(Del Sermón sobre Mateo 13, 54-58)
La respuesta del Señor Jesucristo: Convenía que yo me ocupara de las cosas de mi Padre (Lc 2,49), no indica que la paternidad de Dios excluya la de José. ¿Cómo lo probamos? Por el testimonio de la Escritura, que dice así: Y les respondió: ¿No sabíais que conviene que yo me ocupe de las cosas de mi Padre? Ellos, sin embargo, no comprendieron de qué les estaba hablando. Y, bajando con ellos, vino a Nazaret y les estaba sometido (v. 51)… ¿A quiénes estaba sometido? ¿No era a los padres? Uno y otro eran los padres… ellos eran padres en el tiempo; Dios lo era desde la eternidad. Ellos eran padres del Hijo del hombre, el Padre lo era de su Palabra y Sabiduría (1 Co 1,24), era Padre de su Poder, por quien hizo todas las cosas. […]
Ya he hablado bastante sobre por qué no debe preocupar el que las generaciones se cuenten por la línea de José y no por la de María: igual que ella fue madre sin concupiscencia carnal, así también él fue padre sin unión carnal. Por tanto, desciendan o asciendan por él las generaciones. No lo separemos porque careció de concupiscencia carnal. Su mayor pureza reafirme su paternidad, no sea que la misma santa María nos lo reproche. Ella no quiso anteponer su nombre al del marido, sino que dijo: Tu padre y yo, angustiados, te estábamos buscando (Lc 2,48). […]
¿Acaso se le dice: “Porque no lo engendraste por medio de tu carne”? Pero él replicará: “¿Acaso ella le dio a luz por obra de la suya?”. Lo que obró el Espíritu santo, lo obró para los dos. Siendo —dice— un hombre justo, dice el evangelista Mateo (1,19) justo era el varón, justa la mujer. El Espíritu Santo, que reposaba en la justicia de ambos, dio el hijo a ambos.
San Agustín (354-430), obispo de Hipona (África del Norte), doctor de la Iglesia
Sermón 51, §19-20 y 30
jueves, 26 de febrero de 2015
miércoles, 15 de octubre de 2014
El fin de la oración
¿Cuál es el fin de la oración?
Pensamos que orar es dirigirnos a Dios, hablar con Él, pedirle por nuestras intenciones, ponerle al corriente de nuestras necesidades.
Solemos pensar que orar consiste en enlazar una retahila de palabras, y que como no somos capaces de hacer esto o nos aburre, no merece la pena orar.
Pensamos que orar es para las personas de fe elevada, para los monjes o religiosos, para las personas consagradas. Yo no necesito orar.
Sin embargo orar se parece más a escuchar, no con nuestros oídos sino con el espíritu, en nuestro interior.
Dios no necesita que le pidamos nada pues Él conoce nuestras necesidades, aun las que nosotros mismos desconocemos o no sabemos pedir.
Sin embargo, Él nos dice que tenemos que orar, porque por la oración nos ponemos en disposición de oir.
Jesús es el amigo del alma, aquel con el que no te cuesta trabajo abrir tu corazón porque te conoce perfectamente y tú lo conoces a él. Aquel del que sabes que no te va a malinterpretar, que no va a sacar dobleces ni malas intenciones de lo que le digas. Aquel que acogerá tus dolores con ternura y compasión, y no con indiferencia o lejanía.
Pero orar con Él no es una conferencia que le demos con nuestros pesares. Orar es hacer el silencio en nuestro corazón para escucharle, mediante la lectura de la Palabra de Dios, mediante las sugerencias íntimas que recibes en el fondo de tu alma, mediante la recta y sana interpretación de los signos que te rodean.
Pensamos que orar es dirigirnos a Dios, hablar con Él, pedirle por nuestras intenciones, ponerle al corriente de nuestras necesidades.
Solemos pensar que orar consiste en enlazar una retahila de palabras, y que como no somos capaces de hacer esto o nos aburre, no merece la pena orar.
Pensamos que orar es para las personas de fe elevada, para los monjes o religiosos, para las personas consagradas. Yo no necesito orar.
Sin embargo orar se parece más a escuchar, no con nuestros oídos sino con el espíritu, en nuestro interior.
Dios no necesita que le pidamos nada pues Él conoce nuestras necesidades, aun las que nosotros mismos desconocemos o no sabemos pedir.
Sin embargo, Él nos dice que tenemos que orar, porque por la oración nos ponemos en disposición de oir.
Jesús es el amigo del alma, aquel con el que no te cuesta trabajo abrir tu corazón porque te conoce perfectamente y tú lo conoces a él. Aquel del que sabes que no te va a malinterpretar, que no va a sacar dobleces ni malas intenciones de lo que le digas. Aquel que acogerá tus dolores con ternura y compasión, y no con indiferencia o lejanía.
Pero orar con Él no es una conferencia que le demos con nuestros pesares. Orar es hacer el silencio en nuestro corazón para escucharle, mediante la lectura de la Palabra de Dios, mediante las sugerencias íntimas que recibes en el fondo de tu alma, mediante la recta y sana interpretación de los signos que te rodean.
No ores hasta que Dios te escuche,
ora hasta que lo escuches a Él
martes, 16 de septiembre de 2014
Música inspiradora: Yo lo resucitaré
Yo le resucitaré
Yo soy el pan de vida,
el que viene a mí no tendrá hambre,
el que viene a mí no tendrá sed.
Nadie viene a mí
si mi Padre no lo llama.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré
en el día final.
El pan que yo les daré
es mi cuerpo, vida del mundo.
El que coma de mi carne
tendrá vida eterna, tendrá vida eterna.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré
en el día final.
Yo soy esa bebida
que se prueba y no se siente sed.
El que siempre beba de mi sangre
vivirá en mí y tendrá la vida eterna.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré
en el día final.
Sí, mi señor, yo creo
que has venido al mundo a redimirnos
que tú eres el hijo de Dios
y que estás aquí
alentando nuestras vidas.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré.
Yo lo resucitaré
en el día final.
viernes, 15 de agosto de 2014
El whatsapp, una nueva adicción
Una adicción es la inclinación a una actividad o situación en la que una persona recibe una satisfacción y siente que no puede prescindir de ella.
La naturaleza humana, por haber sido creada libre, tiene un potencial de desarrollo inmenso: somos capaces de lo mejor y de lo peor, casi simultáneamente.
Nuestra labor es encontrar el punto en el que cualquier cosa esté a nuestro servicio y no al revés.
A mí pueden gustarme muchos los dulces, pero si no paro de darme atracones de dulces tengo un problema.
A mí me puede apetecer hacer ejercicio, pero quien se pasa termina por exagerar las conductas.
Todo lo que es inherente al ser humano es hipotéticamente posible objeto de abuso o 'carencia absoluta' (otra forma de abuso cuando esta carencia es perjudicial para nosotros).
Esto es así y contra ello tenemos que luchar. Y hay muchas asociaciones y personas bienintencionadas y rectas que quieren ayudar a otras personas a salir de situaciones perniciosas para ellas.
Sin embargo, no he tenido la ocasión de leer nada sobre adicciones basadas en comportamientos sociales inútiles como el whatsapp. Y que conste que el problema que yo denuncio hoy aquí concierne directamente a los más vulnerables que son los jóvenes, ... y muy jóvenes. Los adultos tenemos más recursos para racionalizar y racionar nuestros comportamientos, pero ellos no.
El fenómeno del whatsapp se ha convertido en una norma social casi ineludible: si no tienes whatsapp eres como un bicho raro, no estás a la última, estás desconectado del mundo (en mi familia, debemos ser todos unos bichos raros).
Hoy la comercialización de este producto ha ido dirigida no sólo a los adultos, sino a los muy jóvenes, como introducción a un ámbito tecnológico del que sean dependientes el día de mañana.
Los jóvenes necesitan tiempo para estudiar, para descansar, para entretenerse y divertirse, para reflexionar y disfrutar de muchas cosas. Este producto (amplísimamente extendido entre la juventud, ahí está el problema) viene a provocar justamente lo contrario: con la excusa de la vida social, los jóvenes se vuelven más aislados que nunca, no tienen tiempo para otra cosa que no sea estar pendiente del móvil, se pierden horas y horas de tiempo inútilmente.
Vemos muchos ejemplos (muchos) a diario de jóvenes en los que su relación con el móvil es directamente proporcional a su fracaso escolar. Y del éxito escolar, todos sabemos que puede depender su felicidad y su futuro profesional el día de mañana.
El whatsapp es el prototipo de 'necesidad creada para cubrir ningún hueco' puesto que no es ninguna condición humana llevada hasta sus extremos, sino un mero producto comercial que envilece el tiempo tan precioso de nuestros jóvenes.
Sin embargo, y aunque sus efectos perjudiciales continúan en aumento, no escuchamos ninguna voz que se levante en contra del uso indiscriminado de estos servicios por parte de los más vulnerables.
Sirva este pequeño artículo como aviso de un efecto pernicioso que me preocupa cada vez más.
La naturaleza humana, por haber sido creada libre, tiene un potencial de desarrollo inmenso: somos capaces de lo mejor y de lo peor, casi simultáneamente.
Nuestra labor es encontrar el punto en el que cualquier cosa esté a nuestro servicio y no al revés.
A mí pueden gustarme muchos los dulces, pero si no paro de darme atracones de dulces tengo un problema.
A mí me puede apetecer hacer ejercicio, pero quien se pasa termina por exagerar las conductas.
Todo lo que es inherente al ser humano es hipotéticamente posible objeto de abuso o 'carencia absoluta' (otra forma de abuso cuando esta carencia es perjudicial para nosotros).
Esto es así y contra ello tenemos que luchar. Y hay muchas asociaciones y personas bienintencionadas y rectas que quieren ayudar a otras personas a salir de situaciones perniciosas para ellas.
Sin embargo, no he tenido la ocasión de leer nada sobre adicciones basadas en comportamientos sociales inútiles como el whatsapp. Y que conste que el problema que yo denuncio hoy aquí concierne directamente a los más vulnerables que son los jóvenes, ... y muy jóvenes. Los adultos tenemos más recursos para racionalizar y racionar nuestros comportamientos, pero ellos no.
El fenómeno del whatsapp se ha convertido en una norma social casi ineludible: si no tienes whatsapp eres como un bicho raro, no estás a la última, estás desconectado del mundo (en mi familia, debemos ser todos unos bichos raros).
Hoy la comercialización de este producto ha ido dirigida no sólo a los adultos, sino a los muy jóvenes, como introducción a un ámbito tecnológico del que sean dependientes el día de mañana.
Los jóvenes necesitan tiempo para estudiar, para descansar, para entretenerse y divertirse, para reflexionar y disfrutar de muchas cosas. Este producto (amplísimamente extendido entre la juventud, ahí está el problema) viene a provocar justamente lo contrario: con la excusa de la vida social, los jóvenes se vuelven más aislados que nunca, no tienen tiempo para otra cosa que no sea estar pendiente del móvil, se pierden horas y horas de tiempo inútilmente.
Vemos muchos ejemplos (muchos) a diario de jóvenes en los que su relación con el móvil es directamente proporcional a su fracaso escolar. Y del éxito escolar, todos sabemos que puede depender su felicidad y su futuro profesional el día de mañana.
El whatsapp es el prototipo de 'necesidad creada para cubrir ningún hueco' puesto que no es ninguna condición humana llevada hasta sus extremos, sino un mero producto comercial que envilece el tiempo tan precioso de nuestros jóvenes.
Sin embargo, y aunque sus efectos perjudiciales continúan en aumento, no escuchamos ninguna voz que se levante en contra del uso indiscriminado de estos servicios por parte de los más vulnerables.
Sirva este pequeño artículo como aviso de un efecto pernicioso que me preocupa cada vez más.
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