jueves, 14 de marzo de 2013
Francisco I, nuestro nuevo padre y pastor
Tenemos nuevo Papa, habemus papam.
Francisco I.
Los papas pasan, pero la Iglesia de Cristo permanece por los siglos. Ayer vimos cómo la Iglesia perdura porque es obra de Él que vive eternamente.
266 papas nos unen a Cristo, y esta vez será un papa procedente del continente americano.
Cristo llega hasta los confines del mundo, y la Iglesia se hace presente en todo lugar y tiempo.
Recemos por él, como hizo ayer con nosotros.
Cuántas personas rezaron ayer, aunque fuera en el fondo de su corazón, el Padre Nuestro después de muchos años sin hacerlo.
Ayer, muy buena parte del mundo, dijo "Padre Nuestro" todos a la vez, bajo un mismo padre y pastor. Que él nos guíe con su mano firme.
¡¡Viva Francisco I!!
lunes, 11 de marzo de 2013
Carpe diem
Algo sabemos cierto en nuestra vida, y es que habremos de morir. Muchas personas, ante esta certeza, el primer principio que se les viene a la cabeza es: "carpe diem" (aprovecha el día, disfruta del tiempo).
No importan los días que nos queden de vida, debemos de llenar nuestros estómagos y satisfacer todos nuestros placeres porque esta es la manera en la que llenaremos de sentido nuestras vidas.
Somos una especie de tren cuyas vías terminan en un precipicio y que no podemos detener, por lo que sabemos que caeremos por él tarde o temprano. Por lo tanto, debemos disfrutar de todo lo que el tren nos ofrece antes de que llegue ese momento, aunque eso nos lleve a una autodestrucción.
Sin embargo, Jesús nos ofrece una alternativa. Esta vida es apreciable, es digna, tenemos que vivirla y disfrutarla pero sin olvidar que la parte más importante y principal de toda ella se desenvolverá una vez traspasemos ese umbral.
A este lado del umbral somos aprendices del amor; a aquél lado seremos maestros en el amor, según hayamos aprovechado o no nuestro aprendizaje.
Jesús nos dice: "carpe diem, sí, ... pero para amar".
Llenar el estómago, emborracharse, drogarse, enviciarse en todos los placeres te lleva a un carpe-diem de autoaniquilación añadida al final natural.
Pero muchos se olvidan que nuestro ser no se caracteriza por tener un estómago, sino por tener un corazón. No somos "estómago", pero sí somos "amor".
¿Por qué decimos que el amor reside o se asocia al corazón, si este órgano no es más que un músculo? ¿Por qué no asociamos el amor con el bíceps o el cuádriceps?
Porque sin el corazón, no podemos vivir, de igual manera que sin amor no podemos existir.
El amor es la esencia de nuestras vidas, porque provenimos de la esencia del amor que es Dios y Él nos ha hecho partícipes de su esencia y naturaleza de esta manera.
Enlaces relacionados:
La 'perra' buena voluntad
¿Qué hacer con los hijos cuando los padres se separan?
El otero de Dios
El retrato de nuestra alma
No importan los días que nos queden de vida, debemos de llenar nuestros estómagos y satisfacer todos nuestros placeres porque esta es la manera en la que llenaremos de sentido nuestras vidas.
Somos una especie de tren cuyas vías terminan en un precipicio y que no podemos detener, por lo que sabemos que caeremos por él tarde o temprano. Por lo tanto, debemos disfrutar de todo lo que el tren nos ofrece antes de que llegue ese momento, aunque eso nos lleve a una autodestrucción.
Sin embargo, Jesús nos ofrece una alternativa. Esta vida es apreciable, es digna, tenemos que vivirla y disfrutarla pero sin olvidar que la parte más importante y principal de toda ella se desenvolverá una vez traspasemos ese umbral.
A este lado del umbral somos aprendices del amor; a aquél lado seremos maestros en el amor, según hayamos aprovechado o no nuestro aprendizaje.
Jesús nos dice: "carpe diem, sí, ... pero para amar".
Llenar el estómago, emborracharse, drogarse, enviciarse en todos los placeres te lleva a un carpe-diem de autoaniquilación añadida al final natural.
Pero muchos se olvidan que nuestro ser no se caracteriza por tener un estómago, sino por tener un corazón. No somos "estómago", pero sí somos "amor".
¿Por qué decimos que el amor reside o se asocia al corazón, si este órgano no es más que un músculo? ¿Por qué no asociamos el amor con el bíceps o el cuádriceps?
Porque sin el corazón, no podemos vivir, de igual manera que sin amor no podemos existir.
El amor es la esencia de nuestras vidas, porque provenimos de la esencia del amor que es Dios y Él nos ha hecho partícipes de su esencia y naturaleza de esta manera.
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La 'perra' buena voluntad
¿Qué hacer con los hijos cuando los padres se separan?
El otero de Dios
El retrato de nuestra alma
Una tabla de consuelo y salvación
Muchos nos acosan: el pecado, el mal, la persecución, la tentación, el desánimo, el dolor, pero el Señor ha sembrado mediante su Palabra verdaderas tablas de salvación que nos ayudan en nuestro peregrinar.
- Venid a mi los que estais cansados y agobiados que Yo os aliviaré (Mt 11, 28).
- Carguen mi yugo porque soy paciente y humilde de corazón (Mt 11, 29).
- Mi yugo es llevadero y mi carga ligera (Mt 11, 30).
- Pertrechémonos con las armas de la luz (Rm 13, 12-14)
- ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? (Palabras dichas por la Virgen a San Juan Diego, 1531)
- No hago lo que quiero y hago lo que no quiero (Rm 7, 19)
- ... os digo que si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite (Lc 11, 5-8)
- ¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar de un pez? (Lc 11, 11-12).
- Te basta mi gracia (2 Co 12, 7-9).
- ... como impostores que dicen la verdad, desconocidos siendo conocidos de sobra, moribundos que vivimos, sentenciados nunca ajusticiados; como afligidos, pero siempre alegres, como pobres pero que enriquecen a muchos, como necesitados pero poseyéndolo todo. (2 Co 6, 8-10).
- ...atribulados en todo, más no aplastados; apurados, más no desesperados; perseguidos pero no abandonados; derribados, más no aniquilados. (2 Co 4, 8-9).
- Mira que estoy a la puerta y llamo; si me abres, entraré y cenaremos juntos (Ap 3, 20).
- Dios es la brisa de la cueva de Elías (1 Re 19, 8-13).
- El Señor es mi pastor, NADA me falta (Salmo 23).
- La parábola del hijo pródigo (o también del hijo derrochador) (Lc 15, 11-33).
- Antes morir que fallarle a Jesús (en la persecución cristera de México, 1926-1929).
- El Señor abre puertas que nadie puede cerrar, cierra puertas que nadie puede abrir (Ap 3, 7).
- En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraiso. (Lc 23, 43)
- Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).
- Venid a mi los que estais cansados y agobiados que Yo os aliviaré (Mt 11, 28).
"Venid a mí..."
¿vamos a Él o nos alejamos de Él?
- Carguen mi yugo porque soy paciente y humilde de corazón (Mt 11, 29).
- Mi yugo es llevadero y mi carga ligera (Mt 11, 30).
Jesús no ha venido a cargarnos,
sino a aliviarnos.
- Pertrechémonos con las armas de la luz (Rm 13, 12-14)
La LUZ tiene sus armas.
No nos avergoncemos de la lucha contra el mal.
A lo mejor es que simplemente hemos renunciado a luchar.
- ¿No estoy yo aquí que soy tu madre? (Palabras dichas por la Virgen a San Juan Diego, 1531)
Ante la muerte inminente de su tío Bernardino,
Juan Diego corre a buscar a un sacerdote y
rodea el Tepeyac para no encontrarse con la Señora
que sabe que lo espera.
que sabe que lo espera.
Pero ella sale a su encuentro...
Huye de la Virgen cuando ella puede socorrerlo...
¿y nosotros, también rodeamos el Tepeyac
para no encontrarnos con Dios cuando Él nos pide algo?
¿Huimos de Él para "encontrar" la solución de nuestros problemas?
¿y nosotros, también rodeamos el Tepeyac
para no encontrarnos con Dios cuando Él nos pide algo?
¿Huimos de Él para "encontrar" la solución de nuestros problemas?
- No hago lo que quiero y hago lo que no quiero (Rm 7, 19)
El gran San Pablo confiesa que mete la pata.
Igual que yo mismo.
- ... os digo que si no se levanta y se los da por ser amigo suyo, al menos por su importunidad se levantará y le dará cuanto necesite (Lc 11, 5-8)
Jesús habla de un amigo que le pide a otro
tres panes para dar de comer a un invitado.
Jesús nos dice: "sed importunos con Dios".
Nada más y nada menos.
- ¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar de un pez? (Lc 11, 11-12).
¿Somos conscientes de que Dios nos dará
lo que le pidamos, si es para nuestro bien?
Pero para pedir, tenemos que tener necesidad
de Dios, no ser autosuficientes.
El que se basta a sí mismo, no pide.
¿Necesitamos a Dios de verdad o lo utilizamos
en nuestro favor, cuando nos conviene?
- Te basta mi gracia (2 Co 12, 7-9).
No esperes grandes signos.
Muchísimos santos no tuvieron
ningún signo especial en toda su vida.
Su gracia lo puede todo en tí.
Déjala actuar.
- ... como impostores que dicen la verdad, desconocidos siendo conocidos de sobra, moribundos que vivimos, sentenciados nunca ajusticiados; como afligidos, pero siempre alegres, como pobres pero que enriquecen a muchos, como necesitados pero poseyéndolo todo. (2 Co 6, 8-10).
Quién al tú decir la verdad,
no te han tomado alguna vez por impostor.
Quiénes te han ignorado al saber de tu fe,
aunque fueras conocido de sobra.
Quiénes te han dado como moribundo para el mundo
cuando vives la vida de Cristo.
... consuélate que ya San Pablo pasó por todo esto.
- ...atribulados en todo, más no aplastados; apurados, más no desesperados; perseguidos pero no abandonados; derribados, más no aniquilados. (2 Co 4, 8-9).
Jesús está siempre en el extremo de todos tus problemas
para ser la mano que te salva.
Más allá de cualquiera de nuestros males
está el poder de Jesús en tu vida.
- Mira que estoy a la puerta y llamo; si me abres, entraré y cenaremos juntos (Ap 3, 20).
¡¡Qué infinita paciencia la de Jesús!!
¡Él nos espera a nosotros!
Los reyes no esperan; los súbditos sí.
Aquí el Rey es Él.
... y todo, por cenar contigo y conmigo.
- Dios es la brisa de la cueva de Elías (1 Re 19, 8-13).
¿No estaremos dejando pasar a Dios
de nuestras vidas porque lo esperamos
como trueno en lugar de como brisa?
¿como "servicio técnico 24 horas" de nuestros problemas
en lugar de nuestro amigo y Señor?
- El Señor es mi pastor, NADA me falta (Salmo 23).
... ¿ nada ?...
¡¡Nada, pero nada!!
Aprende este salmo de memoria,
que te acompañe en la oración.
- La parábola del hijo pródigo (o también del hijo derrochador) (Lc 15, 11-33).
Si tuviéramos que elegir una sola enseñanza
de Jesús, yo me quedaría con ésta.
La mejor narración de la Historia Universal
consagrada a narrar la misericordia de Dios.
- Antes morir que fallarle a Jesús (en la persecución cristera de México, 1926-1929).
¿Y antes morir que pecar?
- El Señor abre puertas que nadie puede cerrar, cierra puertas que nadie puede abrir (Ap 3, 7).
El Señor puede cambiar toda tu vida.
Déjalo hacer.
- En verdad te digo, hoy estarás conmigo en el Paraiso. (Lc 23, 43)
El mejor consuelo para el pecador arrepentido.
- Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).
En la Eucaristía, junto a mí, en lo más hondo de mi alma,
en medio de dos o más que estemos reunidos en su nombre,
como amigo en el que reclinar la cabeza en el día de la partida.
Está y estará con nosotros.
Enlaces relacionados:
viernes, 8 de marzo de 2013
De perros y gatos
Federico: Oye Luis, ¿sabes qué estaba pensando hoy?
Luis: Dime, Federico.
F: Le daba vueltas a la cabeza sobre el tema de los derechos y obligaciones, y se me ocurrió pensar en los derechos que Dios nos otorga. Y resulta que, pensando un poco, caí en la cuenta de que Dios no nos ha otorgado nunca ningún derecho. ¿Tú habías caído también en la cuenta?
L: Me coges de sopetón con esa idea, pero si pensamos un poco ahora mismo no recuerdo ningún pasaje en toda la Biblia ni en la Tradición de la Iglesia en la que se hable de derechos otorgados por Dios ...
F: Entiendo, Luis, que estamos hablando no en un contexto jurídico meramente humano, sino en el ámbito del pacto, de la alianza de Dios con el hombre perpetuada de diversos modos a través de los siglos.
L: Sí, sí, claro. Sin embargo, Federico, sí se me vienen a la cabeza pasajes en los que Dios nos impone obligaciones. Qué curioso. Ningún derecho, pero sí obligaciones: los mandamientos del Sinaí, el mandato del amor, las bienaventuranzas entendidas como invitaciones a tener un comportamiento determinado, y muchas más frases de Jesús...
F: Me deja esto un poco perplejo. En nuestro mundo todo lo hemos convertido en derechos (y cuando hablamos de obligaciones, la fundamental es la de pagar impuestos para mantener a los burócratas de siempre), mientras que Dios nos habla con obligaciones. En esto hay algo que no me cuadra.
L: Yo estoy igual de perplejo que tú. Qué cosas. Ahora recuerdo una enseñanza de Benedicto XVI que decía que los mandamientos no son un NO sino un SÍ a nuestra felicidad, a nuestra alegría. Es decir, que según nuestro amado Papa anterior, las obligaciones de Dios no son malas, sino buenas porque nos apartan del camino incorrecto.
F: Yo creo que un fallo fundamental es ese. Hemos construido los derechos como el paraíso de la perpetua y continua felicidad, mientras hemos hecho de las obligaciones las pesadas cadenas que los gobiernos quieren echar sobre los hombros de todos los ciudadanos. En definitiva, "derechos buenos, obligaciones necesarias".
Pero parece que para Dios eso no es así. Sería más bien (qué atrevido soy intentando interpretar la mente de Dios, que Él me perdone): "derechos innecesarios por evidentes, obligaciones buenas".
L: Creo que hay algo incorrecto en lo que dices. Existe el derecho a la vida como algo sagrado y otorgado por Dios, para poner un ejemplo muy claro.
F: Cierto es, Luis. Pero hasta el mismísimo derecho a la vida no es ilimitado, tiene sus fronteras: ante una agresión ilegítima, tengo derecho a defenderme y si en esa defensa no tengo más remedio que causar un daño a mi atacante que pueda causarle la muerte, eso no es pecado (siempre que sea como último recurso, claro está).
Es decir, en un principio fundamental como es el que Dios nos ha dado una vida a cada uno, existen casos en los que ese principio puede quebrarse ante un suceso extraordinario. Además, nadie puede invocar el derecho a la vida ante el mismo Dios que te la arrebate.
L: ¿Qué me quieres decir con eso? Creo entender de lo que dices que Dios no otorga derechos, y que los derechos que los seres humanos nos damos para regular nuestra existencia, no son ilimitados. Además, que las obligaciones que Dios nos impone son para nuestro bien y nuestra felicidad, y no una pesada carga que nos aplasta.
F: Sin tenerlo muy claro, creo que por ahí van los tiros.
L: Por lo tanto, parece que nuestra sociedad nos conduce a un camino desbocado. Los derechos erigidos en norma de conducta absoluta, y las obligaciones mediante pesadas cadenas sobre los hombros de todos. Justo lo contrario de lo que Dios nos propone.
F: Pues algo así, es. Como hoy existe tácitamente el derecho absoluto a hacer lo que yo quiera, se da el caso de que un perro exija su derecho de ser un gato y reconozcamos formalmente el derecho de todo perro a ser un gato.
L: La verdad es que suena a chiste.
F: Suena a chiste pero no lo es. Esto es un plan perfectamente concertado. Fíjate:
- La naturaleza de las cosas es la que es. Dios no tiene que decir que un perro es un perro; es que un perro ES un perro, y no un gato.
- La filosofía desde sus inicios, ha dedicado toda una rama de su saber y su investigación a estudiar el SER de las cosas: la metafísica u ontología. Por lo tanto si queremos destruir la barrera que hace que un perro SEA un perro, tendremos que cargarnos la filosofía y todos sus razonamientos. Pero, ¿esto es posible? Parece una tarea ardua...
- Sólo necesitamos buscar algunas mentes preclaras de nuestro tiempo que con su argumento de autoridad, nos lleven por este camino. Por ejemplo, Stephen Hawking, elevado a la cumbre del saber, ha declarado el fin de la filosofía y el comienzo de la era de la ciencia (y mira, Luis, que yo soy de formación científica y amo la ciencia y el conocimiento científico, pero esto no es). Bueno, ya tenemos los cimientos colocados, pues de un plumazo nos hemos cargado toda la argumentación intelectual que pueda hacernos caer en la cuenta de que un perro no es un gato. Ahora viene el segundo paso.
- Ahora tenemos que hacer creer a un perro que es mejor ser un gato, y a un gato que es mejor ser un perro. De esa manera, habremos destruido la frontera que el SER, la naturaleza de las cosas, impone a estos dos animales. ¿Cómo lo hacemos?:
- Cogemos a los perros, que son los que ladran y hacen más ruido, y les hacemos creer que sería mejor que fueran gatos: la vida del gato es mucho más reposada, te dan platitos de crema de leche y te acarician tu suave pelaje, vives relajadamente junto a la chimenea de la casa. Tu vida de perro es bastante triste: te ponen un hueso para comer, vives en la caseta que hay en el jardín aunque haga frío o calor y si ladras (porque tu genética hace que ladres) te tiran una piedra para que te calles. ¿No sería más bonito ser un gato?
- La semilla está sembrada, pero esto aún no es suficiente. Es necesario que los perros hablen mal de los perros, es decir, que un perro le diga a otro: "los perros no somos nada"; "menuda vida perra que llevamos"; "los gatos sí que viven bien, nosotros somos los tontos"; "donde se ponga un gato, no se pone un perro"; "amigo perro, en este mundo quienes mandan de verdad son los gatos, que te miran a través de la ventana del hogar, mientras tú estás en tu húmeda y fría caseta haciendo el tonto".
- Y falta un último punto fundamental: que los gatos quieran ser perros. El perro se encarga de la vigilancia de la casa, y cuando echa a un ladrón, recibe palmadas de aprobación de sus dueños, por lo que el gato termina por estar celoso del perro. Así que el gato, también querrá defender la casa, pero no por eso querrá dejar su plato de crema y su puesto al lado de la chimenea, por lo que estar en dos sitios a la vez se vuelve algo como que imposible.
- Ahora sí: el reconocimiento del derecho del perro a ser gato tiene el camino allanado. Los perros desearán ser gatos (y los gatos también perros, porque da igual el sentido que tome este camino, porque la mentira vende). Y hemos tergiversado la naturaleza de las cosas para crear un derecho de la nada a conveniencia de unos pocos perros y gatos.
L: ¿Y a nadie se le ha ocurrido pensar que un perro y un gato son distintos porque han sido creados distintos, con distintos formas de comportarse, de alimentarse, de relacionarse; que ninguno es mejor que el otro y que cada uno tiene derecho a vivir según el plan trazado para él; y que cada uno debe cumplir con ese plan como con una obligación y no pretender ser el otro?
F: Claro, porque la vida se presupone íntegramente para todos. No hay que hacer daño a nadie (neminem laedere, decían los romanos) pero eso no tiene nada que ver con que todos los animales tengan que hacer lo mismo.
L: Federico, mientras hablabas me estaba acordando del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal del paraiso, y cómo el comer de su fruta, hizo que Dios expulsara a Adán y Eva. ¿No será esto una versión nueva de aquéllo?. Además, igual que entonces, los pobres Adán y Eva sucumbieron ante la tentación de una serpiente, igual que muchísimos perros y gatos sucumben ante la tentación de unos pocos perros y gatos que quieren imponer su visión.
F: El pecado original se llama original, porque está en la raiz de todos los males, Luis. Y este es el mundo de progreso y felicidad que nos quieren vender, en el que nada es lo que parece, ni el bien, ni el mal, ni los perros ni los gatos.
L: Y eso que esto es sólo una historia de animales. Por cierto, ¿qué día es hoy?
F: Ocho de marzo.
L: No tiene nada que ver con esto, pero es que me acabo de acordar que esta mañana han detenido a un amigo mío por haber sido acusado falsamente por su esposa de malos tratos. Esas son las leyes que tenemos, en las que un hombre, de momento, va a la cárcel y luego preguntamos. Pero esto no tiene nada que ver con lo de los perros y los gatos.
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Moraleja 1: Amicus Plato, sed magis amica veritas.
Moraleja 2: El mainstream europeo dice que la Coca-Cola es mucho mejor que la Pepsi, pero a los americanos les gusta por igual una que otra. ¿Somos tan osados de pensar que la visión que Dios tenga de nosotros tiene que ser igual a la nuestra? ¡Pero si nosotros mismos no nos ponemos de acuerdo con la coca-cola y con la pepsi!
Moraleja 3: Las más grandes civilizaciones de la Historia han caído como consecuencia de su descomposición moral interna, y no por otra causa. Jesús permanece, la Iglesia permanece, pero no pensemos que nuestro sistema va a funcionar así indefinidamente. El gran pecado de las grandes civilizaciones de la Historia fue el mismo que el pecado original: creerse como dioses.
Luis: Dime, Federico.
F: Le daba vueltas a la cabeza sobre el tema de los derechos y obligaciones, y se me ocurrió pensar en los derechos que Dios nos otorga. Y resulta que, pensando un poco, caí en la cuenta de que Dios no nos ha otorgado nunca ningún derecho. ¿Tú habías caído también en la cuenta?
L: Me coges de sopetón con esa idea, pero si pensamos un poco ahora mismo no recuerdo ningún pasaje en toda la Biblia ni en la Tradición de la Iglesia en la que se hable de derechos otorgados por Dios ...
F: Entiendo, Luis, que estamos hablando no en un contexto jurídico meramente humano, sino en el ámbito del pacto, de la alianza de Dios con el hombre perpetuada de diversos modos a través de los siglos.
L: Sí, sí, claro. Sin embargo, Federico, sí se me vienen a la cabeza pasajes en los que Dios nos impone obligaciones. Qué curioso. Ningún derecho, pero sí obligaciones: los mandamientos del Sinaí, el mandato del amor, las bienaventuranzas entendidas como invitaciones a tener un comportamiento determinado, y muchas más frases de Jesús...
F: Me deja esto un poco perplejo. En nuestro mundo todo lo hemos convertido en derechos (y cuando hablamos de obligaciones, la fundamental es la de pagar impuestos para mantener a los burócratas de siempre), mientras que Dios nos habla con obligaciones. En esto hay algo que no me cuadra.
L: Yo estoy igual de perplejo que tú. Qué cosas. Ahora recuerdo una enseñanza de Benedicto XVI que decía que los mandamientos no son un NO sino un SÍ a nuestra felicidad, a nuestra alegría. Es decir, que según nuestro amado Papa anterior, las obligaciones de Dios no son malas, sino buenas porque nos apartan del camino incorrecto.
F: Yo creo que un fallo fundamental es ese. Hemos construido los derechos como el paraíso de la perpetua y continua felicidad, mientras hemos hecho de las obligaciones las pesadas cadenas que los gobiernos quieren echar sobre los hombros de todos los ciudadanos. En definitiva, "derechos buenos, obligaciones necesarias".
Pero parece que para Dios eso no es así. Sería más bien (qué atrevido soy intentando interpretar la mente de Dios, que Él me perdone): "derechos innecesarios por evidentes, obligaciones buenas".
L: Creo que hay algo incorrecto en lo que dices. Existe el derecho a la vida como algo sagrado y otorgado por Dios, para poner un ejemplo muy claro.
F: Cierto es, Luis. Pero hasta el mismísimo derecho a la vida no es ilimitado, tiene sus fronteras: ante una agresión ilegítima, tengo derecho a defenderme y si en esa defensa no tengo más remedio que causar un daño a mi atacante que pueda causarle la muerte, eso no es pecado (siempre que sea como último recurso, claro está).
Es decir, en un principio fundamental como es el que Dios nos ha dado una vida a cada uno, existen casos en los que ese principio puede quebrarse ante un suceso extraordinario. Además, nadie puede invocar el derecho a la vida ante el mismo Dios que te la arrebate.
L: ¿Qué me quieres decir con eso? Creo entender de lo que dices que Dios no otorga derechos, y que los derechos que los seres humanos nos damos para regular nuestra existencia, no son ilimitados. Además, que las obligaciones que Dios nos impone son para nuestro bien y nuestra felicidad, y no una pesada carga que nos aplasta.
F: Sin tenerlo muy claro, creo que por ahí van los tiros.
L: Por lo tanto, parece que nuestra sociedad nos conduce a un camino desbocado. Los derechos erigidos en norma de conducta absoluta, y las obligaciones mediante pesadas cadenas sobre los hombros de todos. Justo lo contrario de lo que Dios nos propone.
F: Pues algo así, es. Como hoy existe tácitamente el derecho absoluto a hacer lo que yo quiera, se da el caso de que un perro exija su derecho de ser un gato y reconozcamos formalmente el derecho de todo perro a ser un gato.
L: La verdad es que suena a chiste.
F: Suena a chiste pero no lo es. Esto es un plan perfectamente concertado. Fíjate:
- La naturaleza de las cosas es la que es. Dios no tiene que decir que un perro es un perro; es que un perro ES un perro, y no un gato.
- La filosofía desde sus inicios, ha dedicado toda una rama de su saber y su investigación a estudiar el SER de las cosas: la metafísica u ontología. Por lo tanto si queremos destruir la barrera que hace que un perro SEA un perro, tendremos que cargarnos la filosofía y todos sus razonamientos. Pero, ¿esto es posible? Parece una tarea ardua...
- Sólo necesitamos buscar algunas mentes preclaras de nuestro tiempo que con su argumento de autoridad, nos lleven por este camino. Por ejemplo, Stephen Hawking, elevado a la cumbre del saber, ha declarado el fin de la filosofía y el comienzo de la era de la ciencia (y mira, Luis, que yo soy de formación científica y amo la ciencia y el conocimiento científico, pero esto no es). Bueno, ya tenemos los cimientos colocados, pues de un plumazo nos hemos cargado toda la argumentación intelectual que pueda hacernos caer en la cuenta de que un perro no es un gato. Ahora viene el segundo paso.
- Ahora tenemos que hacer creer a un perro que es mejor ser un gato, y a un gato que es mejor ser un perro. De esa manera, habremos destruido la frontera que el SER, la naturaleza de las cosas, impone a estos dos animales. ¿Cómo lo hacemos?:
- Cogemos a los perros, que son los que ladran y hacen más ruido, y les hacemos creer que sería mejor que fueran gatos: la vida del gato es mucho más reposada, te dan platitos de crema de leche y te acarician tu suave pelaje, vives relajadamente junto a la chimenea de la casa. Tu vida de perro es bastante triste: te ponen un hueso para comer, vives en la caseta que hay en el jardín aunque haga frío o calor y si ladras (porque tu genética hace que ladres) te tiran una piedra para que te calles. ¿No sería más bonito ser un gato?
- La semilla está sembrada, pero esto aún no es suficiente. Es necesario que los perros hablen mal de los perros, es decir, que un perro le diga a otro: "los perros no somos nada"; "menuda vida perra que llevamos"; "los gatos sí que viven bien, nosotros somos los tontos"; "donde se ponga un gato, no se pone un perro"; "amigo perro, en este mundo quienes mandan de verdad son los gatos, que te miran a través de la ventana del hogar, mientras tú estás en tu húmeda y fría caseta haciendo el tonto".
- Y falta un último punto fundamental: que los gatos quieran ser perros. El perro se encarga de la vigilancia de la casa, y cuando echa a un ladrón, recibe palmadas de aprobación de sus dueños, por lo que el gato termina por estar celoso del perro. Así que el gato, también querrá defender la casa, pero no por eso querrá dejar su plato de crema y su puesto al lado de la chimenea, por lo que estar en dos sitios a la vez se vuelve algo como que imposible.
- Ahora sí: el reconocimiento del derecho del perro a ser gato tiene el camino allanado. Los perros desearán ser gatos (y los gatos también perros, porque da igual el sentido que tome este camino, porque la mentira vende). Y hemos tergiversado la naturaleza de las cosas para crear un derecho de la nada a conveniencia de unos pocos perros y gatos.
L: ¿Y a nadie se le ha ocurrido pensar que un perro y un gato son distintos porque han sido creados distintos, con distintos formas de comportarse, de alimentarse, de relacionarse; que ninguno es mejor que el otro y que cada uno tiene derecho a vivir según el plan trazado para él; y que cada uno debe cumplir con ese plan como con una obligación y no pretender ser el otro?
F: Claro, porque la vida se presupone íntegramente para todos. No hay que hacer daño a nadie (neminem laedere, decían los romanos) pero eso no tiene nada que ver con que todos los animales tengan que hacer lo mismo.
L: Federico, mientras hablabas me estaba acordando del Árbol del Conocimiento del Bien y del Mal del paraiso, y cómo el comer de su fruta, hizo que Dios expulsara a Adán y Eva. ¿No será esto una versión nueva de aquéllo?. Además, igual que entonces, los pobres Adán y Eva sucumbieron ante la tentación de una serpiente, igual que muchísimos perros y gatos sucumben ante la tentación de unos pocos perros y gatos que quieren imponer su visión.
F: El pecado original se llama original, porque está en la raiz de todos los males, Luis. Y este es el mundo de progreso y felicidad que nos quieren vender, en el que nada es lo que parece, ni el bien, ni el mal, ni los perros ni los gatos.
L: Y eso que esto es sólo una historia de animales. Por cierto, ¿qué día es hoy?
F: Ocho de marzo.
L: No tiene nada que ver con esto, pero es que me acabo de acordar que esta mañana han detenido a un amigo mío por haber sido acusado falsamente por su esposa de malos tratos. Esas son las leyes que tenemos, en las que un hombre, de momento, va a la cárcel y luego preguntamos. Pero esto no tiene nada que ver con lo de los perros y los gatos.
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Moraleja 1: Amicus Plato, sed magis amica veritas.
Moraleja 2: El mainstream europeo dice que la Coca-Cola es mucho mejor que la Pepsi, pero a los americanos les gusta por igual una que otra. ¿Somos tan osados de pensar que la visión que Dios tenga de nosotros tiene que ser igual a la nuestra? ¡Pero si nosotros mismos no nos ponemos de acuerdo con la coca-cola y con la pepsi!
Moraleja 3: Las más grandes civilizaciones de la Historia han caído como consecuencia de su descomposición moral interna, y no por otra causa. Jesús permanece, la Iglesia permanece, pero no pensemos que nuestro sistema va a funcionar así indefinidamente. El gran pecado de las grandes civilizaciones de la Historia fue el mismo que el pecado original: creerse como dioses.
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