Estando hoy suplicando a nuestro Señor hablase por mí -porque yo no atinaba a cosa qué decir ni cómo comenzar a cumplir esta obediencia- se me ofreció lo que ahora diré para comenzar con algún fundamento, que es considerar nuestra alma como un castillo todo de un diamante o muy claro cristal, adonde hay muchos aposentos, así como en el cielo hay muchas moradas.
Que si bien lo consideramos, hermanas, no es otra cosa el alma del justo sino un paraíso adonde dice Él tiene sus deleites.
Pues, ¿qué tal os parece que será el aposento adonde un rey tan poderoso, tan sabio, tan limpio, tan lleno de todos los bienes se deleita? No hallo yo cosa con la que comparar la gran hermosura de un alma y la gran capacidad, y verdaderamente apenas deben llegar nuestros entendimientos -por agudos que fuesen- a comprenderla, así como no pueden llegar a considerar a Dios, pues Él mismo dice que nos creó a su imagen y semejanza.
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¿No sería gran ignorancia, hijas mías, que preguntasen a uno quién es y no se conociese ni supiese quién fue su padre, ni su madre, ni de qué tierra?
Pues si esto sería gran bestialidad, sin comparación es mayor la que hay en nosotras cuando no procuramos saber qué cosa somos, sino que nos detenemos en estos cuerpos, y así, a bulto, porque lo hemos oído y porque nos lo dice la fe, sabemos que tenemos alma; mas qué bienes puede haber en esta alma o quién está dentro de esta alma o el gran valor de ella, pocas veces lo consideramos, y así se tiene en tan poco procurar con todo cuidado conservar su hermosura; todo se nos va en la grosería del engaste o cerca de este castillo, que son estos cuerpos.
Santa Teresa de Jesús, Las Moradas o Castillo Interior, capítulo I, n. 1 y 2.
Hoy quiero comenzar una serie de artículos para tratar sobre algunas de las citas bíblicas que nuestros hermanos cristianos no católicos no suelen leer, o al menos, no se dan cuenta de que están en nuestra Biblia. Y el caso es que están.
En el canal católico EWTN retransmiten un magnífico programa llamado Regreso a Casa conducido por Marcus Grodi, en el que se entrevistan a personas que se han convertido al catolicismo desde las diversas ramas del protestantismo, y también desde el judaismo y otras confesiones no cristianas.
En uno de los episodios, el propio presentador, también convertido, interpelado por algunos televidentes, se convierte él mismo en protagonista y para hablar de su propia conversión, relata y comenta las citas bíblicas que él 'no vio' en la Sagrada Escritura. Sí, porque él había estudiado a fondo el Nuevo Testamento, y él mismo relata cómo el no se dio cuenta de las citas que comentaba, en sus propias palabras, que 'no las vio', que 'no estaban allí'.
En varios artículos intentaré avanzar por esos textos bíblicos que están ahí para quien quiera consultarlos en sus propias Biblias.
Para comenzar lo vamos a hacer con una cita del libro de los Proverbios:
Confía en el Señor y de todo corazón, y no te apoyes en tu propia inteligencia; reconócelo a él en todos sus caminos y él allanará tus senderos. (Prov 3, 5-6)
La cita de Proverbios es un buen punto de partida para nuestro trabajo, puesto que es una clara expresión del que debe ser nuestro recorrido en la vida con Cristo.
Marcus al reflexionar sobre este pasaje vio que detrás de todas las interpretaciones de la fe cristiana que las variadas ramas protestantes ofrecen, no existe un principio sólido sobre el que basar la propia fe. Unos admiten la Trinidad, otros no; unos creían en la necesidad del Bautismo y otros no.
Esa duda fue el comienzo de la conversión en la búsqueda del verdadero fundamento de la verdad. No podía ser cierto que esas afirmaciones doctrinales contradictorias fueran ciertas a la vez. Era imposible. Por tanto, ante la falta de certeza de lo que estaba enseñando, se volvió cada vez más incapaz de continuar su ministerio. Eso le llevó a replantearlo todo desde el principio, a volver a ver la Biblia con otros ojos en un esfuerzo, primero de desconcierto para ir poco a poco encontrando nuevas certezas que le terminarían conduciendo a la fe católica.
Él quería de verdad reconocer a Cristo en todos sus caminos, no en los que nosotros hemos construido para Él. La cita de Proverbios habla de 'sus caminos', no de los nuestros. Y conociéndolo a Él en sus caminos, nuestros senderos se verán allanados.
Es decir, acercándonos al Dios verdadero, aproximándonos a Él con plena verdad y sinceridad es como nos encontramos a nosotros mismos. Pero para esto, tenemos que conocer de verdad cuáles son los caminos de Dios. Y tenemos que conocerlo a Él sin fiarnos de nuestra inteligencia, sino poniendo nuestra confianza en Él.
En definitiva: reconócelo en sus caminos, para que Él allane nuestros senderos; que en este esfuerzo tu actividad de reconocerlo sea sin buscar apoyo en la propia inteligencia, sino confiando en Él.
Y desde este versículo comenzó el camino de la conversión. Quien pueda albergar alguna duda sobre la integridad y el contexto de las citas que manejaremos, debe hacer el ejercicio de buscarlas en sus propias Biblias para verificar que los textos de la Escritura que aquí manejamos concuerdan fielmente con las ediciones actuales de la Biblia en castellano.
Citas bíblicas que deberían leer los protestantes (II)
Enlaces relacionados:
Marcus Grodi
Índice de artículos Bíblicos
Cristo, la oportunidad de nuestras vidas
Hay la bastante luz para los que quieren ver y bastante oscuridad para los que tienen una disposición contraria. Hay bastante claridad para iluminar a los elegidos, y bastante oscuridad para humillarles. Hay bastante oscuridad para cegar a los réprobos, y bastante claridad para condenarles y hacerles inexcusables.
Si el mundo subsistiera para instruir al hombre (de la existencia) de Dios, su divinidad resplandecería en todas partes de una manera incontestable: pero como no subsiste sino por Jesucristo, y para instruir a los hombres, tanto de su corrupción, como de su redención, las pruebas de estas dos verdades se hacen paladinas en todas partes. Lo que está a la vista no señala ni una exclusión total, ni una presencia manifiesta de divinidad; sino la presencia de un Dios que se oculta. Todo tiene este carácter.
Si jamás hubiese aparecido nada de Dios, esta privación eterna sería equívoca y podría atribuirse tanto a una ausencia de divinidad como a lo indignos que son los hombres de conocerle. Pero esto de que algo aparezca alguna vez, y no siempre, hace desaparecer todo equívoco.
Si aparece alguna vez, es que existe siempre; y así la única conclusión posible es que existe un Dios, pero que los hombres son indignos de Él.
Blaise Pascal, Pensamientos, artículo XII, II.
Otros enlaces:
Cristo, la oportunidad de nuestras vidas
Amar en la indiferencia
El Santo Rosario
- Se remonta al siglo II la atribución de la autoría de este evangelio al apóstol San Mateo, el publicano. En el mismo sentido, Papías, San Ireneo y Orígenes. La llamada por parte del maestro la encontramos en Mt 9, 9. La tradición nos dice que el autor de este evangelio, después de predicar el mensaje de Cristo en Palestina, fue a Arabia, Etiopía y Persia para terminar su misión apostólica.
- Se cree que fue escrito en hebreo o arameo, y después traducido al griego; éste último original ha sido el usado por la Iglesia como versión primitiva.
- Es el evangelio eclesiástico por excelencia, pues fue el más utilizado por la tradición más antigua y centra su preocupación en la defensa de los temas eclesiales.
- Se sitúa su composición en una fecha cercana al año 70, de la destrucción del Templo y la ciudad de Jerusalén.
- El autor divide la obra en tres partes principales, con una vigorosa pedagogía, si bien con el desglose de los cinco discursos, se puede considerar dividido en 7 en su conjunto:
1ª) Infancia de Jesús, 1-2;
2ª) Vida del maestro, 3-25;
discurso 1: Mt 5-7, Sermón de la Montaña. Programa esencial del Reino de los Cielos.
discurso 2: Mt 10, instrucción a los apóstoles. Predicación de Cristo por medio de los enviados.
discurso 3: Mt 13, las parábolas. Planteamiento de las dificultades que el mundo planteará a la implantación del Reino de Dios.
discurso 4: Mt 18, la Iglesia y el Reino. Sus comienzos con el primer grupo encabezado por Pedro y con sus reglas ya esbozadas.
discurso 5: Mt 24-25, anuncio escatológico. Crisis que vendrá a desencadenar el final de Jesús.
3ª) Muerte y Resurrección, 26-28.
- Los discursos del Señor es una característica que lo distingue del evangelio de Marcos en el que no hay grandes discursos de Cristo.
- Presenta a Jesús como Mesías prometido y el Hijo de Dios, por lo que los destinatarios de este texto debieron ser judíos convertidos al cristianismo. Insiste en el tema del cumplimiento de las escrituras del AT en Jesús, no sólo como una mera realización de las promesas, sino de su plenitud. Los temas que nos enseñan este cumplimiento son:
+ Cristo, descendiente de Abrahám y de David, representa el cumplimiento de las profecías, como nos lo muestra Mateo con la genealogía en la que remonta la descendencia de Jesús hasta Abrahám, el padre del pueblo judío y patriarca de la primera Alianza con Dios, a través de David, como primer rey del pueblo escogido (Mt 1, 1-17). Jesús así se convierte en heredero de la Alianza con Abrahám y de la realeza de David.
+ Su concepción virginal y nacimiento en Belén.
+ El Siervo Sufriente de Isaías (Is 52, 13ss) se constituye en telón de fondo del relato de la Pasión en este evangelio. El rito de la Ley, que no será abolida, será sustituido por la ética del amor ya desde la primera predicación de Jesús.
- El tema de Jesús como Hijo de Dios enmarca todo el relato. Así se declara en los relatos del Bautismo (3, 13-17) y del Monte Tabor (17, 1-13). Jesús es interrogado por el sanedrín y ante la pregunta por su condición divina, su respuesta es clara (26, 63-64). Jesús es condenado a muerte por autoproclamarse Hijo de Dios (27, 11). La declaración del centurión tras su muerte es una confesión de fe: "Verdaderamente este era Hijo de Dios" (27, 54). El evangelio comienza con la infancia de Jesús, relato impregnado de la condición divina del niño, para ir progresando y haciendo hincapié en la misma divinidad hasta el Calvario.
- El Reino de los cielos anunciado por el Mesías tiene una doble dimensión, temporal (de este mundo) y escatológica (del mundo venidero). El Reino de los Cielos, por tanto, comienza aquí, pero no en los moldes estrechos del judaísmo, sino en la universalidad del mensaje traído por Cristo.
- La Iglesia cobra en este evangelio una naturaleza viva con Cristo como cabeza. La comunidad eclesial prolonga la Antigua Alianza, dándole una extensión universal.
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