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jueves, 26 de marzo de 2009

Más barbaridades sobre el aborto


La ministra española Aido no deja de sorprendernos con nuevas revelaciones de su ética en relación al proyecto de ley sobre el aborto que pretende presentar a las Cortes Españolas.

Resulta que según ella, el feto humano merece protección siempre que sea viable como ser humano independiente de la madre, es decir, a partir de las 22 semanas de gestación. Hasta ese momento, se considera que no es un ser humano completamente desarrollado y en tal caso prevalece el derecho de la madre a abortarlo.

Es difícil encontrar afirmaciones que revelen con tanta claridad la forma de pensar tan radicalmente antihumana de esta señora y de los que la amparan.

De esa afirmación podemos deducir que la dependencia de un ser humano de otro para su desarrollo o supervivencia, capacita a este último para disponer de la vida del primero. Lo cual parece coherente con la postura socialista sobre la eutanasia, porque bastará aplicar el mismo principio a toda persona que dependa para su existencia de cualquier máquina a la que se halle conectado.

Primero será proteger la independencia de la madre para decidir sobre la vida su hijo; posteriormente será proteger la independencia del Estado para fijar con quién se utilizan sus recursos económicos a la hora de mantener con vida a personas que lo necesitan. Es todo lo mismo.

¿Se utilizará los mismos argumentos para legitimar el suicidio asistido? ¿o para prescindir de personas que necesiten la atención de otras por alguna incapacidad permanente?

Por lo visto ella considera discriminatorio hablar de defectos físicos para justificar el aborto una vez superadas las 22 semanas de vida. Demuestra una gran preocupación por la discriminación del feto pero nula preocupación por su vida.

Hasta las 22 semanas, no existe discriminación, pero a partir del día siguiente, sí.¿Podrá poner ella algún fin a ese límite, por ejemplo, al llegar a alguna edad determinada? ¿Tendremos derecho a vivir cuando cumplamos los 80 años, por ejemplo, si nos encontramos con graves defectos físicos? Si puedo permitirme el lujo de transigir y negociar con la edad mínima para que la persona sea sujeto de derechos, ¿por qué no hacer lo mismo con la edad máxima?

Si la existencia humana con derechos la determina la señora Aido con su cohorte científica, ¿podrá regular esos derechos también ella en un futuro o son inherentes a la persona humana en todo momento?

Este tipo de leyes nos colocan ante un abismo moral del que no somos capaces de vislumbrar el fondo.

Enlaces relacionados:
¿Cualquier aborto intencionado es grave? (22-Marzo-2009)
La campaña contra el aborto de la Conferencia Episcopal Española (19-Marzo-2009)

sábado, 7 de febrero de 2009

Curar a los enfermos, pero sin eliminar a nadie

Carta de la Secretaría General de la Conferencia Episcopal Española:

Aclaraciones sobre los hechos implicados en el nacimiento del llamado primer "bebé medicamento".

El pasado 12 de octubre nació en Sevilla el primer bebé seleccionado para curar a su hermano, que sufre una enfermedad hereditaria, la beta-talasemia major, anemia congénita severa que le obliga a someterse a constantes transfusiones sanguíneas.

Mediante la técnica utilizada, el diagnóstico genético preimplantacional, los embriones obtenidos a través de la fecundación in vitro son examinados para seleccionar aquellos que no sean portadores del factor genético que puede dar lugar al desarrollo de la enfermedad heredada. Entre los seleccionados, se implantan en el útero materno aquellos embriones que presentan el perfil de compatibilidad genética más adecuado con el hermano enfermo. Los demás son destruidos o congelados.

Conviene aclarar al respecto las implicaciones morales que no han sido señaladas estos días por algunos medios de comunicación social.

Se ha puesto el énfasis en la feliz noticia del nacimiento de un niño y en la posibilidad de la curación de la enfermedad de su hermano. Expresada así, la noticia supone un motivo de alegría para todos. Sin embargo, se ha silenciado el hecho dramático de la eliminación de los embriones enfermos y eventualmente de aquellos que, estando sanos, no eran compatibles genéticamente.

El nacimiento de una persona humana ha venido acompañada de la destrucción de otras, sus propios hermanos, a los que se les ha privado del derecho fundamental a la vida. Se ha calificado el hecho como un éxito y un progreso científico. Sin embargo, someter la vida humana a criterios de pura eficacia técnica supone reducir la dignidad de la persona a un mero valor de utilidad. Los hermanos a los que se les ha privado del derecho a nacer han sido desechados por no ser útiles desde la perspectiva técnica, violando así su dignidad y el respeto absoluto que toda persona merece en sí misma, al margen de cualquier consideración utilitarista. Por su parte, el hermano que finalmente ha nacido ha sido escogido por ser el más útil para una posible curación. Se ha conculcado de esta manera su derecho a ser amado como un fin en sí mismo y a no ser tratado como medio instrumental de utilidad técnica.

Conviene recordar a este respecto el documento de la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, del 30 de marzo de 2006, Algunas orientaciones sobre la ilicitud de la reproducción humana artificial y sobre las prácticas injustas autorizadas por la ley que la regularán en España, que señala la injusticia que se comete con los seres humanos producidos en el laboratorio, al ser tratados “como un mero producto conseguido por el dominio instrumental de los técnicos”. “La dignidad del ser humano exige que los niños no sean producidos, sino procreados (…). Por tratarse de una relación puramente personal –no instrumental– la procreación es conforme a la dignidad personal del niño procreado, que viene así al mundo como un don otorgado a la mutua entrega personal de los padres”. Respecto a la práctica de la que hoy hablamos, se dice también en el mismo documento: “Los planteamientos emotivos encaminados a justificar estas prácticas horrendas son inaceptables. Es cierto: hay que curar a los enfermos, pero sin eliminar nunca para ello a nadie. La compasión bien entendida comienza por respetar los derechos de todos, en particular, la vida de todos los hijos, sanos y enfermos”.

El hecho feliz del nacimiento de un bebé sano no puede justificar la instrumentalización a la que ha sido sometido y no basta para presentar como progreso la práctica eugenésica que ha supuesto la destrucción de sus hermanos generados in vitro.

La Iglesia desea prestar su voz a aquellos que no la tienen y a los que han sido privados del derecho fundamental a la vida.

Con estas aclaraciones no se juzga la conciencia ni las intenciones de nadie. Se trata de recordar los principios éticos objetivos que tutelan la dignidad de todo ser humano.

Madrid, 17 de octubre de 2008.

(El subrayado y remarcado es mío).

Para descargar el documento Dignitas Personae en formato pdf o en word.