo vigor un año después si no hubieran sido previamente confirmadas.

Por ello, si las indulgencias antiguas concedidas no fueron renovadas, perdieron todo vigor el 1 de enero de 1969.

En el n. 20 de dicha Constitución dice: "La piadosa Madre Iglesia, que tiene una gran solicitud por los fieles difuntos, abrogando todo privilegio en esta materia, determina que cualquier sacrificio de la misa proporciona a los difuntos un amplísimo sufragio". Por tanto quedan también abolidos los altares privilegiados y otras concesiones especiales en favor de los difuntos, salvo las dispuestas expresamente en dicha Constitución y en el Enchiridion Indulgentiarum vigente, que ya lo estudiaremos.

Continuaremos en otros artículos con las indulgencias. ¿Le ha sido útil este artículo?

Enlaces relacionados:
Índice general de las indulgencias
¿Cómo entendí yo qué son las indulgencias?

viernes, 3 de abril de 2009

Pensamientos (XIV): La Didajé


Pero no hagas que tu ayuno sea con los hipócritas, porque ellos ayunan en el segundo y quinto día de la semana. Mas bien, ayuna en el cuarto y sexto día. No ores como los hipócritas, sino como el Señor lo ha ordenado en Su evangelio, ora así: Padre Nuestro que estás en los Cielos, santificado sea tu nombre, venga a nosotros Tu reino, hágase Tu voluntad así en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día, perdona nuestras deudas como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. No nos dejes caer en tentación y líbranos del mal. Tuya es la gloria y el poder por siempre. Tres veces al día reza de esta manera.

La Didajé, cap. 8


Enlaces relacionados:
La costumbre de rezar el padrenuestro, en la Didajé
Las Iglesias estacionales
El ayuno, un gesto de amor

Abrete Cielo, por Designiomedia (Completo)

Videos de Designiomedia sobre la Pasión del Señor vivida en los lugares santos de Jerusalén.

Los relatos están adaptados para poder redistribuir todos los acontecimientos que rodean a la Pasión y mostrarlos poco a poco.

Al ver estos videos podemos comprobar cómo nuestra fe no es algo etéreo sino que puede vincularse a un lugar y a un momento de la Historia.

Domingo de Ramos (1/3)
Domingo de Ramos (2/3)
Domingo de Ramos (3/3)

Lunes Santo (1/3)
Lunes Santo (2/3)
Lunes Santo (3/3)

Martes Santo (1/3)
Martes Santo (2/3)
Martes Santo (3/3)

Miércoles Santo (1/3)
Miércoles Santo (2/3)
Miércoles Santo (3/3)

Jueves Santo (1/3)
Jueves Santo (2/3)
Jueves Santo (3/3)

Viernes Santo (1/3)
Viernes Santo (2/3)
Viernes Santo (3/3)

Sábado Santo (1/3)
Sábado Santo (2/3)
Sábado Santo (3/3)

Domingo de Resurrección (1/3)
Domingo de Resurrección (2/3)
Domingo de Resurrección (3/3)

Otros videos:
Catequesis sobre la Semana Santa, por Frank Morera
Catequesis sobre la Eucaristía, por Frank Morera
'De corazón a corazón', por la hermana Gabriela del Amor

jueves, 2 de abril de 2009

La última oración de Jesús, el salmo 22


Gracias al relato evangélico del calvario sabemos que una de las últimas palabras de Jesús fue: "Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?" (Mt 27, 44; Mc 15, 34).

Sabiendo que Jesús era un judío que conocía sus tradiciones y que el salmo 22 comienza por las mismas palabras, es una hipótesis que no hay que rechazar que este salmo fuera la última oración con la que Jesús invocara al Padre durante su vida, dado que el pueblo judío ha orado siempre con los salmos.

Posiblemente Jesús, en esos momentos, no tuviera ya fuerzas para recitar verbalmente el salmo completo, pero la invocación del versículo inicial pudo venir a sus labios con la mente puesta en él.

Sigamos a Jesús en sus últimos momentos con este salmo y meditemos con Él.


SALMO 22


Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?
¿Por qué estás lejos de mi clamor y mis gemidos?

Te invoco de día, y no respondes,
de noche, y no encuentro descanso;
y sin embargo, tú eres el Santo,
que reinas entre las alabanzas de Israel.

En ti confiaron nuestros padres:
confiaron, y tú los libraste;
clamaron a ti y fueron salvados,
confiaron en ti y no quedaron defraudados.

Pero yo soy un gusano, no un hombre;
la gente me escarnece y el pueblo me desprecia;
los que me ven, se burlan de mí,
hacen una mueca y mueven la cabeza, diciendo:
«Confió en el Señor, que él lo libre;
que lo salve, si lo quiere tanto».

Tú, Señor, me sacaste del seno materno,
me confiaste al regazo de mi madre;
a ti fui entregado desde mi nacimiento,
desde el seno de mi madre, tú eres mi Dios.

No te quedes lejos, porque acecha el peligro
y no hay nadie para socorrerme.

Me rodea una manada de novillos,
me acorralan toros de Basán;
abren sus fauces contra mí
como leones rapaces y rugientes.

Soy como agua que se derrama
y todos mis huesos están dislocados;
mi corazón se ha vuelto como cera
y se derrite en mi interior;
mi garganta está seca como una teja
y la lengua se me pega al paladar.

Me rodea una jauría de perros,
me asalta una banda de malhechores;
taladran mis manos y mis pies
y me hunden en el polvo de la muerte.

Yo puedo contar todos mis huesos;
ellos me miran con aire de triunfo,
se reparten entre sí mi ropa
y sortean mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;
tú que eres mi fuerza, ven pronto a socorrerme.
Libra mi cuello de la espada
y mi vida de las garras del perro.

Sálvame de la boca del león,
salva a este pobre de los toros salvajes.
Yo anunciaré tu Nombre a mis hermanos,
te alabaré en medio de la asamblea:
«Alábenlo, los que temen al Señor;
glorifíquenlo, descendientes de Jacob;
témanlo, descendientes de Israel.

Porque él no ha mirado con desdén
ni ha despreciado la miseria del pobre:
no le ocultó su rostro
y lo escuchó cuando pidió auxilio»

Por eso te alabaré en la gran asamblea
y cumpliré mis votos delante de los fieles:
los pobres comerán hasta saciarse
y los que buscan al Señor lo alabarán.

¡Que sus corazones vivan para siempre!
Todos los confines de la tierra
se acordarán y volverán al Señor;
todas las familias de los pueblos
se postrarán en su presencia.

Porque sólo el Señor es rey
y él gobierna a las naciones.

Todos los que duermen en el sepulcro
se postrarán en su presencia;
todos los que bajaron a la tierra
doblarán la rodilla ante él,
y los que no tienen vida
glorificarán su poder.

Hablarán del Señor a la generación futura,
anunciarán su justicia a los que nacerán después,
porque ésta es la obra del Señor.


Enlaces relacionados:
Índice de artículos Bíblicos
El Salmo 23: El Señor es mi pastor
Los tres criterios de credibilidad de los evangelios
Video sobre el salmo 24