domingo, 14 de agosto de 2011

El pecado imperdonable

Los evangelios nos hablan de que los pecados podrán ser perdonados, excepto uno. El Catecismo de la Iglesia Católica viene a aclararnos, con su habitual precisión y certeza, cuál es este pecado:


1864 “Todo pecado y blasfemia será perdonado a los hombres pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no será perdonada” (Mc 3, 29; cf Mt 12, 32; Lc 12, 10). No hay límites a la misericordia de Dios, pero quien se niega deliberadamente a acoger la misericordia de Dios mediante el arrepentimiento rechaza el perdón de sus pecados y la salvación ofrecida por el Espíritu Santo (cf DeV 46). Semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final y a la perdición eterna.


Por lo tanto, el pecado imperdonable es el que ofende al Espíritu Santo de tal manera que hace que el pecador no reconozca el poder de Dios para perdonar


En definitiva, no será perdonado quien no quiera recibir el perdón de Dios, quien levante una barrera ante sí mismo de manera que no permita que Dios se le acerque. El Catecismo finaliza con la expresión: "... semejante endurecimiento puede conducir a la condenación final ...", lo que deja abierta la posibilidad última de salvación del pecador a la misericordia de Dios, que nos conoce hasta en nuestras más íntimas mociones y pensamientos para discernir perfectamente un último hálito de arrepentimiento.


Nuestra obligación sigue siendo la de rezar por todos los que han levantado este muro en sus vidas, porque aunque a nuestra imperfecta percepción, podamos creer que son personas perdidas para Dios, es Él el Creador de todos y el Padre de todos. Que por la misericordia de Dios, no caigamos nunca tampoco nosotros en este camino sin final.


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