jueves, 26 de abril de 2012

Pensamientos: Santa Rosa de Lima: la gracia y la cruz




El divino Salvador, con inmensa majestad, dijo:


«Que todos sepan que la tribulación va seguida de la gracia; 


que todos se convenzan que sin el peso de la aflicción no se puede llegar a la cima de la gracia; 


que todos comprendan que la medida de los carismas aumenta en proporción con el incremento de las fatigas. 


Guárdense los hombres de pecar y de equivocarse: ésta es la única escala del paraíso, y sin la cruz no se encuentra el camino de subir al cielo».


De los escritos de Santa Rosa de Lima


Uno de los grandes misterios de la vida según Dios es éste: la gracia va acompañada de la cruz. 


Cuánto se aleja esto de los esquemas humanos. Nosotros pensamos que cuanto más bien, menos cruz. Sin embargo, Dios nos dice lo contrario: la gracia está junto a la cruz, es más, sin la cruz no hay gracia.


Amar es duro, pero es nuestra esencia. Eso es lo que nos eleva por encima del resto de las criaturas.


Mira la cruz que tienes hoy sobre tus hombros, sea la que sea. Busca en ella la voluntad de Dios, no para atormentarte, sino para elevarte por encima de tus debilidades y caídas. Piensa si no es la gracia que hoy ha puesto Dios en tí.


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jueves, 19 de abril de 2012

Las flechas en la aljaba (XVII): no te preocupes por lo que piensen de tí

(Gracias a mi amigo Carlos Coloma, sacerdote)


No te preocupes demasiado por lo que dicen de ti. 
Ni siquiera Dios ha logrado caerle bien a todo el mundo.


Detrás de esta frase con una profunda moraleja sobre la vida, se esconde un pensamiento que debe presidir nuestra existencia: lo prioritario no es la conciencia de los demás, sino la tuya propia. Nadie va a ser juzgado según la conciencia de su prójimo, sino según la suya propia.


Si creo que debo obrar de una determinada manera, aun exponiéndome a la malinterpretación de otros, mi deber es responder a mi conciencia afirmativamente y obrar según ella.


No buscar la complacencia humana en mis actos, sino la divina. 


Y esto también puede aplicarse no sólo a los actos morales, sino también a los de la vida cotidiana, que son los que colaboran sencillamente a nuestra felicidad. Si Dios quiere mi felicidad y creo que, sanamente, puedo conseguirla por un determinado medio lícito y moral (una afición, un gusto particular, una sana inclinación, una manera de expresarse en sociedad) no veo porqué he de reprimir dicha acción solamente porque no sea entendida por otros.


La vida incluye el goce ordenado de las cosas que nos rodean. Ahí están puestas por Dios para nuestro sano provecho.


No juzguéis y no seréis juzgados.


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lunes, 26 de marzo de 2012

Pensamientos: San Juan de la Cruz

Cuando se le ofreciere algún sinsabor y disgusto, acuérdese de Cristo crucificado, y calle.

Viva en fe y esperanza, aunque sea a oscuras, que en esas tinieblas ampara Dios al alma.

Arroje el cuidado suyo en Dios, que él le tiene; ni la olvidará. No piense que la deja sola, que sería hacerle agravio.

Lea, ore, alégrese en Dios, su bien y salud, El cual se lo dé y conserve todo hasta el día de la eternidad.

San Juan de la Cruz, carta a una carmelita escrupulosa, 1590.



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